
Carta abierta a los medios de comunicación
PRESENTE
El día jueves 19 de octubre de 2023 fui citada a las 12:00 horas y a las 15:00 horas, por la directora del Instituto de Artes Visuales del Estado de Puebla (IAVEP) C. Laura
Rosalinda Ramírez Moreno, en las instalaciones de dicha institución, con el propósito de atender a dos quejas presentadas por mí el 11 de marzo y ratificadas el 29 de marzo de 2022 en el Centro Integral de Servicios.
Dichas quejas fueron contra:
- El profesor Jeffrey Cabañas Ruíz por haberme discriminado frente a mis
compañeros de clase, porque en ese momento era alumna del primer semestre de grupo A de la Licenciatura en Artes Plásticas (en 2019), él en su calidad de
profesor de Topología constantemente se referiría a mi como una “cuadrada”,
“amargada”, “la loca de los gatos”, a razón de que yo le decía que dejara de acosar a las compañeras a las que constantemente hacia propuestas poco éticas, estos constantes comentarios lastimaron mi integridad como ser humano, me sentí agredida, ofendida, expuesta y violentada constantemente. - El maestro Andrés Ortega y Briones por haberme amenazado y diciendome “no
me golpeaba porque que sólo era una insignificante mujer” y yo no era nadie, su actitud misógina e indolente causo que durante el cuarto y quinto semestre me sintiera con miedo, con temor a que una vez regresando a clases presenciales después de la pandemia por covid-19 me pasase algo. Las referidas fueron tomadas primero por la Coordinación de Igualdad de Género el 11
de marzo de 2022 y después fui a la Subsecretaria de Educación Superior que se encuentra en el CIS el 29 de marzo de 2022. Sin embargo, he sentido que nadie me escucha, ni me apoya, que no importo yo para las autoridades de mi escuela, mucho menos para la SEP, que solo responden cuando encuentran un cuerpo sin vida y se deja solos a los estudiantes.
Es por lo que les narro lo que me ha sucedido y sigue sucediendo, lo me han hecho, de cómo me han violentado, de cómo me han ignorado, de cómo no respetan mis garantías individuales, todo a sabiendas y a cargo de la C. Laura Rosalinda Ramírez Moreno de la que también puse una queja y nadie ha dicho nada.
Ahora me encuentro amenazada de ser expulsada del IAVEP, temo por mi vida y mi integridad física y mental, porque aun siendo una de las mejores alumnas de la licenciatura, con un promedio de 9.7 hasta el octavo semestre y cursando el noveno.
El día 19 de octubre fui una vez más atacada, discriminada, violentada, abusada intimidada, aterrada, coaccionada y obligada a firmar un documento que no me permitieron revisar, lo mismo por autoridades de la SEP, por la directora, por mis agresores y por la señora Guadalupe Clementina Ricaño Rosas.
Llegue a la cita a la hora indicada en el citatorio, aun con la esperanza de que después de 4 años ininterrumpidos de ataque por fin comenzaría a haber justicia, lo que me recibió fue lo siguiente:
Cuando llegue las 12 horas, pregunte por la directora de mi escuela, me acompañaba
mi abogado, por la desconfianza de anteriores momentos, me dijeron que en un momento salía por que se encontraba ocupada, a mí no me gusta permanecer en la dirección porque me da miedo, y esperé en el patio frente a la dirección.
Después salió la C. Laura Rosalinda Ramírez Moreno y me dijo que en un momento comenzábamos porque ya estaban los abogados del jurídico de la SEP, al ir entrando me dijeron que pasara y preguntaron que quien era la persona que me acompañaba, les dije que era mi abogado, a lo que ellos me dijeron que no podía entrar nadie porque era un trámite administrativo y aunque mi abogado insistió en que sólo me acompañaría, los que se identificaron como abogados de la SEP dijeron que no podía hablar, ni decir nada o lo sacarían, desde este primer momento, supe que la reunión no iba hacer contra mis violentadores, sino contra mí.
Me indicaron que entrara a la dirección a una parte reducida con 4 escritorios alrededor y 2 archiveros, en el centro se encontraba una mesa y sentado frente a ella Jeffrey Cabañas Ruíz y su abogado del sindicato (SETEP), me dijeron los nombres, pero ya frente al cadalso ahora no los puedo recordar.
