Jorge Álvarez Méndez
Generar la proximidad entre lugares de producción industrial y lugares de comercialización de las mercancías es un perro viejo en la historia del capitalismo, independientemente de que se le denomine ahora “nearshoring”, anunciado como el descubrimiento de la rueda. Si es preciso contar con buques-fábrica para realizar las mercancías, se opera así la producción a fin de llegar a tiempo a buen puerto, literalmente, así como otras estrategias implementadas por empresas y gobiernos de cada Estado-nación. Es la historia misma del capitalismo desde la época del tráfico de esclavos, del cercamiento de tierras y de la revolución industrial.
Atrapado este fenómeno en el nombre más que en el fondo del proceso, se oculta cómo en tiempos de crisis hay causas fundamentales. Es ir más allá de simples mecanismos de operación y logística llamados “cadenas globales de valor”.
Y al decir crisis, se dice a la vez caída de la cuota de ganancia y con ello la inversión cae en general (el “clima de inversiones” se vuelve desfavorable). Esta disminución de la rentabilidad quiere decir que en proporción es menor que antes la plusvalía obtenida con relación al capital global invertido: este crece a medida que aumenta la inversión en capital constante con relación al capital variable. En otras palabras, se invierte más en máquinas modernas, herramientas y materias primas para elevar la productividad, y ello se desplaza trabajadores.
Pero como el capital en tiempos del imperialismo no se despliega en un espacio vacío, sus tendencias obedecen a leyes objetivas que son determinadas históricamente en medio de luchas de clases. Rebasa así toda genialidad, espíritu innovador, cultura empresarial, arbitrio y caprichos de la clase capitalista. Históricamente los fabricantes para garantizarse la fuerza de trabajo necesaria para la acumulación han de disciplinar y subsumir al contingente de la clase obrera, convertirla en una masa y hacerla dependiente de las mercancías.
Como la tendencia a caer de la cuota de ganancia es una ley, una tendencia, para contrarrestar eventualmente sus efectos hay causas que pueden atenuar ese desplome de la rentabilidad. Tal es el caso de invertir más en tecnologías que acicateen a los obreros a elevar la productividad: 5G, inteligencia artificial, robótica, nanotecnología. Son medios para arrancar más plusvalía.
Pero el avance tecnológico se enfrenta con que la economía en su base está formada por los trabajadores. Al verse afectados pueden responder a la imposición irrefrenable del avance tecnológico: con reclamos salariales, por vivienda, por subsidios al desempleo, reducción de la jornada, entre otras demandas simplemente económicas. Aunque, y no es menor en lo absoluto, también pueden responder votando por partidos fascistas. Es inmanentemente social todo cambio económico. Hay consecuencias y se agudiza el choque entre las clases sociales o se refinan los medios para domesticar a la fuerza de trabajo.
En la actualidad al asumir el capital financiero una posición hegemónica con relación a las demás fracciones, ahí se fuga una gran proporción de las inversiones que, ante un escenario de caída de la cuota de ganancia, obtienen rentabilidad más alta. Emerge con toda su furia la contradicción entre relaciones sociales y avance de las fuerzas productivas. Las primeras son un estorbo porque también el capital se ha centralizado como nunca y para continuar obteniendo ganancias extraordinarias debe seguir monopolizada la innovación tecnológica, bloqueando así el desarrollo de mejores técnicas productivas (favorables a los capitalistas, desde luego). En cuestiones bien ordinarias esto se cumple, como en el pago por licencias a un par de compañías en Occidente para poder tener sus sistemas operativos los usuarios que pueden pagarlas; así haya otros más eficientes (software libre).
Al darse otro episodio de la crisis estallada en 2008, para el año 2020 cae un volumen importante de la producción industrial, y por consiguiente de la realización de mercancías a nivel mundial. La guerra en Ucrania reforzó falta de provisión de materias primas para producción de mercancías como autos, computadoras, teléfonos celulares, entre otros dentro de un amplio espectro. Para asegurarse de suministros suficientes, se reforzaron medidas proteccionistas, se aumentó el gasto público para las empresas privadas en aprietos, se implementaron medidas unilaterales (“sanciones”) contra el acceso a la energía vendida por Rusia a Europa.
Sólo un puñado de empresas monopólicas se fortalece porque esas medidas económicas fueron implementadas en favor de sus intereses. A la par, Estados Unidos aumentó las tasas de interés para salvaguardar los intereses de la banca internacional, los fondos de inversión, la bolsa de valores; es decir, para sostener al amo del sistema, el capital financiero.
Pero es en la producción de valor y la apropiación de plusvalía en donde se dirime la propia existencia del capitalismo, no en la especulación del capital ficticio. Por ello la reactivación de la producción industrial a nivel mundial por parte de las potencias occidentales requiere replantear cómo amortiguar la caída de la cuota de ganancia. A una serie de eufemismos como “deslocalización”, se responde con la “relocalización” porque, aunque el discurso de la globalización defienda el debilitamiento (o desaparición) de los Estados-nación, siempre los capitales monopólicos tienen su base territorial en los países, aunque el capital como relación social se extienda rebasando fronteras.
Ese acercamiento entre los lugares de producción (complejos industriales) y los mercados (con la logística adecuada) resuelve la aceleración de la circulación, vital para incrementar el número de rotaciones al año y así lograr una fluidez mayor para competir en mejores condiciones entre empresas, países, regiones y bloques. Debe efectuarse a mayor velocidad la realización de plusvalía para reiniciar nuevos periodos de trabajo, a la vez de disponerse de más capital adicional. Al no ser esto algo unilateral, se violenta la vida social de comunidades, ciudades y los lugares en donde el capital tiene como objetivo imponerse.
Desde luego, no resuelve la consecuencia social de haber desplazado trabajadores, de contar con más desempleados o de plano, personas sin posibilidades de integrarse a la acumulación. El nearshoring sólo permite atemperar para el capital industrial la baja de rentabilidad en el tiempo, retardando el rebrote de los efectos de las contradicciones propias del capitalismo.
Además, ese esquema requiere la movilización de enormes volúmenes de inversión de capital, requiere mayor financiamiento bancario (para incrementar capital adicional, no bien sigue en marcha el ciclo hasta completarse totalmente). A la vez de acelerar la circulación de mercancías para fortalecer al capital industrial, se favorecen instrumentos del capital ficticio. El problema social crece porque se restringe el mercado por acceder para la clase obrera.
Veamos cómo se repite la retahíla vuelta consigna de que el futuro para México es favorecer ese esquema. Veamos su contexto geopolítico en el horizonte del discurso de los principales contendientes de Morena y del propio AMLO para seguir uncidos al bloque de América del Norte en el marco del T-MEC. Vuelta de tuerca para seguir siendo patio trasero. Sobre todo a qué intereses responde.






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