Por Israel

El último fusilamiento ocurrido en Cuba de 3 que encabezaron el secuestro de una lancha de pasajeros para (como dicen) huir de la isla, ocurrió en 2003 (abril). Alguien que hasta entonces había sido defensor de Cuba y amigo personal de Fidel Castro (como dicen), expuso Hasta aquí he llegado. A mí me preguntaron por entonces qué pensaba de eso, aclarando que ellos (quienes preguntaban) estaban de acuerdo con ese ahora ex defensor y ex amigo personal de Fidel Castro. ¡Zas!, La Moral que no da moras comenzó a bullir dentro de mi almita.

Si invaden a mi país, me parece que dije, y el vecino está de acuerdo con el invasor, qué esperan que haga. Que deje pasar el tiempo para ver si me denuncia y me apresen o asesinen y hagan lo mismo con la gente que tengo cerca, por no apoyar a los invasores, o me adelanto y lo asesino para que evitar que eso suceda, fue la pregunta como respuesta a la pregunta que me habían formulado. Es como diría hoy un teórico inmaculado de la energía: la tinga con pe o con te, cuando aporta su sapiencia para ilustrarnos a nosotros los siempre ignorantes.

O es como cuando el ego desmedido insufla el pecho de alguno que lo siente gusanear dentro de su corpacho y la Tierra se le hace chiquita para él, o siente que puede echarse de un buche sus mares y océanos, o tragarse el globo terráqueo de un bocado acomodado en una tortilla. Así mero pero en un sentido inverso, es decir, no desmedido, fue lo que sentí ante tamaña pregunta como decirme quién era uno como para mostrar esa arrogancia de decirle a un pueblo: Hasta aquí he llegado, como lo expresara no sin desmedimiento un reluciente ex.

Y si en vez de te la tinga lleva al inicio pe, aunque el sentido de la cosa cambea por lo mismo, tal vez sea mucha pretensión erigirse en sensor o ajustador de la verborrea palabreica ocurrencia de cualquiera. La manida decencia del lenguaje y la corrección de que siempre nos han imbuido, que no es inútil aunque a veces estorba, resulta manifestación de la propia corrección que se quiere tener en el mundo vulgar de la materialidad y espiritualidad rondando por todos lados.
Cualquier proceso habido en la sociedad está plagado de tanto asegunes que los libros por decencia (supongo) o por empobrecimiento del mundo metido en palabras (me atrevo a decir) imposible de soslayar, nos dejan ideas cojas, maltrechas, a medias sobre lo que en los hechos del diario sucede para todos. Es tan pobre el espíritu que se refugia en la pura corrección, que del mismo modo nos comportamos con todo y hacia todos. Aunque nuestras palabras busquen un sentido distinto, los hechos nos traicionan, porque hechos son amores.

Como cuando nuestro presidente expresa: amor con amor se paga, y él (quizá) para corresponder a la lealtad del pueblo uniformado por servirle como empresa paraestatal, hace la vista gorda de su pasado del que preguntan todo y cómo fue (diría la canción). Y como los hechos son imborrables, la narrativa para este punto por parte de nuestro presidente no puede ocultar lo que a ojos vista salta. Nadie les ha inventado nada, y todos se quedan cortos acerca de las atrocidades que como cuerpo de represión ha desplegado en la historia no lejana.

Que el ejército tiene todavía prácticas conservadoras (diría un intelectual que luego le atina, luego se resbala) y que por eso nuestro presidente se va con cuidado, puede ser. Pero de este modo no tendría sentido (partiendo de eso) introducir por todos lados el verde de los militares. No habría manera de saber en qué momento dejan de ser un cuerpo represor del Estado a ser un cuerpo protector de los ciudadanos, por lo que llenar el país del verde militar hasta para administrar infraestructura recuperada o creada es darle más poder que antes.

Ya no sólo dirigirían la represión como lo que es y para lo que se creó el ejército como institución (nosotros no somos represores, no somos iguales, repite nuestro presidente), sino que además dirigirán parte de la economía (o de sus actividades) impulsada desde el gobierno. Y además está el hecho del inmaculado árbol de La Moral que parece crecer en su santo seno para no caer en la tentación de corromperse teniendo más poder ahora. La Moral que no es de moras ni demoras.

