Por Israel

Jodidos estamos todos. Para donde sea que uno mire el capitalismo fagocita lo que se ponga su alcance. El esdrújulo mayestático pone el acento en querernos ver la cara. Si de oposición al gobierno de nuestro presidente se trata, un muladar bajo la figura de persona es bueno emplear para tal ocasión. Ni avergonzado ni tardo por melifluo el sector de la burguesía que está obsesionado con embarrar de mierda a cualquiera que apoye en algo a la 4T, miente sin tapujos, vomita estupideces y resulta tan cara dura que ni se inmuta si lo cachan en la movida.

De qué depende este comportamiento, esta actitud de rechazo (por no decir odio) por parte de la burguesía troglodita, la historia de su constitución al amparo de la llamada Hacienda Pública para hacerse lo que ahora es, muestra cómo su tradición de gandalla aprovechándose de acceder a los recursos creados por el trabajo de la clase obrera ha sido la manera legalizada de robo, para crear o incrementar el capital que hoy presumen. Aquí está el meollo.

De suyo y para que los alcornoques no nos quieran sorprender, la primera verdad inmutable o absoluta (y nunca relativa, para desgracia de los llamados posmodernos) es que mientras el ser humano sea lo que es, la actividad creadora, que transforma y emplea los medios de producción, para fabricar toda mercancía en el capitalismo, es una cualidad exclusiva del trabajador. Sin trabajadores no pueden existir los capitalistas. Aunque no es indispensable que existan los últimos para que haya trabajadores.

Si el trabajador para realizar esta su actividad no requiere de la existencia de un capitalista que sea dueño de los medios de producción, lo que sí requiere para trabajar es contar con los instrumentos y medios, las cosas y los vehículos mediante los cuales transforma esas cosas en otras distintas, que llamamos mercancías porque están producidas para la venta en el mercado. Donde se compra y se venden mercancías allí es el mercado capitalista.

Lógico es que si el trabajador fuera el dueño de lo que necesita para producir mercancías, los capitalistas no tendrían cabida en este mundo. No las personas desde luego, sí el papel o la figura que en la vida humana representan los capitalistas. En pequeña escala esta situación se puede dar y es el motivo (se supone) para generar cooperativas como una supuesta opción frente a la gran propiedad capitalista de hoy, que ha centralizado y concentrado el capital a escalas sin antecedente.

Que en la vida de los seres humanos existan unos que son dueños de casi todo y otros que sólo tienen su capacidad para trabajar como único tesoro, significa que algo no es lo que debiera ser. Porque el que trabaja no es dueño más que de su capacidad para efectuar esto, mientras el que se apropia de todo lo producido además de no trabajar acrecienta de manera paulatina lo que se está apropiando de otros (lo que les roba). Que el dueño de todo lo sea así, no está santificado en alguna parte, aunque se le dé sentido normal, permitido con leyes.

La vida humana no se hizo tal con una diferenciación entre dueños y no dueños más que de su capacidad para trabajar. En sentido estricto, la existencia de esta diferenciación es algo que no es propio de lo que pudiera llamarse vida humana. Para que ésta se dé como tal es cierto que surge o se da una organización de actividades que tienen como base obtener las cosas que sirvan para satisfacer las necesidades de los humanos. Puesto que sólo en grupo el ser humano se hace lo que es al no estar especializado.

Lo que llamamos vida humana no se parece en nada cuando nació a lo que hoy conocemos, en campo o en ciudad, y el término pueblo de hoy se refiere a un territorio con número de personas habitándolo, incluso los habitantes de un país o nación. Como surge la vida humana si bien se ha buscado rastrear su ADN mediante identificar la especie, el momento y el lugar original, porque cada chango del que provenimos es distinto, a cualquiera de los que realizan esta búsqueda saben del surgimiento gregario o en grupo y sin división de la apropiación.

En realidad el ADN de la especie humana no está en el chango del que deviene, sino en lo que lo hace ser lo que es como ser humano. Porque la especie humana lo es no sólo por sus características biológicas, sino porque su ser social, gregario, sin el cual no es posible que surgiera como tal, va de la mano con la actividad tan simple como indispensable que es la de obtener con qué satisfacer las necesidades para mantener y reproducir su especie. Esto no implica la presencia de propiedad.

