Por Israel

Por comodidad de análisis y explicación asociamos ideas a clases sociales como suyas propias, como nacidas de ellas, cultivadas en su seno, paridas en su actuar. O con una época o periodo del quehacer humano, también por pura comodidad, pero en el que existen determinadas clases sociales. Pero hacer lo anterior es un subterfugio porque si bien formular ideas y planteamiento lo hacen los seres humanos, siempre sucede esto en un contexto específico que da la figura y envergadura a la idea o planteamiento en cuestión.

No es gratuito encontrar en el medio pelo que abunda en cualquier sociedad, la reproducción de ideas que bien a bien nadie sabe de dónde vienen. Porque todo lo que hace al ser humano ser lo que es, lo que lo moldea y lo que él mismo hace de sí y de lo que con su ser impacta en su entorno, sólo es posible estando en colectividad. El origen gregario, social del ser humano, que también sólo es una denominación genérica, resulta inconcebible sin que hubiera un nosotros. Antes que el manido yo, es el nosotros lo que surge y da presencia al ser del humano.

Si nos atenemos a lo anterior, el nosotros ha sido descompuesto por el yo no sólo por el capitalismo al inventar la idea del individuo (a base de separar al productor director del producto y condiciones de su trabajo), sino porque en las últimas décadas se ha pulverizado el sentido gregario del ser humano, para hacernos creer que ideología, sentimientos, pensamiento, ideas, decisiones y todo lo demás que constituye el ser del ser humano, surge de un yo (individual o del individuo), y no de un nosotros (gregario o de carácter social).

Esto parece una jalada de pelos. Porque lo común es que pensemos primero en el yo antes que en el nosotros. Así nos han educado desde hace mucho tiempo (por no decir desde que el capitalismo es tal, e incluso antes) y en las últimas décadas esta individualización (por tener como base ideológica al individualismo o resumir su ideología en éste) constituye la mejor plaga para lavarnos el cerebro. Aunque el yo no lleva en automático al individualismo, el capitalismo desbocado por la Tierra así nos lo ha imbuido desde antes de nacer.

Si trasladamos esta idea al presente político habido en México, podremos darnos cuenta que las disyuntivas abiertas son sólo apariencias de una situación que poco nos detenemos a enfocar. Las campañas por quién resolverá lo habido en México (pobreza, falta de derechos a distintos sectores sociales, despojo, proyectos de muerte, capitalismo, etcétera), provenga de abajo o de arriba, están centradas todas en el planteamiento de lo individual (aunque los individuos estén arrejuntados en grupo, que les llamen colectivo, no dejan de ser individuos).

Sea porque se busque cambiar desde un gobierno específico, sea porque una agrupación, partido o movimiento reivindique para sí la verdad del camino para resolver de fondo la situación, el individuo aparece de manera abierta, franca, embozado con un paliacate o pasamontañas, cubierto de traje tradicional o comunitario, vistiendo distintivo académico, intelectual, comunicólogo, de autoridad judicial, congresista, de barrio, colonia o libertario.

Esto se explica porque ninguno está enfocado a luchar del modo que esté a su alcance para hacer todo lo más posible por acabar con el capitalismo ni, por tanto, en el plano del planteamiento en sí, tiene como fundamento u horizonte un enfoque o carácter de clase. Aunque parece obvio lo que se dice, no lo es. La campaña del capitalismo que penetró cualquier lucha que buscara acabar con éste, cobró mayor fuerza luego de acabados los países que reivindicaban el socialismo. El vacío creado se ha profundizado y extendido.

Y por doquier se muestran mojones de lucha incipiente (las más de las veces surgida de manera coyuntural y esporádica, unas más escandalosas que otras) que, sin embargo, repiten el mismo esquema basado en el individuo con que el capitalismo desmembró las imágenes y figuras, los horizontes de cualquier lucha que vaya a su corazón.

Las reivindicaciones demográficas que se hacen abajo y a la izquierda, en los distintos matices del espíritu libertario (funcional al capitalismo, respondón a éste, el de acciones directas con consciencia según lo depositado en su bolsillo), en los movimientos y partidos que se dicen democráticos, progresistas y hasta de izquierda, a pesar de las diferencias que de orden, práctica y reivindicación hay entre sí, no obstante mantienen, perdura en su interior la misma matriz ideológica impuesta por el capitalismo.

