Por Israel

El tiempo es lo que es. Su percepción y la dimensión de lo que representa es algo distinto de lo que ese es. A pesar de que nos parezca a veces que el tiempo transcurre a ritmos distintos, como instantes que se alargan o lapsos prolongados que suceden en apenas un abrir y cerrar de ojos, la realidad nos indica que el tiempo continua (como luego dicen) su marcha indetenible. Viendo hacia atrás (por ejemplo) sobre acontecimientos ocurridos puede parecernos que el tiempo es tan fugaz como las vidas relatadas en las historias.

Así como se magnifican o minimizan los eventos humanos ha corrido en igual sentido la creación de las imágenes en que estos son considerados, aprehendidos, metidos para que cobren la dimensión buscada en el propósito a alcanzar. Esto si bien puede decirse es obra de un ejercicio subjetivo del ser humano, también ocurre en circunstancias específicas, con sentidos que no alcanzamos muchas a veces a vislumbrar hasta dónde llegan. El dilema, y no pocas veces la confusión creada, es un asunto que se debe resolver en forma continua.

Esto viene a cuento porque no se sabe bien a bien en qué momento lo hecho por el fascismo se convirtió en una reivindicación tan común que retorció su significado y el sentido que tiene. Ahora los fascistas son los luchadores por la libertad y hasta la democracia en las llamadas civilizaciones occidentales, que buscan legalizar una práctica de facto. Ya el hecho mismo de que la democracia capitalista y los gobiernos que de ésta emanan sostienen consensos y prácticas de civilización para sí, a finde confundir a los incautos, es aberrante.

El capitalismo está fincado en situaciones de facto que le dan sentido a los regímenes emanados de esta situación. Por más democrática que se diga una manida civilización occidental su textura capitalista de robo del trabajo ajeno para sostenerse, es una violencia hacia cualquier humano que sólo tiene su capacidad para trabajar como medio de obtener los satisfactores de sus necesidades. Quienes son dueños de capital tienen garantizada la legítima propiedad de su robo mediante el reconocimiento de la propiedad privada capitalista.

Que alguien se apropie del trabajo realizado por otros acumulado en el capital y en lo cotidiano incremente el valor de éste a través del hurto del trabajo de quienes trabajan, es de una violencia sin parangón. La existencia de la propiedad privada si bien no es exclusiva del capitalismo, no había separado de manera tajante al trabajador respecto de los productos de su trabajo como sucede al aparecer en la historia este modo de producción. Y aunque su llamada evolución histórica es heterogénea, el sustrato es igual en todos lados.

La forma más pura (por decirlo así) del capitalismo si bien está concentrada en las potencias imperialistas, y por lo mismo se presta a confusión de nuestros intelectuales de pacotilla que hablan de capitalismo central y periférico, o desarrollado y subdesarrollado, y así, impone las dinámicas de funcionamiento cada vez más en todo el orbe. No se trata del paso del llamado capitalismo nacional al internacional o la llamada mundialización de este modo de producción, designaciones formales que confunden lo que es, con lo que parece ser.

Buscar el capitalismo en la vida cotidiana a como viene en los libros es una actitud de alcornoques. La aprehensión del mundo para hallar los sentidos que tiene y su comprensión para actuar al respecto, no es igual a la vida mundana que el que sea tiene en su vivir estupidizado en el capitalismo de hoy, en el que existimos nomás.Q uién sepa para qué se vive que hable, pues a lo mejor nos damos cuenta que esto también carece de sentido. El capitalismo no aparece cargando su cartulina para identificarse al salir a la escena del mundo.

Así, el fascismo (o el nazismo en Alemania, el franquismo en España, o el fascismo en Italia) no es una anomalía o la reacción contra el liberalismo o el comunismo, como algunas grandes cabezotas del mundo académico sostienen. Es cierto que el pretexto de la llamada solución final deviene en imagen de la barbarie unida al capitalismo como parte de sus entrañas o su ser, expuesto en exterminio de gente, pero tal imagen ha sido inventada para ser asociada por el sionismo sólo hacia los llamados judíos.

El capitalismo como modo de producción es expansionista en la realidad social de su economía, dado que sin una extensión incesante ni una intensidad creciente, entra en crisis al no poderse reproducir el capital que alberga. La urgencia vivida en sus inicios como euforia por el progreso, la civilización, la modernidad y otras imágenes creadas a partir del impulso dado a la atención de necesidades subjetivas y objetivas, y las nuevas que este impulso fue creando, son la expresión de la barbarie nacida de vivir a costa del robo del trabajo ajeno.

