Foto: Prensa Latina
Foto: Prensa Latina

Redacción

El pasado sábado 21 de octubre, murió en un bombardeo del ente sionista (mal llamado estado de Israel) la poeta y novelista palestina Heba Abu Nada, de 32 años. Ha sido una de las más de 4 mil víctimas que han dejado los criminales ataques en contra del pueblo palestino desde hace dos semanas.

En su último poema, Heba Abu Nada consignó la desgracia del genocidio que ocurre en Gaza:

“La noche en la ciudad es oscura, excepto por el brillo de los misiles;

silenciosa, excepto por el sonido del bombardeo;

aterradora, excepto por la promesa tranquilizadora de la oración;

negra, excepto por la luz de los mártires.

Buenas noches.”

Fuente: Cubadebate

La redacción de Periódico Revueltas lamenta el asesinato de Heba Abu Naba, así como el de todas las víctimas, y en su memoria comparte algunos poemas de resistencia escritos por palestinos, como una forma de expresión del pueblo de ese país en contra de la ocupación sionista de su tierra.

Nosotros enseñamos vida, señor

Hoy,

Mi cuerpo

Fue una masacre televisiva.

Hoy,

Mi cuerpo

Fue una masacre televisiva,

Que tuvo que adaptarse

A clips de sonido

Y limitación de palabras.

Hoy,

Mi cuerpo

Fue una masacre televisiva,

Que tuvo que adaptarse

A clips de sonido

Y limitación de palabras,

Lo suficientemente

Rellenadas con estadísticas,

Contadores, medidas, respuestas,

Para las que he tenido

que perfeccionar mi inglés

y he aprendido mis resoluciones

de las Naciones Unidas

pero aun así,

él me ha preguntado:

«Srta. Ziadah,

No piensa que todo se arreglaría

Si dejasen de enseñar tanto odio a sus niños?»

Pausa.

Busqué dentro de mí la fortaleza

Para ser paciente,

Pero la paciencia

No está en la punta de mi lengua

Mientras las bombas

Caen sobre Gaza,

La paciencia simplemente

Se ha escapado de mí.

Pausa.

Sonrío.

Nosotros enseñamos vida, señor.

Raffeef

Recuerda sonreír.

Pausa.

Nosotros enseñamos vida, señor.

Nosotros, los palestinos,

Enseñamos vida

Después de que ellos

Hayan ocupado el último cielo.

Nosotros,

Enseñamos vida

Después de que ellos

Hayan construido sus asentamientos

Y sus muros del Apartheid,

Después del último cielo.

Nosotros enseñamos vida, señor.

Pero hoy,

Mi cuerpo

Fue una masacre televisiva

Fabricada para adaptarse

A clips de sonido

Y limitación de palabras.

Pero, danos tan sólo

Una historia

Una historia humana

Sabes,

Esto no es política

Nosotros tan sólo queremos

Hablarle a la gente sobre ti y tu gente

Así que, danos

Una historia humana

No menciones las palabras

Apartheid y ocupación

Esto no es política

Tienes que ayudarme,

Como periodista

A ayudarte a contar tu historia,

La cual no es una historia política.

Hoy,

Mi cuerpo

Fue una masacre televisiva

¿Qué hay si nos das la historia

De una mujer en Gaza

Que necesita medicación?

¿Qué hay acerca de ti?

¿Tienes «los huesos suficientemente rotos»

Para cubrir a su hijo,

Entregarme a tu muerto,

Y dame la lista de sus nombres

En un límite de 1200 palabras?

Hoy,

Mi cuerpo

Fue una masacre televisiva

Fabricada para adaptarse

A clips de sonido

Y limitación de palabras

Y movido por aquellos insensibles

A la sangre de terroristas.

Pero ellos lo sienten.

Lo sienten

por el asedio sobre Gaza.

Así que les di las resoluciones

De las Naciones Unidas,

Y las estadísticas,

Y lo condenamos,

Y lo lamentamos,

Y lo rechazamos.

