Marco Antonio Padilla Santiago

El teletrabajo y el Home Office han tomado un protagonismo en la organización de las empresas; el confinamiento de la pandemia logró generalizar esta práctica, fungiendo como un acelerador de la remodelación o “reingeniería” de las relaciones laborales. Sin embargo, no es algo creado a partir de la pandemia o un resultado natural, sino una reestructuración que ha permitido reducir las porosidades de la jornada de trabajo y por lo tanto apuntalar el crecimiento de la tasa de ganancia de las empresas. La propiedad personal por tanto se ve invadida por el proceso productivo, donde el trabaja desde casa ha evolucionado de una eventualidad a una norma.

En primer momento habría que definir teletrabajo y Home office que en apariencia podrían parecer lo mismo, sin embargo, tiene una diferencia medular que vale la pena resaltar en orden de analizarlas. El teletrabajo y el Home office según la Organización Internacional del Trabajo se define de la siguiente manera:

“… es una forma de organización … utilizando las TIC en el marco de un contrato o relación de trabajo, en el cual un trabajo podría ser realizado igualmente en los locales de la empresa o fuera de ella. Se trata de servicios, por medios tecnológicos, informáticos o de telecomunicaciones” (Villasmil, Bueno, & Guillermo, 2021)

En esencia el teletrabajo es el uso de las TIC para trasladar el objeto de trabajo del espacio físico (la fábrica o las oficinas) al ciber espacio, sin embargo, el trabajador puede realizar el trabajo dentro o fuera de su domicilio. Conceptualmente el Home office no da esa libertad a los trabajadores.

“El Home Office convierte la casa habitación familiar, o parte de ella, en el propio puesto de trabajo, mientras que el teletrabajo, o trabajo a distancia, es aquel en que el trabajador realiza sus funciones desde cualquier lugar que puede ser su domicilio o en otros como establecimientos, oficinas o espacios públicos; incluso dentro o fuera de un país: por ejemplo entregar un informe a la empresa en larga distancia, calificar las actas académicas de los alumnos o enviar un informe de actividades aalguna institución que así lo requiera” (Sotelo Valencia, 2021)

Como se mencionó el objeto trabajo es mediado por las TIC para su realización de forma remota, sin embargo, el humano, no puede ser trasladado y por lo tanto requiere medios de trabajo físicos y condiciones que le permitan efectuar su trabajo (Marx, 1946). Es ahí donde entra la colonización de la propiedad personal efectuada a partir del Home office por parte de las empresas. Entendiendo a la casa como base fundamental de la propiedad personal, la cual por su naturaleza esta fuera del proceso productivo (Omitiendo el trabajo de cuidados invisibilizado que se produce en ese espacio). La empresa durante la jornada destina el hogar para la reproducción de un capital ajeno a el o la propietaria de la casa, por lo tanto, se enajena.

            En el Home office lo que sucede es una apropiación precarizadora de las relaciones laborales donde el hogar se vuelve una extensión de la fábrica o de la oficina sin repercutir en los costos de los capitalistas. Esta ausencia, reduce los costos corrientes que la empresa, como luz, teléfono, internet, agua, servicios de limpieza, mantenimiento, equipos, programas, tintas, aparatos de escaneo e impresión, etc. Dichos costos no desaparecen, sino que se trasladan al consumo de la clase trabajadora que tiene que destinar parte de su salario a la manutención de medios de producción enajenados, permitiendo así el aumento de la tasa de ganancia.

“Es esta una verdadera revolución del tiempo de trabajo y del obrero colectivo que se traduce en un ensanchamiento de la producción de plusvalía y de la acumulación de capital mediante la explotación acrecentada del obrero colectivo articulador de distintas categorías, actividades y funciones que discurren en las cadenas de valor, en las actividades productivas y de servicios, así como en las relativas a la distribución y al consumo” (Sotelo Valencia, 2021)

Nos encontramos en un panorama donde el capital puede reproducirse sin invertir en medios de trabajo, donde es posible apropiarse de la propiedad de la clase trabajadora sin costo alguno. Fenómenos de colonización no son aislados o únicamente propios de la casa, fenómenos como la uberización y las plataformas han permitido a los capitalistas apropiarse de vehículos que son propiedad de los y las trabajadoras para la reproducción de un capital ajeno a ellos mismos. Esta precariedad no se aísla, sino que se añade a la circunstancia precaria del trabajo en países como México y el resto de América latina, donde los salarios bajos y la falta de prestaciones son el mecanismo para la maximización de las tasas de ganancia.

            El Home Office es un proceso colonizador de la propiedad personal donde las empresas se apropian de los hogares como medios de producción. Dicha colonización es precarizante y hace pagar los costos corrientes del trabajo a los trabajadores, cuyos salarios son sumamente bajos. Es un mecanismo de ensanchamiento de la tasa de ganancia a costillas a costa de los hogares de aquellos que trabajan para reproducir el capital ajeno; hay una enajenación de los hogares. Los trabajadores huían del trabajo como de la peste, a donde se puede huir cuando tu propio hogar esta cooptado por el capitalista.

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