En ese momento me dijeron me sentara al lado de la C. Guadalupe Ricaño que una vez me gritoneó en el salón de clases, porque es mi profesora de problemas
socioeconómicos de México y quería cobrárselas por que el 11 de septiembre de 2023 había firmado el rol de asistencias de profesores y agregando que el tema a impartir sería: Diagnostico, sin embargo, a clase nunca llego y yo como jefa de grupo envíe la evidencia a la supervisora de la zona 019, la C. Claudia González Gutiérrez el día 14 de septiembre 2023, por ello más que seguridad tuve terror y el impulso que tuve fue salir corriendo, pero no había salida, estaba ahí encerrada, con mi violentador, con la profesora que me gritó, con los de la SEP cercanos a la puerta e intenté acercarme a mi abogado, una mano amiga.
Quede de frente al abogado de Jeffrey Cabañas, sentía ganas de llorar. Comenzaron diciendo que atendiendo a mi queja estaban todas esas personas: 2 abogados del jurídico de la SEP, Jeffrey Cabañas, su abogado, la C. Laura Rosalinda Ramírez Moreno y Guadalupe Clementina Ricaño Rosas.
En contra de todos los protocolos de la SEP que se encuentran en sus páginas de
internet (Protocolo de Prevención, Detección, Atención y Sanción por Hechos de Hostigamiento Sexual, Abuso Sexual, Discriminación, Acoso, Maltrato y Violencia en Contra de Niñas, Adolecentes y Mujeres de Instituciones Educativas Oficiales y Particulares Incorporadas a la Secretaría de Educación del Estado de Puebla) me enfrentaron a mi agresor, no me hicieron sentir segura, escuchada, respaldada, ni protegida, entendí entonces porque muchas mujeres y niñas son asesinadas, violentadas, ofendidas y abusadas antes de denunciar. Seguramente como a mí nadie
les cree, nadie las escucha y nadie las toma en cuenta. Después la C. Laura Rosalinda Ramírez Moreno, dijo que levantarían un acta administrativa, no menciono para quien, para que, ni porque, que tenía que ratificar lo que había dicho frente a mi agresor. Y ante tal intimidación me hicieron leer lo que yo había dicho sobre Jeffrey Cabañas para que él pudiera defenderse de mí, la agredida, la incansablemente burlada de él.
No encontraron las hojas que tenía que leer, la directora buscó y encontró lo que había enviado el jurídico de la SEP, me hizo leer y la C. Guadalupe Clementina Ricaño Rosas dijo, tomando el papel de juez, que si ratificaba lo que había dicho y yo dije que sí. El redactor de esta audiencia vejatoria se tardó un rato para escribir y entonces le dieron la palabra a Jeffrey Cabañas para desmentir lo que yo acababa de ratificar.
Jeffrey Cabañas con un discurso leído, me dijo de frente que era una mentirosa, citando artículos de la constitución (el tercero constitucional, la ley de Trabajo y algunos otros, que no puedo recordar). Todo me daba vueltas, estaba paralizada, no podía tomar mi celular porque las miradas estaban sobre mí, estaba incomunicada y el único que me acompañaba solo en ese momento garantizaba mi vida, eso sentía.
En ese momento llegó otra compañera que había sido citada y le hicieron exactamente
lo mismo. Lo vi, lo escuché, como si estuviera presa en ese lugar.
El abogado de Jeffrey Cabañas, arguyendo un conjunto de términos legales dijo que
como ya había pasado más de un año y no se habían presentado todas las que lo
acusaban de acoso sexual, de acoso y de violencia de género contra una persona de
la comunidad LGTBQI+, que se desecharan las acusaciones y que el profesor se
reintegrara a clases.
La C. Guadalupe Clementina Ricaño Rosas, dijo que para que terminara este proceso
que me pareció kafkiano, inverosímil, vejatorio, había que esperar a que se redactara y se recabara la información de los particulares.
