Foto tomada de: https://aldianews.com/es/politics/politicas/reaparece-el-grupo
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Por Israel

La lucha a través de una guerrilla para buscar transformar la realidad de injusticia y opresión ligada a un modo de producción como el capitalista no es un acto heroico, ni siquiera una decisión ligada al gusto o la llamada preferencia, porque no se entrega lo único que se tiene en un movimiento cuyo resultado puede ser la muerte con mayor seguridad.

A diferencia de lo que aparenta el discurso de nuestro presidente sobre su negativa para reivindicar la lucha de las llamadas guerrillas socialistas en México, llevando la participación en tales movimientos al terreno de una preferencia entre lucha violenta y lucha pacífica, subyace el prejuicio para descalificar a quienes participaron (y participan todavía) por tal camino, negándose a entender que de acuerdo con las circunstancias habidas en pueblos y comunidades existe nomás esta vía para hacer algo por cambiarlas tales circunstancias.

No se trata de una predilección por la guerra como sucede en el caso de los negocios de la llamada industria armamentista del imperialismo, que debe desatar conflictos bélicos para garantizarle el uso a sus mercancías y realizar de esta manera el ciclo de su capital. Participar en una lucha armada contra injusticias y vejaciones ocasionadas por el capitalismo, como se dice, representa para no pocos que lo han llevado a cabo la única salida a la mano.

Y si bien en el caso de una comunidad que se arma para defensa de su gente y el territorio amenazado como sucede en varias partes del país que llamamos México, esto es la respuesta efectuada para la protección y sobrevivencia, cuando se trata de una guerrilla existe además (nos guste o no) un análisis o plan previo que da fundamento a la acción a emprender, los pasos a seguir, la previsión de las posibles consecuencias y las vías para continuar.

La opción entre lucha pacífica y lucha armada es una disyuntiva falsa porque no existe tal opción para los muertos de hambre cuando se ven impedidos de organizar un mínimo de protesta que no sea reprimida, perseguida, cuyo resultado sea la desaparición, el encarcelamiento, la tortura o el asesinato. Esto último (se repite) sucede en gran medida en diversas partes del país, a consecuencia del control que sobre regiones de distintas entidades mantienen empresarios dedicados a negocios no legalizados.

Para poblaciones inmersas en una situación como la anterior lo más seguro es que no exista una opción a elegir: se defienden o se defienden. Y si los empresarios que se dedican a negocios no legalizados deben valerse de grupos paramilitares para imponer su autoridad y controlar un territorio donde se asienta su capital, esto hace que los pobladores de tales lugares o se van a buscar la vida a otro sitio o se organizan para defenderse.

Esta situación también puede decantar en que existan poblaciones que se plieguen a los designios de estos empresarios que fungen como caciques. En ese caso sea por la conveniencia de obtener algún ingreso o mercancías para su manutención, sea porque los empleen en los negocios llevados a cabo o por miedo, enrolarse de alguna manera redunda en fungir como mano de obra desechable, porque habidas las carencias generadas por el capitalismo gente con necesidades para servir de mercenarios no es poca.

Sólo en el caso de enrolarse en una lucha como la guerrilla habida en México se hace de modo desinteresado, convencido de que no se tiene a la mano otra manera de luchar. Ofrecer lo único que se tiene, lo que se necesita (el respirar) y no lo que sobra, es la mayor muestra de generosidad que alguien puede llevar a cabo, sobre todo porque el resultado de este empeño es en realidad desconocido. Puede haber otras motivaciones, pero que el deber cumplido es lo que supone el ser parte de una lucha de este tipo, no hay duda al respecto.

A diferencia de lo anterior, quienes se avienen a participar en negocios no legalizados la muerte por esto mismo es el único resultado posible, pues los empleados para tales propósitos en la mayoría de los casos duran pocos años vivos. Son desechables. De aquí el despliegue de fatuidad y derroche de lujos, porque el lapso de disfrute puede ser un instante. Quienes por la situación de opresión e injusticia que atraviesan se enrolan en una lucha de tintes militares (guerrillera o para proteger gente y territorio), es porque carecen de una opción diferente.