Estos no son dos bandos iguales:

Ocupante y ocupado,

Y un centenar de muertos,

Dos centenares de muertos,

Y un millar de muertos

Y entre medio

De este crimen de guerra y masacre,

He construido palabras

Y una sonrisa no exótica,

Sonrisa no terrorista,

Y conté y reconté,

Un centenar de muertos,

Dos centenares de muertos,

Un millar de muertos,

¿Hay alguien ahí afuera?

¿Habrá alguien que escuche?

Desearía poder plañir

Sobre sus cuerpos,

Desearía simplemente

Poder correr allí,

a cada campo de refugiados

y sostener a cada niño,

taparles los oídos

para que no tuvieran que escuchar

el sonido de las bombas

por el resto de sus vidas,

como yo hago.

Hoy,

Mi cuerpo

Fue una masacre televisiva,

Y déjenme decir:

Que no hay nada

Que sus resoluciones

De las Naciones Unidas

Hayan hecho jamás

Sobre esto.

Y ningún clip de sonido,

Ningún clip de sonido

Que haga,

No importa cuán buen inglés tenga,

Ningún clip de sonido

Ningún clip de sonido

Ningún clip de sonido

Ningún clip de sonido

Les devolverá a la vida,

Ningún clip de sonido,

Arreglará esto.

Nosotros enseñamos vida, señor

Nosotros enseñamos vida, señor

Nosotros, los palestinos,

Nos levantamos cada mañana

Para enseñarle al resto del mundo

Vida, señor.

Rafeef Ziadah

Fuente: Poesía Palestina. Mujeres poetas Palestina

Sólo quiero estar en su seno

Sólo quiero morir en mi tierra,

que me entierren en ella,

fundirme y desvanecerme en su fertilidad

para resucitar siendo hierba en mi tierra,

resucitar siendo flor

que deshoje un niño crecido

en mi país.

Sólo quiero estar en el seno de mi patria

siendo tierra

hierba

o flor.

Fadwa Tuqan

Fuente: Poesía Palestina. Mujeres poetas Palestina

Carnet de identidad

Escribe que soy árabe,

y el número de mi carnet es el cincuenta mil;

que tengo ya ocho hijos,

y llegará el noveno al final del verano.

¿Te enfadarás por ello?

Escribe que soy árabe,

y con mis camaradas de infortunio trabajo en la cantera.

Para mis ocho hijos arranco, de las rocas,

el mendrugo de pan, el vestido y los libros.

No mendigo limosnas a tu puerta,

ni me rebajo ante tus escalones.

¿Te enfadarás por ello?

Escribe que soy árabe.

Soy nombre sin apodo.

Espero, con paciencia,

en un país en el que todo lo que hay existe airadamente.

Mis raíces, se hundieron antes del nacimiento de los tiempos,

antes de la apertura de las eras, del ciprés y el olivo,

antes de la primicia de la hierba.

Mi padre…

de la familia del arado, no de nobles señores.

Mi abuelo era un labriego, sin títulos ni nombres.

Mi casa es una choza campesina de cañas y maderos.

¿Te complace?… Soy nombre sin apodo.

Escribe que soy árabe,

que tengo el pelo negro y los ojos castaños;

que, para más detalles, me cubro la cabeza con un velo;

que son mis palmas duras como la roca y pinchan al tocarlas.

Y me gusta el aceite y el tomillo.

Que vivo en una aldea perdida, abandonada,

sin nombres en las calles.

Y cuyos hombres todos están en las canteras o en el campo…

¿Te enfadarás por ello?

Escribe que soy árabe;

que robaste las viñas de mi abuelo y una tierra que araba,

yo, con todos mis hijos.

Que sólo nos dejaste estas rocas…

¿No va a quitármelas tu gobierno también, como se dice?

Escribe, pues…

Escribe en el comienzo de la primera página que no aborrezco

a nadie,

ni a nadie robo nada.

Mas, que si tengo hambre, devoraré la carne de quien a mí me robe.

¡Cuidado, pues!…

¡Cuidado con mi hambre y con mi ira!

Mahmoud Darwish

Fuente: Colección Antológica de Poesía Social

Nunca nos detendremos

No tengo un país al cual volver y

ningún país que pudiese desterrarme:

un árbol cuyas raíces

son agua rápida:

muere si se detiene,

muere si no lo hiciera.

