Por Edna Rodríguez
Era un país pobre de Julio Torri
El autor nace a fines del siglo XIX y muere en 1970, es decir, vivió más que el promedio de su época, y, por lo que se lee, la brevedad de sus cuentos es parte de su norma, forma parte de su propuesta: decir mucho con poco.
Aunque no se advierte tensión en «Era un país pobre», Torri se imagina el mundo al revés, en el que la riqueza de un lugar no se mide por el valor del producto interno bruto, sino por la calidad y la cantidad de su riqueza artística y cultural; el florecimiento aumenta en la medida en que los lectores la aprehenden, y la crisis, en la medida en que nadie la lee o comprende. ¿A alguien más se le había ocurrido?
Hay pueblos donde solo se dedican a trabajar sin descanso para comer, o comen para seguir trabajando, pero no tienen el interés por cultivarse. Son pueblos trabajadores, que sobreviven con su trabajo, que tienen el mérito de tener uno sin tener que ser expulsados de su tierra, pero no florecen como pueblos cultos, porque no han salido ni se han planteado salir de su enajenación.
Imaginemos, pues, el mundo conceptual de Torri, opuesto al actual, y nos daremos cuenta de la brecha que nos separa de un mundo más humano centrado en las personas y no en su diferencia, más centrado en las cosas.
Tachas de Efrén Hernández
Vivió 54 años durante la primera mitad del siglo XX, puso una librería cerca de una preparatoria, pero le sorprendió que sus gustos no coincidieran con los de los jóvenes, por lo que muchas veces prefería leer los libros invendibles que tenía en las estanterías que atender a sus clientes. Llevó una vida precaria, pero a través de sus revistas dio a conocer a autores como Juan Rulfo y Rosario Castellanos.
Tachas es un cuento que podría ser dedicado a todos los alumnos que alguna vez se preguntan qué hacen en la escuela, si no será esta la prueba fehaciente de que se encuentran en el lugar equivocado, o, si acaso todos, de algún modo, hemos tomado el camino errado, pues, ¿quién se atrevería a asegurar que ha decidido lo correcto?
El profesor le ha preguntado al protagonista qué son las tachas, pero el chico no se ha dado cuenta que se refiere a él, por lo que se da tiempo de divagar y encontrar en el ambiente impresiones que le son esenciales mientras que se vuelve banal lo que se le pregunta.
Cuando se percata del extraño silencio que lo señala a él, responde con una elocuencia que desecha la hipótesis del lector de que está bajo el influjo de las drogas, sin embargo, no tiene idea de qué son en la acepción que se le pide en la materia de derecho.
La descarga de risa del salón es incomprensible para el personaje, pero es que el lector se ha reído también, acaso dejando a la luz lo absurdo que puede ser dejarse estancar en lo que no es relevante para nuestras vidas. Fuerte mensaje para todos.
Dios en la tierra de José Revueltas
La vida de Revueltas data de 1914 a 1976, llama la atención que fundó la Liga Leninista Espartaco de la cual sería expulsado más tarde, así como lo fue también del Partido Comunista. Por su postura política de izquierda pasó tiempo en la cárcel de Lecumberri y de las Islas Marías, lo que, sin duda, marca sus escritos, ya que el lector se siente fuertemente impresionado por sus descripciones.
Habrá dos tipos de lectores, los que se enfrentan a su lectura y los que prefieren evitarla.
«Dios en la tierra» personifica a Dios padre en la ideología de un pueblo cristero dispuesto a matar a quien no crea en Él. Y el no creyente tendrá que reconsiderar sus convicciones o creer cuando se le haga morir de sed: o crees o mueres.
Esta situación en la que el sujeto no es libre de racionalizar el mundo de otra manera distinta a la imperante o que puede hacerlo a costa de sufrirlo en el cuerpo es algo que está presente en el mundo actual, con alta o baja intensidad, al interior de las familias y de los cuerpos de poder extra familiares. No somos libres en un mundo donde sentimos miedo de pensar y de actuar conforme a nuestra razón.
Luvina de Juan Rulfo
Del 17 al 86, se desarrolla en el siglo XX la vida de Juan Rulfo, considerado con certeza como el mejor paisajista del México rural con su prosa poética.
Hoy más que nunca vigente por los procesos de urbanización que achican el espacio rural y lo reducen a la miseria y la desolación, ¿quién ha de querer visitar «Luvina», si se es de otro lugar, cuando hay testigos de su pobreza que marcan la tristeza de sus pobladores y de los que llegan a ella? Como lo expresa Emmanuel Carballo, «Luvina» es el puente para dirigirse a Comala.
Nosotros, de este pueblo de Luvina, no podemos dejar solos a nuestros muertos. Una frase seca que lo dice todo, que retrata a un pueblo que guarda relación cósmica con lo inexistente. Los muertos reviven en los que siguen vivos de maneras inimaginables, más reales y efectivas que cuando estaban vivos.
Un cuento que produce la sensación de que la gente está condenada a vivir hasta morir, donde el tránsito transcurre lentamente, donde la gente está muerta en vida. Tal vez ese mundo no sea tan lejano para quienes vivir es una forma de seguir tibiamente hasta encontrarse con la muerte.
La única vez que el testigo los ve reír es cuando les dice a sus habitantes que salgan de Luvina, que seguro el gobierno les va a ayudar. Pero da la casualidad que ellos lo conocen y saben que el gobierno no tiene madre: sabemos que existe cuando alguno de nuestros muchachos hace una fechoría allá abajo del cerro y entonces lo matan, pero fuera de eso, el gobierno no existe.






Deja un comentario