
Por Israel
Si bien hablar con la verdad resulta difícil porque se corre el riesgo de decir la estupidez que nomás uno es el que conoce a esta bendita señora, de la que todo mundo quiere echar mano (a la que todo mundo le mete mano, y ya de tanto manoseo parece prostituta de la 14 poniente en pipolandia o de La Merced en la chamagosa), tampoco es dable o juicioso decir que nadie conoce la verdad, pues con eso se justifica cualquier hecho y a cualquiera sin importar lo que haga.
Así sucede con los realizado por Hamas (qué es lo que llamamos realizado) y la respuesta del Estado sionista (qué es lo que llamamos respuesta). Si el derecho de un pueblo a defenderse es legítimo, de qué depende la legitimidad de quien lo agrede. Si no tuviera base social (como suelen decir) las acciones del Estado sionista (genocidio le dicen, exterminador y fascista también) para hacer alarde de fuerza, ya hubiera eclosionado desde hace tiempo porque no es la primera vez que dicho Estado hace algo como lo efectuado.
La escala en esta ocasión es diferente, pero es obvio que si a los integrantes del Estado sionista les faltara la certeza de que actúan de manera legítima no podrían hacer lo que han hecho, ni carecerían de apoyo alguno para llevarlo a cabo. Si la legitimidad para agredir a un pueblo (aunque el agresor le llame legítima defensa, expresión de su libertad) depende de los intereses y la concepción que se tiene del mundo, es obvio que no existe punto de acuerdo, negociación o entendimiento para este caso. Al menos no de fondo.
Así como los gringos no aceptan que su derecho de erigirse como garantes de la libertad en la Tierra los lleva a conquistar, invadir y tener bases militares por doquier no es un derecho en realidad, sino la expresión de su política imperialista, el Estado sionista no aceptará que es el resultado de una invasión previa del territorio conocido como Palestina por el imperialismo Británico y cedido a los sionistas para constituir su Estado, cosa que en realidad no es ningún derecho sino el resultado de la invasión y agresión hacia el pueblo palestino.
Intereses que se enfrentan no tienen punto de solución distinto a que uno se imponga al otro, o que uno destruya el otro. Se destruyen los intereses del otro, pero no a la persona como ser humano (aunque en muchas ocasiones lo uno implica lo otro, ni modo). Los intereses sin duda están plasmados en objetos, relaciones, representaciones que sirven al ser humano para definir que o expresar mediante esos lo que le conviene. Y esa conveniencia va de la mano en esencia con el lugar ocupado en la sociedad dividida en clases.
Desde luego, las buenas conciencias que inundan el firmamento del mundo de pejelandia (creado por nuestro presidente) nos corregirán la plana para decir pace & love. Que el fanatismo llevado al extremo es la causa de todos los males habidos en el Medio Oriente, habría que preguntarse antes cuántas agresiones han debido afrontar los pueblos que habitan los territorios que lo constituyen. Y los pleitos entre ellos, de acuerdo con lo que a cada uno le conviene defender dentro de sociedades divididas en clases.
El papel jugado por la religión para unir y desunir pueblos, para manipular y dar atole con el dedo, para justificar el saqueo y el robo, la conquista y la invasión de pueblos es harto conocido por esa región del mundo y por muchas otras. Pero lo que está en el fondo son derechos enfrentados al haber intereses contrapuestos. Ni modo que no exista dentro del llamado pueblo Palestino empresarios y gente que incluso han vendido su cacho de tierra a sionistas para habitar en esos territorios.
Y los llamados judíos no son lo mismo que los sionistas como los árabes no son sinónimo de musulmanes, cristianos, mahometanos, judíos, católicos y otras religiones monoteístas o politeístas, paganas y gnósticas habidas en la región. Así que el maniqueísmo ese del llamado fanatismo igual a terrorismo es propaganda vulgar y que sólo engatusa a ignorantes. También es falso el odio visceral o la ira que otros tontos esgrimen para explicar la reacción virulenta del Estado sionista por el llamado extremismo de Hamas.