Paso mis días

sobre las mejillas y los brazos de los muertos.

La tierra que pierdo cada día

es ganada cada día nuevamente.

La gente suele tener una sola patria

pero la mía es múltiple en la pérdida.

Solo en la ausencia se renueva.

Aguas son sus raíces, igual que las mías:

se marchita si se detiene,

si se detiene muere.

Corremos la patria y yo paralelos a un río de rayos de sol,

un río de polvo de oro

que nace de viejas heridas.

No nos detendremos.

Seguimos adelante.

No pensaremos nunca en el descanso.

Un día nos encontraremos.

No tengo un país al cual volver y

ningún país que pudiese desterrarme:

moriré si me detengo

moriré si voy adelante.

Najwan Darwish

Fuente: Durmiendo en Gaza. Colección Valparaíso de Poesía

Durmiendo en Gaza

Fado, dormiré como hace la gente

cuando caen las bombas

cuando el cielo se abre como carne viva,

soñaré, pues, como hace la gente

cuando caen las bombas:

soñaré con traiciones.

Despertaré a medio día y le preguntaré al radio

las preguntas que la gente pregunta

¿Ya terminó el bombardeo?

¿Cuántos fueron asesinados?

Pero mi tragedia, Fado,

es que haya dos tipos de personas:

aquellos que lanzan sufrimiento y pecado

a la calle para poder dormir

y aquellos que coleccionan el sufrimiento, los pecados de la gente,

los tornan cruces, los presumen

por las calles de Babilonia y de Gaza y de Beirut

mientras plañen

¿van a venir más?

¿van a venir más?

Hace dos años, al sur de Beirut,

camine por las calles

de Dahieh,

arrastrando una cruz

tan grande como los edificios destrozados.

Pero ¿quién levantaría una cruz

de la espalda de un hombre cansado hoy en Jerusalén?

La tierra es tres clavos

y por piedad un martillo

Detente, Señor.

Detén los aviones.

¿Van a venir más?

¿Van a venir más?

Najwan Darwish

Fuente: Durmiendo en Gaza. Colección Valparaíso de Poesía

Muro contra nuestro aliento

Cada día, una hora más cruel

la esgrima de corazones apenas palpitando,

el pálpito de hojas en nuestros jardines secos

el calor en Gaza, en Jericó,

manteniendo sueños que jamás tuvimos tiempo de recordar

una anciana intentando revivir

cualquier fantasía posible,

otra pensando en su esposo

perdido en lo inimaginable,

hombres sobre alambres de púas que dejan

de responder cuando gritamos sus nombres,

demasiado atareados,

intentando cruzar el punto de inspección,

mientras otros beben té,

las mujeres hablan de toques de queda,

mientras una madre pregunta

qué le dirá al niño que lleva adentro

que ella desearía que no viniera.

Somos testigos del octubre en llamas,

y cada mes siguiente es igual,

las calles por las que caminamos

nos recuerdan quiénes somos y lo que ellos

jamás harán de nosotros…

Retratos humanos en esquinas

que olvidamos mirar u olvidamos alcanzar…

fotografías pegadas en muros como si

pertenecieran a ninguna parte.

Un novio y una novia forzados a casarse

en cualquier lugar menos donde era debido,

y aun así, seguimos preguntando:

¿cuál victoria apaga las velas?

¿cuál mar habla de otro mar?

Aun si levantan el muro

más allá de nuestro alcance

sólo conocemos un hogar,

aun si cada vez tomamos rutas distintas

los árboles nos guían,

el viento nos guía

el sol y la luna nos guían

y cuando llegamos hallamos los libros

que no podemos dejar de leer,

los bordados hechos por los refugiados,

la cocina donde vivimos nuestras vidas

una propuesta de matrimonio,

una muerte,

un nacimiento

y cada día mientras colamos nuestro café

nos saludamos adecuadamente

y expulsamos el muro de nuestro aliento.

Nathalie Handal

Fuente: Poesía Palestina. Mujeres poetas Palestina

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