Foto tomada de: Telesur
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Por Israel

El capitalismo no puede acabar con la pobreza pues le es consustancial a su proceso de reproducción. Y consustancial es que, aunque no se lo propusiera, al reproducirse como modo de producción genera diferencias en los ingresos o al distribuir el valor de las mercancías expresado en dinero, porque no recibe el mismo tipo de ingreso el dueño de medios de producción que alguien con sólo su capacidad para trabajar como fuente de manutención. Consustancial al capitalismo es reproducir la pobreza pues.

Toda la propaganda sobre la pobreza que embarra los informes de organismos mundiales y nacionales, incluso la que prevalece en los llamados análisis independientes, está fincada en la falsa idea de que es posible acabar con la pobreza dentro del capitalismo. Éste podrá acabar con los pobres, exterminándolos como lo hace hoy en día empleando múltiples medios, unos más violentos que otros, pero todos empleando la violencia sin remedio porque exterminar a un humano es violento de por sí, mas no puede acabar con la pobreza.

Hasta especialistas en medirle los pelos más o menos pobres a población desechada por el capitalismo, desgañitan su voz para exponer: lo dije yo primero, yo fui el primero en medirle los pelos a los pobres, y así. Toda la indolencia hacia la situación que se vive con relación a la pobreza ha carcomido nuestra intelectualidad, que no para mientes por reproducir este engaño de apelación a un falso propósito y una inutilidad de acción. Porque cualquier cantidad de recursos destinados al llamado combate a la pobreza es aventarlos a un barril sin fondo.

Y cuando oímos decir a sabios intelectuales o a autoridades de algún organismo (nuestro presidente casi llora de alegría por esto) que la pobreza disminuyó, no es porque los muertos de hambre hayan dejado de ser lo que son, sino porque como la medición empleada ad hoc cambió su nivel, se calcula un umbral distinto y una cantidad de personas que dejaron de ser pobres (sic). Aunque usted no lo crea, este espectáculo da para que existan incluso pobretólogos, personas que dedican neuronas a polemizar la medición ad hoc.

Hacerse pendejos es signo de la decadencia habida entre nuestros intelectuales, pero en tratándose de la pobreza los niveles de estupidización alcanzan connotación estratosférica, porque ya no es que un muerto de hambre sea lo que es porque la sociedad que genera las circunstancias para que su realidad sea así, constituya la sustancia de tales condiciones. Ahora está juego la medición ad hoc que nos indica si el muerto de hambre es más o menos pobre. O si de plano (¡Dios es grande e infinita su misericordia!) el pobre dejó de serlo.

De milagros grandes está llena la historia de la humanidad, y de milagros chiquitos también (aunque haya quien diga que los milagros no existen, lo que es cierto, resulta milagroso que varias de las ocurrencias de nuestro presidente no lo hayan llevado al neoliberalismo ramplón y vulgar al estilo Milei), aunque cuando se habla de los muertos de hambre nunca falta un pelo en la sopa, porque es tanta la mediocridad habida por todos lados con que nos ha conducido el capitalismo, que un convencionalismo puede hacer la diferencia.

El neoliberalismo de nuestro presidente no es agresivo, pero sí efectivo. Las mismas medidas para impedir el derroche habido en el gobierno si bien son parte de los esquemas de austeridad neoliberal, tienen sustento de aplicación actual en socavar varios aspectos que en su momento servían para justificar los mecanismos de corrupción desatados en todo el quehacer del gobierno.

Y así como amarrarse el cinturón (adelgazar al Estado dirían desde de la Madrid y Salinas para adelante) pudo ser pretexto para entregar empresas públicas a parientes, conocidos y amigos, la misma idea sirvió para acortar el derroche habido (austeridad republicana la llama nuestro presidente) y tener un poco más de recursos de la Hacienda Pública para repartir a través de programas sociales. Y no es que entre una y otra aplicación exista comparación, porque no la hay y menos con el resultado tan dispar, pero se trata de la misma matriz ideológica liberal.

Por razones como éstas el liberalismo es reivindicado por la burguesía y sus representantes. El llamado liberalismo con que alardea nuestro presidente no es cierto que esté opuesto al conservadurismo, son hijos de la misma matriz ideológica, aunque se plantean desde ésta soluciones distintas a problemas comunes. Y no sólo por lo que hace a la construcción del Estado y el gobierno independiente, de la nación posterior al término del régimen Colonial, sino porque en el presente ambas corrientes (si acaso existen) sólo las separan matices.

