
Por Israel
Otro mito que tiene a la llamada izquierda en la lona, tragando caca a más o no poder, es el que le atribuye una almita impoluta a los muertos de hambre. Mito que se complementa al alimentado por nuestro presidente sobre los liberales inmaculados, cuando más un poco manchados por indecisiones en la construcción del México moderno que nos heredaron (según). Y es que, pese a la fuerza negativa que parezcan tener entre sí ambas quimeras, en el fondo responden a una única razón y forma de mirar el truculento mundo.
Pareciera ocioso decirlo, pero resulta indispensable reiterar que la toma de consciencia de los muertos de hambre sobre sus circunstancias históricas y materiales o bien le viene desde fuera (diría un trasnochado bolchevique antes de noviembre de 1917) o bien la construyen ellos mismos. En cada caso no es que exista una línea divisoria infranqueable, o que excluya una vía de la otra. La realidad de cada caso está supeditado al propio desarrollo de la organización de los muertos de hambre de que se trate.
Si bien existen circunstancias que facilitan una u otra vía, o que la impulsan dándole mayor peso, en los hechos es la misma capacidad de aprehender de cada momento propio y ajeno por el que han pasado los muertos de hambre, lo que conlleva a una mayor, mejor o perdurable toma de consciencia y organización. Como no existe un manual a seguir, se pueden encontrar casos en los que, queriendo dar gato por liebre, se cuelen aventureros, piratas, vividores, oportunistas y un sinnúmero de lacras que buscan el protagonismo de perdurar.
Los reflectores que sobre la lucha revolucionaria ha cundido como medio para cooptar a quienes tienen precio dentro de la organización de los muertos de hambre, tiene distintos focos según el brillo de la compra de que se trate. Así, con puestos de representación o cargos en los gobiernos, se puede mediatizar como lo hizo el PRI en su momento respecto de integrantes de organizaciones políticas militares habidas en México en la segunda mitad del siglo 20. Hasta libros les publicaron para exponer sus experiencias (sic).
Y mientras los muertos de hambre no adoptan para sí la serie de conocimientos que confirman tal vez una intuición sobre la verdad de su realidad (recuérdese: no por saber cómo funciona o cómo manejar el dinero, se sabe qué es), quedarán a expensas de otros o de la inutilidad de sí mismos, por carecer de enraizamiento de sus convicciones. Entonces, cualquier moda o canto de sirena que les llegue los puede embaucar con más o menos facilidad.
Por eso pese a ser reiterativo en esta clase de aspectos que dan forma y vida a una organización de muertos de hambre, al mismo tiempo debe tomarse en cuenta que los descubrimientos que ellos mismos llevan a cabo sobre la capacidad de su acción y el alcance que determinada actuación tiene a distintos niveles de la realidad o influye sobre diversas realidades, tiene como telón de fondo la relación entre lo que a la persona atañe y lo que a la colectividad o planteamiento le corresponde.
Es desde luego importante recalcar que mientras más desviación exista (dirían los tecnócratas) entre el planteamiento que tiene para sí la persona y el planteamiento que reivindica el colectivo, la posibilidad que se corrompa la lucha y organización de los muertos de hambre aumenta. En esto no se está descubriendo algo nuevo.
Para cualquiera que tenga un poco de curiosidad por conocer acerca de la organización de los muertos de hambre en el devenir de sus luchas (digamos por caso: los bolcheviques, las guerrilla de Latinoamérica, y tantas organizaciones y forma de lucha habidas), podrá darse cuenta que la repetición de casos y motivos indican que, hasta el día de hoy, han dependido de qué tanta inventiva, imaginación, sagacidad y otras cualidades han sido desarrolladas para recrear lo que se aplicó según las circunstancias. Amén de los límites llamados materiales.
Por eso debe cuidarse querer erigir en el centro de cualquier lucha al individualismo confundiéndolo, por ejemplo, con la dignidad, integridad, coherencia y otra clase de valores que dan, en su conjunto, lo que suele llamarse autoridad moral, base de la credibilidad de la palabra. Recuérdese que (como dirían de común) se lucha con la palabra, se educa con el ejemplo. Y en el caso de las luchas de los muertos de hambre el proceso de reeducación que implica la formación de la consciencia es central para todo el actuar.
Así que cuando uno se encuentra que grandes descubrimientos de revolucionarios dicen que, ahora, se debe considerar la no propiedad en oposición a los demás tipos de propiedad, para decir que es la propiedad en común de las tierras de todos que es como decir nadie (tierra común, tierra de nadie, exponen), la verdad a uno le viene a la memoria ese dicho: en tierra de ciegos, el tuerto es rey. Si se rasca un poco esa historia o el legado recogido, ordenado, escrito de las luchas de los muertos de hambre, esto no es algo recién o nuevo.
Esta forma de sorprender es similar a cuando, por ejemplo (guardando las debidas proporciones), otras cabezotas enquistadas en las universidades, dicen que su aportación es la concepción de la democracia como forma de vida (sic). Y en este caso, los alumnos tan lelos que los suelen tener por achatados y mansos, no se les ocurre revisar la Constitución de 1917, en la que ya se estable esa socorrida democracia como forma de vida, que aventureros vividores en las universidades ahora reivindican como su aportación de conocimiento (sic).