La confusión reinante para renegar o desdecirse incluso de lo que antaño se reivindicó es porque en el fondo todos tienen en su corazoncito combatiente a un individuo gritándoles qué hacer, hacia dónde encaminar su lucha. Aunque parezca una exageración, para la gran militancia de eso que nuestros intelectuales llaman izquierda (y los gachupines la llaman en plural, para echarle más crema a sus tacos) el individuo es la base de su planteamiento.

Si no fuera así, el capitalismo de nuestros tiempos hubiera obtenido resistencia o no le hubiera sido tan fácil desubicar las luchas que se supone están del lado de los muertos de hambre, por hacerles imaginar que hay un nuevo actor revolucionario, un nuevo sujeto de la transformación social, dado que la llamada misión de la clase obrera se fue al caño (según esto) fue el resultado que se tuvo al ceder a la guerra ideológica desatada por el imperialismo, luego de que los países reivindicadores del socialismo arriaron este camino delucha.

El abandono de la educación o formación en la manida izquierda para profundizar, ampliar, recrear el entendimiento de lo que pasa en el capitalismo para arraigar más la convicción del camino a seguir en la búsqueda de su destrucción, sirvió de abono para que el desencanto, el escepticismo, la flaqueza en principios, el titubeo y otros elementos de desconcierto ante el llamado derrumbe del socialismo real con el que empezó a joder y joder y joder el capitalismo, rindiera sus frutos al poner de rodillas cualquier lucha contra éste aun antes de iniciada.

El día de hoy pese a que los muertos de hambre en el mundo han aumentado en cantidad y en profundización de su circunstancia de desposeídos y sobrantes para el capitalismo, es tan profunda la caída en el ánimo de la lucha de la manida izquierda, que todavía siguen con la cantaleta de buscar el nuevo actor revolucionario, o que la revolución sea de terciopelo para que por buena voluntad los capitalistas decidan, por sí solos, lo arrancado mediante el robo legalizado a los trabajadores que explota.

Como burros sin mecate nuestros intelectuales grandiosos y la susodicha izquierda han ido derecho a tragarse esa farsa introducida por el capitalismo en sus mentes. Luchar partiendo de un planteamiento centrado en el individuo es reproducir el mismo esquema de pensamiento que el capitalismo se adjudicó como inventor. Si bien el individualismo (dicen) sirvió de fuerza para romper la forma de pensamiento surgida en el orden de vida tradicional, el pensar para sí, con independencia y autonomía, hizo posible descubrir la fuerza del individuo.

El concepto de la existencia y ser de un sujeto (individuo) que piensa por sí mismo pese a estar en medio de una forma de vida tradicional en realidad es la creencia con la que se nos quiere vender hoy el papel deshumanizante del individualismo, como si se tratara de lo contrario: una opción liberadora, libertaria, liberal. Es cierto que este descubrimiento por el ser humano, cuando la gente comenzó a darse cuenta de lo que implicaba pensar y actuar por sí mismo, revolucionó al entorno. Pero lo hizo pasar a una nueva prisión sin darse cuenta.

Porque la base a partir de la cual se realizó lo anterior siguió siendo la propiedad privada sólo que ahora capitalista. Separar al productor de lo producido y de las circunstancias en que las fabrica, tanto materiales como técnicas y sociales, catapultó la capacidad de producción porque le quitó (y cada vez más) el control al trabajador del proceso productivo. Esta premisa que se ha convertido en un abismo para generar la condición que vuelve sobrante para el capitalismo a un número cada vez mayor de gente, es irreversible dentro de éste.

La única manera de darle una vuelta de tuerca a la situación es irse a su raíz para arrancarla por completo. A eso se refiere el término de revolución y en la sociedad sólo se puede alcanzar sin reproducir el planteamiento que creó las nuevas rejas para el ser humano. Si uno es inepto para arrancar la ideología que nos impuso el capitalismo como si fuera nuestra de suyo, la sociedad capitalista será imposible de terminarla. Y ésta se llevará entre las patas toda forma de vida en la Tierra, todo por repetir como burros sin mecate lo impuesto por el capitalismo.

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