Pero los detalles cuentan. Porque no es lo mismo el entreguismo de los gobiernos llamados neoliberales que la reivindicación del México independiente por parte del gobierno de nuestro presidente. Aunque en el fondo tanto unos como otro gobierno terminan por alinear las medidas de política que adoptan en distintos temas, según lo establecido por los intereses del imperialismo, no lo hacen de igual manera. El llamado Plan Puebla-Panamá que reivindicó Fox hoy revive en su médula con el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec.

El siempre conocido abaratamiento de costos no sólo para producir las mercancías sino para que éstas circulen, es lo que en ambos casos está en el centro de cada política. Y aunque cambia el gobierno en turno (y en palabras de nuestro presidente, élno es igual que los conservadores) el marco en el que actúan no deja mayor margen de maniobra para buscar hacer algo de verdad distinto. El asunto de fondo es que se trata de actuar dentro de los marcos dados por el capitalismo.

Por lo mismo, buscar abatir la pobreza dentro del modo de producción capitalista deviene cuento de niños, cuando no patraña o cinismo descarado. Que la medición ad hoc establezca una mayor o menor precisión para saber el umbral que a una familia de muertos de hambre dejan de ser lo que son (según), es como una novela de terror en que la realidad es el invento que la mente hace al respecto. El resplandor protagonizada por Jack Nicholson es una obra para parvulitos comparada con tales aberraciones del pensamiento humano.

Hacerse pendejos es lo que establece un antes y un después entre nuestros teóricos de pacotilla. El quid para esto es hallar un punto o aspecto que se puede masticar como tema de investigación (según) para vivir a costillas del presupuesto universitario, con becas y estímulos adecuados, estirando por años todos los aspectos a desarrollar en ese tema (dizque) innovador. Si la pobreza por ingreso no es suficiente, se puede incluir la alimentación, la vivienda y muchos aspectos más. El tiempo puede servir de alcahuete al respecto.

Aparte de esta decadencia teórica (digámoslo así), la orfandad de ideas, la falta de ímpetu en el espíritu de nuestros intelectuales, la indolencia ante la realidad de la pobreza debería llamar la atención de los mismos muertos de hambre, a no esperar nada de este sentimentalismo o conmiseración de la pequeña burguesía hecha gobierno con nuestro presidente a la cabeza o hecha intelectualidad con los pobretólogos al frente, para buscar caminos propios en lograr su liberación. Pero antes que nada deben comer. Y esto los friega sin duda.

Pensar con el estómago vacío es difícil, y si hasta el humor cambia cuando una sopa aunque sea de pasta o un caldo de pollo invade desde el estómago al cuerpo en época de frío, la falta de consciencia de los muertos de hambre está unida a estas circunstancias de la vida material, en la satisfacción de sus necesidades diarias, apremiantes. La situación creada por la burguesía en décadas de aprehender de reveses y lo que ha debido pasar para legitimar a su gobierno (el de nuestro presidente, quiero decir), lo tiene tan presente hoy sobre todo.

Porque si no es a través de un triunvirato Prianprd, podría ser mediante un binomio Morena y la santa alianza que se le enfrente, el camino para rehacer las formas políticas en que legitime su dominio. Morena está puesto pues la pequeña burguesía que controla su planteamiento no quiere embravecer a los muertos de hambre que todavía militan allí. Los candidatos que están participando para conseguir un hueso en 2024 arrastran un pasado que busca ser desmanchado con piedra pómez, Pinol o de plano Cloralex, fabricado desde Palacio Nacional.

Es una realidad que todavía trata de hacernos creer nuestro presidente es necesaria cuando la llamada oposición a su gobierno está derrotada desde antes de las elecciones de 2024. Esta manera de hacer política, propia de la burguesía y sus cuadros, es sin duda la que prevalece en Morena, sin que exista un atisbo para cambiar tal situación desde sus entrañas.

Si los muertos de hambre sólo esperan un plato de lentejas aunque sea con bienestar, estarán aceptando que el sí de la pobreza material es la frontera real para su falta de lucha por terminar con esa condición. Y que la única vía para acabar de fondo con su circunstancia histórica y material de desposesión (que los conlleva, desde luego, a ser pobres) es darle mate al capitalismo como modo de producción, no está, por desgracia, dentro del orden de sus prioridades, como no sean las que nacen del estómago y análogos.

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