Preservar esta relación social de explotación angular de toda la pirámide construida desde su nacimiento hasta el día de hoy, hace cada vez más impostergable para el capitalismo desempolvar todas aquellas prácticas que en la historia le han servido. Sólo que ahora lo hace edulcorando su sentido, maquillando su pasado, desvirtuando el contexto y el propósito para el que surgieron. Para fomentar, legitimar, emplear al fascismo (por ejemplo) cambia las imágenes con que era asociado, a fin de dotarlo de un sentido distinto al ser que tiene.

El colonialismo al que está unido el capitalismo para poderse expandir e intensificar la explotación de la fuerza de trabajo cobra otras dimensiones de tutelaje, dominio y control en los territorios que se conquistan en la actualidad, no sólo por la expansión (diríamos) natural o propia del funcionamiento del capital, el cual debe garantizar la repetición del ciclo D-M-D´, donde el capital inicial se incrementa por la acumulación de la plusvalía extraída al trabajador, sino porque el desarrollo de los sectores de su economía ha tenido dimensiones no conocidas.

Por un lado la no existencia del límite tenido durante buena parte del siglo 20 amplió el radio y profundidad de las relaciones capitalistas, lo que conllevó a generar las nuevas imágenes y mecanismos para acompañar a su colonialismo ya no sólo sobre ciertos países o regiones del orbe, sino sobre toda la humanidad en su conjunto hacia fines de siglo. Para esto la modificación o destrucción de las referencias colectivas y comunes generó un espacio ocupado con la saturación de individualismo en muchas formas y por todos lados.

Y ahora sí, el fascismo que sirvió en esencia como punta de lanza para buscar destruir a la lucha de los comunistas principalmente en Europa, se revive en el contexto de que surja, se fomente y emplee contra quién se oponga y donde sea que se rebele o al menos se resista a la expansión de las relaciones capitalistas. El colonialismo imperialista por lo mismo, lleva por delante al fascismo como medio a usar en donde y contra quien haga falta. Esto que debiera ser obvio en el genocidio que lleva a cabo el Estado sionista en Palestina, no lo es.

Nuestros grandes intelectuales y líderes de las luchas sociales a favor de la humanidad no se percatan que no es en lo material la amenaza al imperialismo y su colonialismo lo que se juega en el genocidio de palestinos por el Estado sionista. Como en el caso de Cuba el mal ejemplo dado en un contexto donde y cuando la resistencia al capitalismo es casi nula, vuelve crucial la situación de los palestinos (y cubanos) porque eso estorba al camino del mismo capitalismo. Entre eso, y la guerra nuclear sólo existe el paso de dar una orden.

Pero acabar con la humanidad (y con toda forma de vida como la conocemos hoy sobre la Tierra) acabará con el propio capitalismo. De aquí nace la imagen que orienta la ciencia y la investigación de nuevas tecnologías a fin de replicar la vida en un planeta distinto a la Tierra. O la histeria de crear bunker que garanticen vivir después del estallido nuclear o alguna otra calamidad que resulte del cambio climático o una posible revuelta de desquiciados (tal vez por eso los zombis como guion de cine representen una comicidad muy difundida).

Mientras las imágenes creadas por el capitalismo de hoy para dar la idea de un caos inevitable una vez que el comunismo histórico ha sido derrotado (según), revelan la necesaria puesta en escena del uso democrático y liberal, legítimo y consensuado del fascismo a fin de apaciguar al que no se alinee con la nueva realidad. Eso puede explicar por qué hasta nuestro presidente, sin darse cuenta ha seguido ese guion trazado por el colonialismo imperialista, metiendo de muy buena fe (según) a los militares hasta la cocina de nuestra propia casa.

El capitalismo de hoy es el colonialismo imperialista que usa al fascismo como bateador emergente o designado según le convenga. Puede dosificar su aplicación, o acelerarlo según la situación. Lo que está claro es que lo que nos enseñan las publicaciones de los sesudos intelectuales de pacotilla está muy lejos de poner el acento en que el capitalismo imperante tiene a la barbarie del fascismo reciclado, orientado hacia cualquier cuestión de la humanidad, buscando evitar un problema (según) que degenere en el llamado colapso de la civilización.

El sentido dado por eso a vivir puede ser crucial hoy porque quizá mañana no exista otra oportunidad de deliberar si sólo existimos, porque decirse intelectual (chicho) no da inteligencia ni mucho menos dignidad alguna. El ser humano tiene la capacidad de darle sentido a su estar para no sólo existir, haciendo a un lado al ser miserable que le han imbuido. Vivir siendo cada vez más el ser que suponemos somos como humanos, es la única opción que queda antes que la barbarie del fascismo edulcorado por el imperialismo acabe con la humanidad.

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