Tanta manipulación hay que en el enfrentamiento entre Rusia y Ucrania estallado a inicios de 2022 el imperialismo gringo y europeo se pusieron histéricos a condenar los ataques rusos, pero aplauden la destrucción de Palestina por los sionistas. Detrás están los negocios por materias primas, rutas de comercio, control de territorios y demás. Tan sólo recuérdese la llamada guerra del Golfo de inicios de los 90 del siglo 20 o la llamada guerra de Irak desatada poco más de 10 años después, ambas encabezadas por los gringos contra los iraquís.
Muchas grandes verdades hay en la palestra de nuestros días bombardeándonos sin dejar que pensemos un poquito y, de inmediato, nos noqueen con su contundencia. Grandes verdades como vociferar contra las agresiones rusas aludidas y aplaudir la defensa de los sionistas por las agresiones de Hamas. Grandes verdades como que los militares son menos corrompibles que los civiles, siendo más confiables (según nuestro presidente). O como que el ejército ya pasó de cuerpo de represión a ser protector de civiles, luego del 2018.
Y en esta feria de verdades de todos colores y tamaños, la carnala de La Moral condena nuestros días cuando esgrimimos (emulando a nuestro presidente) el santo grial para beber de su contenido, pensando que por echar al Cristo por delante ya estamos inmaculados de por vida. Hechos son amores, y no sólo el hacer sino el cómo, el para qué y el para quién, ponen en entredicho nuestra misma carnala al pensar que La Moral es un árbol al cual arrimarnos para que nos dé sombra y ya. Sin ninguna otra consecuencia.
Si el carnal de La Moral es uno mismo, la carnala es la actitud, la práctica en que esa se refleja. No sólo hacer y ya, con el cómo, para qué o para quién ausentes. En la actitud del hacer es como se ve la práctica. El cómo, para qué y para quién muestran la disposición que tenemos a la hora de hacer lo que hacemos, o sea, en la práctica o en los hechos. Y esa disposición es un ánimo, una capacidad (o incapacidad, en su caso) expresada en la práctica respectiva.
Lo que define al ser humano en las circunstancias vividas es la actitud que asume en y ante éstas. De cara a intereses contrapuestos voltear o agachar la vista, cerrar los ojos, hacer la vista gorda, es una actitud específica. Hacer lo contrario define otra actitud y es a la vez su resultado. Porque no es la misma situación la habida entre Rusia y Ucrania, que la existente entre el Estado sionista y Palestina. Tan sólo porque Ucrania tiene el respaldo del imperialismo gringo y Europeo, igual que el Estado sionista. Palestina se tiene a sí misma nomás.
Desde luego, la solidaridad de pueblos con la causa Palestina (cuál es su causa) es innegable. Si el imperialismo gringo y Europeo respaldan al Estado sionista, no es de a gratis, mientras que la solidaridad con Palestina sí lo es. Y como ante intereses enfrentados no hay al final más que uno que prevalece, querer extrapolar el peace &l ove de pejelandia habido en México al exterminio sufrido por los palestinos, es mera frivolidad, para decir lo menos.
El pueblo palestino no es homogéneo (ni modo que no existan clases sociales a su interior si hay una sociedad basada en la propiedad privada) como los sionistas tampoco lo son, hay incluso sionistas que en vez del judaísmo tiene al catolicismo, cristianismo o al islam por religión. De la actitud que asumamos ante lo que somos, lo que se hace para hacer camino, como si dijéramos refrendar en los hechos La Moral tenida, los principios, valores y la concepción que de la llamada realidad tenemos, depende qué de más ser humanos somos.
Esperar que otros vengan a orientar al carnal y a la carnala de La Moral que tenemos (o decimos tener) nos dejará indefensos, pasmados ante hechos de resurgimiento o expresión del aniquilamiento que el imperialismo lleva a cabo contra la misma humanidad. Eso es el fascismo. Por extraño que suene, nada humano surge del resultado humano (la sociedad, el modo de producción) que llamamos capitalismo y el anhelado aniquilamiento de Palestina por el Estado sionista es su evidencia descarnada más inmediata.






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