En el mundo de las simulaciones al que nos ha hundido el imperialismo en los tiempos de hoy donde la lavada de cerebro es tan profunda empleando medios tan efectivos como tenebrosos, que junto al reniego y chaquetazo de muchos otrora grandes luchadores sociales han llevado a cabo, cualquiera puede desenterrar algo del fondo de un baúl para mostrarlo como su descubrimiento (según).
Si la llamada especialización del conocimiento ha contribuido a la abundancia actual de la ignorancia como norma, no es casual que un super revolucionario que se precie especializado en lo que hace, eche mano de esa misma ignorancia que todos cargamos para sorprender a más de un incauto. Que exista manipulación o engaño de los muertos de hambre embarrados en estos descubrimientos, ellos pueden decir lo propio. Para cualquier que sea curioso para hurgar en luchas de los muertos de hambre, verá cuánta novedad hay en esos conceptos.
Y los intelectuales que a pie juntillas también siguen esta zaga de la lucha revolucionaria planetaria (porque, ojo, el territorio que se llama México les queda chiquito a las ínfulas de los super revolucionarios), aplauden novísima y deslumbrante aportación indicando que la misma obliga a redefinir el bien común y su sentido comunitario (según). Ya con eso el sentido de la pertenencia que quizá represente para un muerto de hambre, dejar de pensar desde el fondo de su estómago o de sus posesiones materiales, queda zanjado entre un momento y otro.
Es cierto que el descubrimiento para los muertos de hambre de sus circunstancias históricas y sociales les puede otorgar consciencia sobre las mismas, lo que en una hipótesis cristiana (porque el pueblo bueno de nuestro presidente también está aquí representado) puede implicar llenar de luz el firmamento de su entendedera. Pero no hay garantía de tal cosa. La decisión de los muertos de emboletarse en ésta o cualquier otra forma de lucha, que se apegue a los cánones del capitalismo o busque destruirlos, es algo que no sucede como acto reflejo.
Acabada una etapa de lucha e iniciada otra, es una división convencional que no entra a discusión más que por los propios implicados. Si los muertos de hambre no ven ninguna alarma en estas manifestaciones de los super revolucionarios, que sus aplaudidores pueden ver entrecerrando los ojos cegados de la fulgurante sagacidad expuesta, es algo que cosecharán los implicados en sus resultados como quiera que sea. Timar y dejarse timar, sabiendo o no que es timado, es una responsabilidad para el que se coloque en uno u otro papel.
En la cultura impuesta por el imperialismo el hechizo emplea trucos para encantar a quien quiera estarlo, a quien no tiene defensas para sortear trampas, a quien busca el artificio de una seducción que le tranquilice el alma (pese a tenerla poblada de enojo, enfado, coraje, cólera, furia, exasperación, irritación, bronca, culillo -sin albur-, o sea rabia). Sin que nos demos cuenta (o dándonos y que la deshonestidad nos gane) con la conectividad mundial para transmitir información, el idiotismo en la gente se ha catapultado. Esto es muy sabido.
No se trata de un dilema de tecnología, aunque ésta ha facilitado su labor al imperialismo para lavarnos la tatema, la técnica brillante de poner antes, después y por encima de todo al individuo, ha vulnerado nuestros coranzocitos, hasta los más corajudos terminan por replicar las costumbres de encantador de pulgas que muchos apologistas involuntarios realizan del capitalismo. Ahí está el caso cristianucho de nuestro presidente. Y tantos otros.
Pero en tratándose de la lucha de los muertos de hambre, el acontecimiento que dio a luz el 1 de enero de hace 30 años traumatizó a más de uno. Tres décadas después buscar sorprender con la novedad de lo novedoso al estilo de un abracadabra reluciente, repintado para quedarse así: ¡Oooooh! ¡Aaaaah! ¡Eeeeeh!, brincándonos el marcapaso de la ansiedad porque de tanta muina contenida nos apremia a desear el siguiente paso de tan notable prospecto, cuando menos es desfachatez. O tal vez no, e inventamos un mitote del mito. A saber.
Dar gato por liebre es una cosa. Que tal vez los muertos de hambre no vean más allá de lo que sus circunstancias les gritan, también puede ser un acontecimiento que no por oculto sea inexistente. Quien se dé cuenta del palabrerío chimengüenchón apantalla pendejos con que se pretende deslumbrar, o se guarda su voz o la emite. En cada caso hay responsabilidad.
Y quizá suene exagerado por lo menos (si no una patraña) decirlo, pero buscar asaltar la razón de tal manera frente al exterminio que el Estado sionista lleva a cabo del pueblo palestino, cuando tal exterminio sin tapujos representa la muestra más clara del fin último que el imperialismo tiene para los muertos de hambre, cuando se trata de resguardar los intereses que representa, debería hacernos pensar qué se espera con embaucar a los muertos de hambre, con un día me levanto en armas y al otro, fíjate que siempre no, pero sigo rabioso.
Lo que no debe ser, no debe ser. Así como lo que es, es. Sentencias ad hoc que el que sea aplica o manda al bote de la basura. Pues en la actualidad (y antes) para más de uno, la ética como el limonero, pueden ser árboles sin raíz, resecos, marchitándose. Por más revolución verde que empleemos para revivirlo. No de balde sentenciaban los priístas que la moral era el árbol que daba moras. Así de caraduras siguen siendo. Y están repoblando al movimiento que nuestro presidente cristianucho ha dirigido. Y la nueva dirigencia más priísta seguro será.






Deja una respuesta