En los hechos se alude a la propiedad en el momento que ésta existe, valga el rebuzno. No se habla de lo que no es y por eso lo innombrable se refiere a esa carencia de las palabras para expresar el absoluto o la nada, sin conocerse. Al no existir algo para tener propietario, la propiedad no existe, porque todo es de nadie (o de todos, si así es más claro). Cuando algo del todo es de alguien, para eso se requiere que sobre y no que falte. De la abundancia surge la propiedad.

Algo abunda cuando no es sólo lo que el medio, el entorno, la biota o naturaleza pone en los hechos (como si dijéramos) al alcance de cualquiera. Así que ni propiedad o propietario, ni división entre propietarios y no, está en el ADN de lo que es el ser humano. Desde luego, la actividad que ahora denominamos trabajo no es la misma de cuando surge entre la colectividad que llamamos ser humano. El lenguaje, la comunicación de diferentes formas y otras expresiones de las relaciones que llamamos humanas acompañan este inicio.

Decir vida humana, ser humano y trabajo requieren muchos asegunes como puede uno darse cuenta. El retorcimiento que el propio ser humano ha hecho de sí al construir una sociedad en la que pocos son parásitos que viven a costillas del trabajo de los demás (como sucede en el capitalismo) es, sin que algún esdrújulo mayestático nos lo apruebe, propio del ser humano. Retorcer los hechos, mentir, falsear información, calumniar y tantas otras cosas que hoy los que se oponen al gobierno de nuestro presidente hacen, nace de un primer retorcimiento.

El pecado original (para santiguarnos con estas expresiones) de todos los retorcimientos habidos y por haber en lo que llamamos vida humana, está representado por el hecho de que exista la propiedad (privada). Es el hecho material. Pueden aludirse otros, pero cualquiera está asociado, supeditado, derivado de ese. El lenguaje, el comportamiento, la manera de pensar y hacer cosas, cambia cuando existe la certeza (material) de que lo que no tiene dueño (o es de todos por ser de nadie) puede ser propiedad de alguien o algunos, agenciándoselo.

La entrada de actos inútiles ligados o como parte del quehacer humano cobra forma con todo lo que se deriva de la presencia de la propiedad (privada). El mismo sentido de que algo me pertenece es la exclusividad de poseer, de ser su dueño y disponer para los fines que se quiera. Así el esclavo como cosa que pertenecía a su dueño podría sufrir a voluntad de él. Así los gringos que consideran el mundo como suyo, ponen bases militares donde sea.

La apropiación es un asunto distinto al ser referido al uso o empleo de algo para sí. De este modo es como el ser humano se apropia de su entorno para obtener lo que necesita a fin de reproducirse como especie. Y esa manera de apropiarse es lo que ahora se llama trabajo. Es obvio que no hay un trabajo general y abstracto (como diría el trasnochado mayor), o que la apropiación del entorno fuera algo que carezca de relación con los medios o vehículos usados (creados a su vez o empleados para tal fin) con el propósito de llevar a cabo esa apropiación.

A toda apropiación es inmanente y consustancial las representaciones, figuras, imágenes y conceptos que le dan sentido. Sin éste la apropiación no es tal, a pesar de ser un hecho en el que el ser humano emplea o usa su entorno. El uso sin sentido puede ser muchas cosas, pero no son apropiación, pues ésta tiene un propósito que le da sentido a la acción. Cualquier actividad no es trabajo (es lo que se quiere decir para ser claros), aunque todo trabajo siempre es una actividad específica, concreta, en la que cuerpo  y mente (dígase así) son uno solo.

Ya visto lo anterior en el capitalismo actual, se puede entender por qué al tener dueño el entorno, los vehículos y la manera en cómo se lleva a cabo la apropiación vía el trabajo de los obreros, reina una enorme confusión en nuestros intelectuales chimengüenchones que no alcanzan a distinguir el abecé de lo que sucede a su alrededor. Llegan a hablar de la precarización (inseguridad, fragilidad) del trabajo, de la fuerza de trabajo, hasta del salario de los trabajadores y la relación laboral.

Y si a esto se le agrega el griterío de las antiguallas esdrújulas mayestáticas que odian con odio Jarocho cualquier cosa y a cualquiera que esté aunque sea un poquito con la 4T, con razón o sin fundamento introducen más confusión por todos lados generando (ellos sí) eso que llaman polarización social. Las esdrújulas de la vida se vuelven casi un misterio del rosario que sólo con la oración lograrán ser develados. Santo dilema para los mortales que no buscan terminar idiotizados con tanto idiotismo ofrecido de alimento en dispositivos nuevos y viejos.

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