Entender esto no significa un llamado a la lucha armada o cosa parecida. Se hace necesario tener presente que reivindicar la lucha guerrillera habida en el país significa no descartar ninguna forma de lucha para lograr hacer todo lo más posible por acabar con el capitalismo. Que el ser humano debe llegar a estas circunstancias, tan sólo porque los menos buscan mantener una sociedad dividida en clases sociales, en la que ellos defienden su lugar de vivir a costillas del trabajo robado a otros en forma de plusvalía o trabajo no pagado, es absurdo.

La sociedad capitalista está fincada en absurdos encadenados, en la irracionalidad de sostener una clase social parasitaria que vive de explotar a otros seres humanos. Esa defensa que hace nuestro presidente del empresario bueno, con sentido social, que hizo fortuna respetando las leyes y a través del esfuerzo (no todo el que tiene es malo, suele decir), es el patetismo de buscar legitimar una sociedad fincada en el lucro como único propósito a conseguir (sea de manera premeditada o no).

Eso también se puede decir del gobierno de nuestro presidente por desgracia. Pero que nadie se llame a engaño, pues sólo quien no hace empeño en algo que dignifique al ser humano para ser cada vez más humano, se arredra al ver trozos de dignidad dejados por el camino (como diría muchas veces nuestro presidente) en la larga marcha del ser humano por ser el ser que debe ser. Que desde luego no se logra con defender al capitalismo ni a miembros de su clase dominante, por más decentes que nos parezcan.

Entre todas estas situaciones la toma de decisiones para actuar se encuentra presente a cada momento. La lucha contra la oligarquía emprendida por nuestro presidente ha llegado hasta donde la conocemos al día de hoy. No es la lucha esencial, pero resulta indispensable por lo que puede verse, porque si ni siquiera en la forma de gobierno y la vida del diario hay democracia, más acostumbrados estaremos al canibalismo practicado por los gobiernos cavernícolas del cascajo llamado Prianprd.

Y apartar esto de nuestros días no sólo se consigue por medios objetivos, ni haciendo cosas sin el correspondiente cambio de mentalidades (como gusta decir nuestro presidente). Y aunque falta muchísimo trecho por recorrer, también debemos tener presente que se necesita no ser vergonzantes de la verdadera lucha o del propósito esencial si por tal entendemos conseguir que el ser humano sea lo que suponemos debe ser, por su carácter social.

En vez de intentar querer colar de contrabando que el capitalismo sin sus aristas filosas es más llevadero y, por tanto, hay que echar a diestra y siniestra flores a los marchantes gandallas que en México se nombran empresarios, nuestro presidente podría hacer del guerrillero anónimo su reivindicación a través de no negar las distintas opciones de lucha que pueden realizarse. Pero esto es un sueño guajiro porque de fondo la prisión de nuestro presidente es el abismo abierto luego del capitalismo, es un salto que no realizará en ningún caso.

Lo que nos queda para continuar es insistir de todas las formas posibles sobre lo mismo. Porque sólo mediante la práctica puede transformarse la mentalidad de uno, eso no implica que lo hecho deba ceñirse a los prejuicios con que nos forma el capitalismo. Así como alguien decide emprender el camino de la lucha armada, hay quien decide ser parte de un grupo paramilitar, sicario o mercenario de quien mejor le pague, o reaccionario que sólo acepta las formas de lucha con las que está de acuerdo (prejuicio ejemplificado por nuestro presidente).

Lo que también se puede decir del gobierno de nuestro presidente es que el reformismo imperante dará todo de sí más temprano que tarde, por lo que se ve de quienes estarán sustituyéndolo al frente de su movimiento. Esto es importante tomarlo en cuenta porque en ese momento si los muertos de hambre agachan la cabeza, serán de nuevo carne de cañón, medio para servir de porra según el plato de lentejas que les sirvan, borregos de emisarios de un destino castrado. Lo que no hagan por sí mismos, ni nuestro presidente lo puede realizar.

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