Por Israel
Que a nuestros intelectuales se les haga engrudo las ideas, es algo deplorable por todo lo que conlleva haber formado gente para que termine haciendo el llamado trabajo intelectual como si pensara con las patas (con el perdón de ellas, que ni pío pueden decir). Un halago de sí mismos está expuesto en muchas de las así llamadas investigaciones académicas, para querer con éstas (y no mediante la apropiación de lo que llamamos realidad a través del conocimiento) darle luz a la oscuridad por la que caminamos.
En el túnel de la vida la apropiación que el ser humano hace de lo que llamamos realidad es tanto material como subjetiva (¡arrozzzz!).Una para satisfacer las necesidades corporales, y otra para las necesidades de la aprehensión mediante la mente, el cerebro o el pensamiento. No pueden estar desligadas entre sí, puesto que de nada sirve tragar y no saber sentir ni comunicar lo que se piensa, aunque no son los mismo.
Para la apropiación material el ser humano tiene lo que llamamos trabajo que es una actividad específica. Para la subjetiva la actividad correspondiente no puede estar desligada del trabajo, aunque no se reduce a éste dado el carácter enteramente voluble que atraviesa lo subjetivo. De hecho la apropiación subjetiva es aprehensión. Coger la realidad, pepenarla, tomarla para sí y hacerla suya tiene distintos aspectos y figuras de expresión que van desde el conocer, la creencia, la recreación y otras más.
Como actividad lo que se llama trabajo es un proceso complejo en el cual el ser humano (se supone) emplea el cuerpo y la mente (y el corazón, si nos ponemos cursis). La distorsión o retorcimiento que esta actividad exclusiva (como todo el quehacer humano) tiene en el capitalismo, se debe en lo fundamental a la existencia de la propiedad privada.
Al separarse a quien lleva a cabo el trabajo respecto del entorno, los medios y lo que se apropia mediante esta actividad, se retuerce esta cualidad exclusiva y mediante la cual el ser humano se convierte en lo que es, en lo que lo hace ser humano. Esta vía única para que el ser humano se haga lo que es, se vale de medios o instrumentos (como extensión o en sustitución de su cuerpo) para alcanzar mediante la transformación lo que se apropia en la actividad llamada trabajo.
Éste es un acto único en el que a la par se aplica cuerpo y mente, para apropiarse de lo que llamamos naturaleza y a través de él obtener los objetos que satisface sus necesidades. Si uno no puede ser concebido como un ser hecho en cuanto tal de manera aislada, el trabajo menos puede ser una actividad que se haga sin colaboración o cooperación de otros. Sea en la actividad en cuanto tal, sea en los conocimientos previos, en las herramientas y lo que se transforma, la participación de otros es indispensable.
A esta circunstancia es a la que uno se refiere con la llamada naturaleza social del ser humano, a que nada de lo que a él le implica es algo que sea única y exclusivamente de uno solo. Incluso la llamada conciencia, o el manido yo que se supone cada uno es como lo es su persona, está construido de todo lo que a uno le hizo ser, de todo lo que le precedió y lo que en su momento le permite ser como es ese que llamamos la persona yo.
El problema como ya se dijo es que con la existencia de la propiedad (privada) la apropiación que realizar el ser humano sufre un retorcimiento que se arrastra desde que la propiedad (privada) existe como tal. Con el capitalismo, la propiedad privada radicaliza el retorcimiento y separa de modo tajante al ser humano quien lleva a cabo el trabajo, respecto de lo que de manera resumida llamamos medios de producción (objetos e instrumentos, entorno y condiciones).
Y si el que trabaja (o puede trabajar) se muere de hambre, mientras que el que no lo hace hasta dueño de todo resulta, esto parece una condena nacida de las santas escrituras. Quien obra mal, mal le va, y el trabajador tan tonto como es (y tan güevon, dirán los más cretinos) acepta esto que no es natural o propio del ser humano, suceda como si nada en el capitalismo, es responsabilidad de él (porque todos tenemos responsabilidad en esta vida) que siga este proceso en el que él se vuelve más pobre y los que no trabajan se hacen más ricachones.
Pero los niveles de pobreza o riqueza no da a muchos humanos la condición para morirse de hambre, como tampoco da a pocos humanos vivir en la opulencia. Esto depende de si se es o no dueño de fábricas, maquinaria y demás cosas que llamamos capital, o si sólo se es o no dueño de la capacidad para trabajar. Como se dice, quien sólo tiene dos manos para taparse una por delante y otra por detrás, estará supeditado a que lo contraten para emplear las manos en algo más que sólo cubrir sus miserias. Y en este acto nada está escrito.