Yo no había podido ir al baño y tuve que salir rápidamente, pensé en no regresar, en correr, entre al baño y ahí encontré a Guadalupe Clementina Ricaño Rosas, ella iba saliendo, me quedó mirando y se burló de mí, sin mentirles les diré que casi me orino del terror que sentí, me contuve, entre al sanitario y ahí me quede unos minutos, al salir me mojé la cara, esto no podía ser real, pensé en que debía regresar porque había otra compañera a la que le estaban haciendo lo mismo que a mí.
Volví a entrar a la dirección a mi lugar de violentada, me senté, ya estaban impresos
los papeles y pedí una copia de aquellos documentos que me obligaron a firmar, porque si no firmaba por mi culpa se desechaba todo mi señalamiento a Jeffrey Cabañas, intenté leer el documento, estaba muy nerviosa, les volví a pedir una copia me dijeron que no, que la pidiera a la SEP, que ese es el protocolo de la SEP.
Eran más de las 3 de la tarde cuando pude salir de la dirección, no había comido, ni
tomado agua, no había visto a nadie más que ellos, y aún faltaba mi segunda cita. Tenía el estómago revuelto, estaba cansada, frustrada, preocupada, asustada, me dolía la cabeza, sentía que me iba a desmayar, me temblaban las piernas, mi abogado que sólo había podido ser espectador se tuvo que retirar, estaba sola, completamente a la merced de aquellos que dijeron atendería mi queja, y me pusieron frente a mi violentado.
Me fui lo más rápido que pude con unas compañeras a un salón a llorar.
Vi que la cita era a las 15 horas y regresé a esperar que una vez más me llamaran, con
los ojos rojos, hinchados, sin comer, temblando, esperé sentada en una banca. Unas compañeras me dijeron una torta y un jugo, sentía nauseas, pero comí para intentar calmarme, las compañeras se quedaron unos momentos y una vez más sola le mandé mensaje de mi esposa, no podía escribir por el temblor de mis manos, pero alcance a decirle que estaba esperando a que me volvieran a llamar, no pude ir a clases aunque llevara mis cosas, no podía moverme de ahí, no pude ir a ver a mis compañeros y todos me veían desde lejos, supe después que especulaban que me iban a expulsar porque un día antes los compañeros de primer semestre fueron interpelados por la directora diciéndoles que no se metieran porque abrían consecuencias y las consecuencias ya venían. Antes de las 17:30 horas la C. Laura Rosalinda Ramírez Moreno, salió de su oficina para hacer pasar al profesor Andrés Noé Ortega y Briones, su abogado y sus testigos.
Yo entré posteriormente y el trato se repitió una vez más, la diferencia es que quien leyó mi testimonio no fui yo, sino la C. Guadalupe Clementina Ricaño Rosas y tomó la palabra Andrés Noé Ortega y Briones y me recalcó en la cara su excelencia como profesor, que había tenido alumnos en el extranjero señalándome que no era nadie y que en apego a sus derechos como trabajador y profesor siempre fue como lo dictan las normas, una vez más con amparo de los representantes de la SEP, de la Directora y de la C. Guadalupe Clementina Ricaño Rosas, me señalaron lo mentirosa que soy, lo nada que represento y tal era la situación que después hablaron 2 “testigos” del mientras las autoridades sonreían y balbuceaban chismes entre ellos.
Lo digo claro, los “testigos” no son tales, porque nunca estuvieron cuando él me
violento, cuando misóginamente se refería a mí, cuando nos ofendía en clase vía Meet,
la compañera que vio y escuchó lo que dicho por “magnánimo” profesor me dijo no pudo asistir por que nos avisaron de manera pública, dos días antes y ella trabaja, pero para mí no existen ni tiempo, ni ganas, ni oportunidades, ni atención, ni respeto, ni garantías, ni derechos, por parte ningún autoridad presente en ese “juicio” violatorio de mis derechos humanos y garantías individuales.
El abogado procedió a hacer exactamente lo mismo que el anterior, pedir con alegatos el regreso del docente frente al grupo, un docente que no escucha bien, que se encuentra en menos cabo de sus propias fuerzas vitales, misógino hasta la obscenidad y machista como los existen tantos en nuestro país, como lo viles asesinos de mujeres, que no nos consideran una igual a ellos y menos cercanas a su gran sensibilidad ególatra.
