Un cuento sobre el cierre del mar

En las afueras de la ciudad, al doblar la calle

que te lleva al campamento,

si ves a niños saliendo de esa escuela que parece una prisión,

si ves a siete de ellos de pie allí mirando en el umbral del silencio,

si ves a un niño delgado cuyos ojos brillan con todas las promesas del mundo.

Habrás encontrado a mi amigo Tayseer.

Su familia tiene una patria que fue robada en plena luz del día,

y puedes ver el despertar de sus pájaros en sus ojos ansiosos.

Las casas de cemento,

el recuerdo de las láminas de zinc,

las temibles voces

de los transmisores del ejército ocupante

durante las largas semanas de toque de queda,

nada de eso apagó la chispa que resplandecía en sus ojos.

Él vio el mar una vez, y nada le convencerá

de que no lo volverá a ver.

“Cuando se levante el toque de queda, te llevaremos al mar”,

solían consolarlo.

Y cuando una tarde finalmente levantaron el toque de queda le dijeron:

“El mar ya está cerrado, ve a dormir”.

Aquella noche en vez de dormir, se imaginó a un anciano

que cerraba el mar con un enorme lámina de zinc que se extendía

desde la estrella del horizonte hasta la orilla:

el anciano la aseguró con un gran candado,

luego regresó a su casa (el candado era más grande

que el de la tienda de su padre en la calle Omar al-Mukhtar).

En las afueras de la ciudad, al doblar aquella calle

que te lleva al campamento,

si ves a unos ojos brillantes con todas las promesas del mundo,

pregúntales, te ruego, si el mar de Gaza está “abierto”

o si aún sigue cerrado.

Autor: Najwan Darwish

Fuente: Exhausto en la cruz. Editorial Vaso Roto

Con los dientes

Con los dientes.
Defenderé cada palmo de tierra de mi patria.
Con los dientes.
Y no aceptaré otro en su lugar.
Aunque me dejen
colgando de las venas de mis venas.
Aquí sigo.
Esclavo de mi afecto… A la cerca de mi casa.
Al rocío… Y a la frágil azucena.
Aquí sigo.
No podrán derribarme
todas mis cruces.
Aquí sigo. Teniéndoos… Teniéndoos… Teniéndoos…
En mi regazo.
Con los dientes.
Defenderé cada palmo de tierra de mi patria.
Con los dientes.

No nos iremos

“Aquí sobre vuestros pechos persistimos, como una muralla,

hambrientos,

desnudos,

provocadores,

declamando poemas.

Somos los guardianes de la sombra,

de los naranjos y de los olivos,

sembramos las ideas como la levadura en la masa…

cuando tengamos sed

exprimiremos piedras, y comeremos tierra

cuando tengamos hambre,

pero no nos iremos,

aquí tenemos un pasado,

un presente

aquí está nuestro futuro.

Autor: Tawfiq Zayyad

Fuente: http://faustomarcelo.blogspot.com/2019/04/poemas-de-tawfiq-zayyad.html

Carnet de identidad

Escribe que soy árabe,

y el número de mi carnet es el cincuenta mil;

que tengo ya ocho hijos,

y llegará el noveno al final del verano.

¿Te enfadarás por ello?

Escribe que soy árabe,

y con mis camaradas de infortunio trabajo en la cantera.

Para mis ocho hijos arranco, de las rocas,

el mendrugo de pan, el vestido y los libros.

No mendigo limosnas a tu puerta,

ni me rebajo ante tus escalones.

¿Te enfadarás por ello?

Escribe que soy árabe.

Soy nombre sin apodo.

Espero, con paciencia,

en un país en el que todo lo que hay existe airadamente.

Mis raíces, se hundieron antes del nacimiento de los tiempos,

antes de la apertura de las eras, del ciprés y el olivo,

antes de la primicia de la hierba.

Mi padre…

de la familia del arado, no de nobles señores.

Mi abuelo era un labriego, sin títulos ni nombres.

Mi casa es una choza campesina de cañas y maderos.

¿Te complace?… Soy nombre sin apodo.

Escribe que soy árabe,

que tengo el pelo negro y los ojos castaños;

que, para más detalles, me cubro la cabeza con un velo;

que son mis palmas duras como la roca y pinchan al tocarlas.

Y me gusta el aceite y el tomillo.

Que vivo en una aldea perdida, abandonada,

sin nombres en las calles.

Y cuyos hombres todos están en las canteras o en el campo…

¿Te enfadarás por ello?

Escribe que soy árabe;

que robaste las viñas de mi abuelo y una tierra que araba,

yo, con todos mis hijos.

Que sólo nos dejaste estas rocas…

¿No va a quitármelas tu gobierno también, como se dice?

Escribe, pues…

Escribe en el comienzo de la primera página que no aborrezco

a nadie,

ni a nadie robo nada.

Mas, que si tengo hambre, devoraré la carne de quien a mí me robe.

¡Cuidado, pues!…

¡Cuidado con mi hambre y con mi ira!

Mahmoud Darwish

Fuente: Colección Antológica de Poesía Social

 

Nunca nos detendremos

No tengo un país al cual volver y

ningún país que pudiese desterrarme:

un árbol cuyas raíces

son agua rápida:

muere si se detiene,

muere si no lo hiciera.

Paso mis días

sobre las mejillas y los brazos de los muertos.

La tierra que pierdo cada día

es ganada cada día nuevamente.

La gente suele tener una sola patria

pero la mía es múltiple en la pérdida.

Solo en la ausencia se renueva.

Aguas son sus raíces, igual que las mías:

se marchita si se detiene,

si se detiene muere.

Corremos la patria y yo paralelos a un río de rayos de sol,

un río de polvo de oro

que nace de viejas heridas.

No nos detendremos.

Seguimos adelante.

No pensaremos nunca en el descanso.

Un día nos encontraremos.

No tengo un país al cual volver y

ningún país que pudiese desterrarme:

moriré si me detengo

moriré si voy adelante.

Najwan Darwish

Fuente: Durmiendo en Gaza. Colección Valparaíso de Poesía

 

Durmiendo en Gaza

Fado, dormiré como hace la gente

cuando caen las bombas

cuando el cielo se abre como carne viva,

soñaré, pues, como hace la gente

cuando caen las bombas:

soñaré con traiciones.

Despertaré a medio día y le preguntaré al radio

las preguntas que la gente pregunta

¿Ya terminó el bombardeo?

¿Cuántos fueron asesinados?

Pero mi tragedia, Fado,

es que haya dos tipos de personas:

aquellos que lanzan sufrimiento y pecado

a la calle para poder dormir

y aquellos que coleccionan el sufrimiento, los pecados de la gente,

los tornan cruces, los presumen

por las calles de Babilonia y de Gaza y de Beirut

mientras plañen

¿van a venir más?

¿van a venir más?

Hace dos años, al sur de Beirut,

camine por las calles

de Dahieh,

arrastrando una cruz

tan grande como los edificios destrozados.

Pero ¿quién levantaría una cruz

de la espalda de un hombre cansado hoy en Jerusalén?

La tierra es tres clavos

y por piedad un martillo

Detente, Señor.

Detén los aviones.

¿Van a venir más?

¿Van a venir más?

Najwan Darwish

Fuente: Durmiendo en Gaza. Colección Valparaíso de Poesía

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