Como ese desconocimiento de cambiar la te por la pe en el caso de la tinga, cuando rellena un paste, o éste con relleno cremosito, salado, lechoso, carnudo, moleico, chiloso, degustable hasta dentro. Y que por cambiar una letra no sólo se cambia el sentido de lo enunciado sino que se trata de un hecho distinto. Porque el saber compromete y uno no puede decir que por más que las palabras viajen como seres etéreos, por lo mismo se dejará de luchar con las palabras y ya no se predicará con el ejemplo.

Dejar en las manos de los militares más poder puede pensarse una medida para neutralizarlos a través de otorgarles más confianza. Y de este modo, como todavía tienen prácticas conservadoras (diría el intelectual aquél), es alejarlos de la tentación de que le hagan caso a sus patrones anteriores para apoyar algún tipo de golpe de Estado. El asunto es que no se trata de medidas pasajeras o por mientras, como se puede suponer. La Moral es de mayor raigambre por ser militares que por ser civiles, según esto nos hace ver nuestro presidente.

Él lo ha dicho muchas veces, para quitar la tentación de la corrupción a los civiles administrarán infraestructura diversa los militares (para evitar que se repita el mismo esquema de antes, de querer saquear privatizando los bienes de la nación, lo ha expresado). Tan sólo por pensar en eso que dice el intelectual aquél, aunque los militares tengan prácticas conservadoras son más confiables que los actuales integrantes del gobierno de nuestro presidente, y más todavía que los gobierno que vendrán. ¡Y tan sólo por no ser civiles!

Este razonamiento es más parecido a las conjeturas acerca de que lo sucedido en Palestina (acciones de Hamas) fue bajo el conocimiento del Estado sionista (que se confió o hizo la vista gorda), o que fue una provocación de éste (por dejar hacer a Hamas) para justificar la destrucción y matanzas posteriores de palestinos. Aunque este retorcimiento no está descartado en un Estado sionista encabezado por un fascista como Netanyahu, el fondo del asunto aquí radica en el derecho de un pueblo a defenderse.

Si no existe más forma para defenderse para un pueblo, que la lucha armada, buscar condenar los hechos de guerra que no tienen otro fondo que la legitima defensa ante la agresión, la invasión, la injusticia y el oprobio, la opresión y explotación, el saqueo, el robo y la rapiña vil, es quererle encontrar tres pies al gato, querer arrancarnos una sonrisa al cambiar en la palabra tinga la te por la pe. Porque entre la tinga con te o pe si bien la diferencia es una, la sustancia cambea para cada caso.
El capitalismo en el que nos movemos todos es tan absurdo que no pocas veces se vuelve indispensable hacer la guerra para llegar a la paz. La paz de los sepulcros que ofrece el capitalismo, la paz de la ignominia y la sujeción por impotencia, la paz de aceptar vivir bajo el yugo del robo del trabajo propio por quien nos contrata. Y para llegar a una paz que no sea de este tipo se convierte en un hecho insoslayable hacer la guerra. No por gusto o por amor a la violencia (aunque algunos sí disfrutan ver correr sangre), puesto que no hay más.

Para un pueblo (y esto es mera abstracción, porque sólo existe gente con intereses diversos de acuerdo con su circunstancia y lugar ocupado en la forma social de la economía en que se encuentran) que se vea sometido por otro u otros (o por gobiernos que representan a otro pueblo), es difícil aceptar esta situación sin más, sin buscar alguna manera de oponerse, callando nomás. Y de acuerdo con las circunstancias habidas la respuesta de ese pueblo (o de parte de sus integrantes) tendrá la forma que se adapte a lo que pueden emplear en ello.

El carnal de La Moral es uno mismo (o la carnala, para estar a la moda inclusivo) visto en lo que hacemos de continuo, en las actividades que pueblan el diario respirar. Como práctica siempre está teñida de eso que llaman historia, incluso en la palestra que suele llamarse íntima o personal (suponiendo que tal exista), porque siendo resultado de la nada lo somos al igual del todo, el que nos da sentido y es fruto del origen que compartimos en común con el resto. Apoyarse en los militares no es lo mismo a cambiar la te por la pe a la voz tinga.

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