Ellos y ellas, las enjuiciadoras y los cómplices, los violentadores y sus protectores, ellos, y ellas, se pusieron a platicar de cosas más interesantes, del SETEP, de sus chismes entre profesores, y yo, menos que un mueble. Fui ignorada, una forma asesinato de la persona, una manera de eliminación del otro, un rechazo total a mi humanidad.
Una vez más me hicieron firmar un papel con todo y mi nerviosismo, mi cara blanca de estrés de la presión, de la angustia, estaba aterrada, me sentí en todos sus sentidos atacada, discriminada, violentada una vez más, acosada y amenazada, a sabiendas de
que tenía que firmar si o sì, la escuela ya estaba practicante vacía, los salones oscuros, solo se escuchaban las risas de los infames que seguían en la dirección.
En ese momento le escribí a mi esposa, que ya no quería estar ahí, que no quería
regresar a esa escuela, que tenía miedo, que temía por mi vida, por mi integridad. Había estado 8 horas de mi vida encerrada y agredida.
No he regresado desde el jueves 19 de octubre de 2023, ayer 23 de octubre me prepare, me levante temprano y arregle mi trabajo de pintura (una casa rota, una casa
maltratada) que es como me siento ahora, ya con mis cosas en la mochila intenté salir
de la casa y me dio un ataque de pánico.
¿Se han preguntado que se siente pensar si regresarás a casa?, ¿si en el salón no te
exhibirán de alguna manera? ¿si te permitirán terminar una licenciatura que tu amas?, ¿si un profesor te interpela y ahora con toda la libertad de ese “juicio” te levanta y te golpea y te va tirar en algún lugar?, ¿si la directora se saca actas de la manga y te expulsa como ya les has mandado a decir a tus compañeros?
No puedo seguir así, las mujeres no podemos vivir con miedo en las calles y mucho menos en nuestras escuelas, ahora sé que los monstruos existen porque son humanos, porque son terriblemente humanos y son capaces de las más ruines cosas, pero la manera de enfrentarlos no es con silencio a pesar del miedo que me cause.
Por eso: yo acuso a Jeffrey Cabañas Ruiz de ser un cobarde violentador de mujeres.
Yo acuso a Andrés Ortega y Briones de ser un misógino y de amenazarme.
Yo acuso de intimidarme a Guadalupe Clementina Ricaño Rosas.
Yo acuso a Laura Rosalinda Ramírez Moreno de encubrir a los acosadores y de
intimidarme durante 4 años y quererme expulsar de la escuela.
Yo acuso al SETEP de proteger a violentadores y encubrir a Laura Rosalinda Ramírez Moreno para evitar perder su condición de sindicato multinivel.
Yo acuso a la supervisora de la zona 019. C. Claudia González Gutiérrez de saber de
lo sucede en la escuela y no hacer nada.
Yo acuso a los que se presentaron como jurídicos de la SEP de violar el protocolo
expedido por la propia SEP.
Y responsabilizo de cualquier atentado contra mi integridad física, psicológica y
permanencia en el IAVEP, a Jeffrey Cabañas Ruiz, Andrés Noè Ortega y Briones, Guadalupe Clementina Ricaño Rosas, Laura Rosalinda Ramírez Moreno, Claudia González Gutiérrez, jurídicos de la SEP violadores de los protocolos y al SETEP, por poner primero sus interese económico y políticos antes que la vida y seguridad de una alumna.
Por eso hoy públicamente le pido a la Secretaria de Educación del Estado de Puebla C. María Isabel Merlo Talavera, por favor atienda mi caso directamente, me proporcione el Acta de Hechos que me hicieron firmar y no me entregaron ninguna copia porque dijeron que era el protocolo de la SEP, me brinde la protección necesaria para poder seguir asistiendo a clases y garantice mi derecho a la educación como lo marca nuestra
Carta Magna en su artículo tercero.
“Toda persona tiene derecho a la educación. El Estado -Federación, Estados, Ciudad de México y Municipios- impartirá y garantizará la educación inicial, preescolar, primaria, secundaria, media superior y superior.”
Atentamente
C. Rachell Gabriela Macías Garay
Alumna del Instituto de Artes Visuales de Puebla.






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