Las luchas de los obreros que trascienden lo económico y van a lo político (si se quiere en la formalidad, de lo sindical a lo partidista) dejaron de tener alguna relevancia en la actualidad. Por traiciones y desgaste, por el deterioro de las condiciones de vida y en el trabajo, por la ausencia de consciencia de cualquier tipo de lucha, sin embargo el trabajo como actividad no se ha precarizado, aunque el trabajador ha visto en las últimas décadas precarizada su forma y nivel de vida.
El uso de tecnologías para sustituir al ser humano en la producción ha ido de la mano, no obstante, de mejoras en la seguridad para los procesos en que se lleva a cabo el trabajo. La cada vez menos participación del humano en la fabricación de mercancías si bien deja más tiempo para el ocio, esto no es parejo para todos, porque sólo quienes son dueños de capital y, por tanto, pueden asegurarse cierto nivel y forma de vida holgada, tienen tiempo para estarse rascando la tripa tirados en una playa tatemándose con los rayos ultravioleta.
O quien a cierto nivel de ingreso pueden no tener como prioridad solventar necesidades arañando la quincena, tienen la oportunidad de dedicar tiempo al arte, la música, viajar, irse de paseo y otras actividades en que el llamado tiempo libre deja para el disfrute y deleite de lo que llamamos vida. Quienes se mueren de hambre y sin tener empleo, tienen mucho tiempo para dedicarlo por fuerza al ocio, si no se han enganchado en el robo y narcomenudeo, o en el sicariato, el esquirolaje o en convertirse en mercenarios de distinto calibre.
El trabajo en sí, como actividad de transformación de la llamada realidad para su apropiación por el ser humano, no está precarizado en la actualidad. Las condiciones en que lo realiza el obrero se han minado, son más frágiles e inciertas que antes, pero por la lucha de clases en que ahora la clase obrera es irrelevante para definir los destinos en algún lugar. Y como sobra fuerza de trabajo para ser empleada por el capitalismo actual, esto da la apariencia de precarización del trabajo.
Lo que se ha vulnerado son las condiciones en que el obrero trabaja y en general las condiciones en que cualquier trabajador es empleado para realizarlas actividades llamadas trabajar.Esta inseguridad se traslada a su forma de vivir, en la que los servicios públicos y otras formas de transferir los ingresos que recauda el Estado permiten subvencionar el costo de vida al que se enfrente una familia de trabajadores (distribuir el valor generado en conjunto por el trabajador en una sociedad y un momento dado).
Si la vida en el capitalismo se ha vuelto más frágil es porque hay gente que sobra, que es desechable para la reproducción de la sociedad capitalista, a condición de que el trabajo como actividad (y la producción si consideramos en conjunto al trabajo aplicado para crear mercancías) ha tenido una mayor especialización de elementos empleados, con la aplicación de nuevas tecnologías, lo que en muchos casos ha simplificado (por paradójico que parezca) la propia actividad a desarrollar.
La especialización de la fuerza de trabajo para obtener resultados de ingeniería, robótica y otros desarrollos que pueden ser aplicados en la fabricación de mercancías, sin embargo, han generado una simplificación del trabajo, dado que quien labora no controla el proceso productivo. No establece ritmos, procesos, tiempos, ni planifica nada de lo que se va a producir.
Los capitalistas han desplazado al trabajador (por más especializado que sea o que se sienta al ser un técnico muy calificado con doctorados y conocimientos muy específicos de ciertos procesos) para que sólo sea un mero apéndice de la técnica con la que se emplea la maquinaria de cualquier tipo en la fabricación de mercancías.
Lo que no captan nuestros intelectuales es que nada tiene que ver el avance de la ciencia con su uso y la técnica aplicada por los capitalistas. A ellos los tiene sin cuidado el desempleo absoluto que se ha generado, irreversible dentro del mismo capitalismo, mientras pueda realizar la mercancía ofrecida, base de la acumulación del capital en el ciclo ininterrumpido que debe tener para seguir con su reproducción y de la sociedad edificada a partir de esto. La precarización de sus teorías es lo único aportado por nuestros intelectuales chafaldranas.






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