Jorge Álvarez Méndez
La estrategia del nearshoring se ha implantado desde la llegada de las maquiladoras en las zonas económicas especiales y se acentuó con la instalación de fábricas de E.U. con el Tratado de Libre Comercio después de 1994. La principal razón fue aumentar las ganancias por la obtención de plusvalía dados los salarios miserables pagados a los trabajadores mexicanos, y al levantar restricciones a la circulación de mercancías entre México, E.U. y Canadá.
Al cambiar la relación de fuerzas en lo geopolítico por el declive de E.U. como potencia económica, hizo valer su condición de imperio para exigir a México que el Tratado entre los tres países de América del Norte le permita reforzar su condición frente a Eurasia (se excluye a China con la cláusula de no practicar el libre comercio con países sin “economía de mercado”).
Entre otras cuestiones ha invertido en el corredor transístmico mediante inversiones en industria manufacturera, principalmente, así como en infraestructura portuaria y logística para elevar la productividad, agilizar la circulación de mercancías: pero la clave es acelerar la incorporación de la región sur del país a relaciones de subsunción real del trabajo al capital, ampliando la escala social y geográfica de la acumulación. Negocios son negocios y en ese sentido abortó el Plan Puebla-Panamá del sexenio foxista. La legitimidad de AMLO es clave en llevar adelante esta estrategia.
Otra pieza fundamental es el anuncio del Proyecto Sonora para extraer el litio y utilizarlo para alimentar plantas solares (junto a otras de ciclo combinado) para la transición energética. Al mismo nivel se encuentra el anuncio de la enorme inversión de Tesla en Nuevo León para la producción automotriz. En fin, se levantan valladares para hacer frente a China por parte de los capitales monopólicos de E.U.
Hay que agregar a este avance sobre ruedas del reordenamiento de su patio trasero como la entidad reguladora de E.U. aprobó fusión de la ferroviaria Canadian Pacific Railway Limited (Canadian Pacific) con la Kansas City Southern (KCS) en marzo, para dar vida a un sueño postergado del Tratado McLane Ocampo: la integración en una sólo red del ferrocarril entre los tres países del TMEC.
Desde luego, no hay asombro ni escándalo o algo revelador sobre el carácter capitalista de estas inversiones: fue a final de cuentas el programa de gobierno anunciado desde la campaña presidencial de 2018. No por ello, ha de obviarse el avance a pasos agigantados de esta trasnacionalización incrementada por la rivalidad económica de E.U. con China y militar con Rusia (ambos encabezan el bloque BRICS con más países recién incorporados y por hacerlo en lo sucesivo. Además, la crisis replanteó para la superpotencia presionar mediante el acuerdo comercial y de inversiones, atrincherarse en lo que respecta a suministrar fuerza de trabajo, energía, infraestructura, tierra y materias primas. Todos, elementos para introducir además de la inversión productiva una gran gama de instrumentos de capital ficticio.
Algo distintivo es el aumento del margen de soberanía energética con las iniciativas oficiales para capitalizar PEMEX y CFE, reordenar la producción y limitar la participación en el mercado interno de las compañías extranjeras acotando la inversión en ambas ramas. Desde ese mayor espacio con los recursos estratégicos la incorporación adquiere otro cariz al del entreguismo neoliberal ignominioso. Las iniciativas de AMLO enviadas al Congreso fueron rabiosamente rechazadas por los cabilderos de las empresas trasnacionales de energía. Es significativo esa reivindicación soberana, que en los prospectos a sucederlo dentro del obradorismo no tienen ese énfasis.
Los voceros del imperialismo (aunque esta caracterización a algunos les parezca “panfletario” o “dogmático”) no se muestran con eufemismos a la hora de defender sus intereses:
“La teoría de la economía norteamericana siempre ha sido convincente. Muchas de las empresas más grandes e innovadoras del mundo tienen su sede en los Estados Unidos. México ofrece mano de obra barata y tierra justo en la puerta de su casa”.[1]
Intercámbiese la afirmación para 1848, 1994 o 2023 y representará fielmente la visión estratégica del imperio yanqui.
El nearshoring ya se anuncia con el desarrollo de nodos logísticos, complejos de oficinas, naves industriales, vivienda. En correspondencia con las líneas citadas, el oligarca Carlos Slim también lo enuncia su alineamiento con sus socios de E.U.:
“Por supuesto, uno de los proyectos más importantes como lo será el Transístmico que, junto con el Tren Maya, van a provocar que se detone la inversión en el sureste del país y, junto con ello, llegar a Centroamérica, que nos permitirá convertirnos en un referente comercial de toda la región”.[2]
Eso está en el horizonte de los principales contendientes a la candidatura presidencial por Morena con respecto a la posición económica de México para los siguientes años: continuar con ese proyectopor aire, mar tierra, profundizando el T-MEC. Lejos del multilateralismo en las inversiones con América Latina. Más lejos aún de acuerdos o mayor apertura con China y el BRICS en general.
[1] “Las Américas enfrentan una oportunidad histórica. ¿Lo comprenderá la región?”; https://www.economist.com/the-americas/2023/03/21/the-americas-face-a-historic-opportunity-will-the-region-grasp-it
[2] “‘México, en el momento correcto para el nearshoring’: Slim Domit”. https://www.elfinanciero.com.mx/empresas/2023/03/29/mexico-en-el-momento-correcto-para-el-nearshoring-slim-domit/






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