Por Israel
Todo fuera como tomarse una coquita para sentirse estimulado y salir a gritar de alegría por toda la urbe, o a desgañitarnos con gritos desaforados lanzados en el campo todavía existente. Entonces esta chispa de la vida sería el mayor invento encantatorio del espíritu humano. Sus prodigios podían equiparase a los atribuidos a los cánticos curativos en el llamada Edad Media. Los capitalistas, como a los reyes taumaturgos, deberían ser inundados de loas por invadir el mundo humano de tal mejunje deliciosamente útil.
Aunque descalcifique, o sirva para limpiar las cañerías y tazas de los excusados (coca cola), o embrutezca o mate (drogas sintéticas), o genere desnutrición y acorte el tiempo de vida (alimentos chatarra), o tenga repercusiones en el organismo humano no identificadas todavía (organismos genéticamente modificados), los alimentos fabricados por la industria capitalista (sean para el cuerpo o para el alma), además de abaratar el valor de la fuerza de trabajo, están diseñados para hacer que la gente se muera más rápido.
Si la longevidad de la vida humana es un negocio de la industria farmacéutica, ésta sólo es del alcance de un número reducido de la población. Es cierto que la edad promedio de vida aumentó y que al hacer más cómoda la vida del ser humano con el desarrollo de las fuerzas productivas por el capitalismo, se aceleró la tasa de crecimiento poblacional, lo que impulsó el proceso de acumulación capitalista al contar con la población suficiente para su expansión.
Pero lo anterior ha llegado a un punto contraproducente para la acumulación de capital y éste ya no absorbe en la misma proporción que crece la fuerza de trabajo disponible para ser empleada. La población que sobra para el capitalismo, sin embargo, de algo debe vivir, y si no lo hace a costillas de quienes todavía forman parte del funcionamiento capitalista, forma parte de los manchones donde las relaciones capitalistas todavía no predominan, aunque ya estén presentes como economía mercantil.
El crecimiento proporcional entre los sectores de la economía ha sufrido un desbalance a consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas. Hoy ramas de la producción de medios para producir se vuelvan prácticamente independientes y, por otro lado, ramas de la producción de medios para el consumo tienen composiciones orgánicas que les generan tasas de ganancia extraordinarias. Las primeras empujan por sí solas en contra de la tendencia a la caída de la cuota de ganancia. Las segundas generan sobrantes de comida.
La producción actual de alimentos para el consumo final (alimentos procesados, producción de las principales semillas para forraje, alimento humano y la producción de carne), ha elevado su composición orgánica en niveles no conocidos antes de ciertas mejoras tecnológicas en las industrias correspondientes. El desarrollo de procesos químicos y el empleo de maquinaria para producir alimentos, si bien no es nuevo, sí mejoró la elaboración en serie de estas mercancías, aumentando la extensión e intensidad de la jornada laboral.
Así, la llamada comida rápida y el establecimiento de centros de comercio de grandes cantidades en envases pequeños, contribuyó a garantizar el aumento del tamaño de las urbes y el decremento de la población rural. Más alimento, más barato y con un mínimo de calidad nutricional facilitó el consumo inmediato de ciertos sectores de la clase obrera en crecimiento, durante el proceso de industrialización en buena parte del siglo 20.Si el campo sirvió para alimentar este crecimiento, también se fue despoblando con la migración a las industrias.
El aumento de la composición orgánica para buena parte de las industrias de alimentos no siguió parejo con lo ocurrido en otras ramas dentro del mismo sector productor de medios para el consumo final. La fabricación de casas en serie para albergar a la clase obrera en expansión, siguió dependiendo del uso extensivo de mano de obra pese a introducir grandes máquinas para acelerar y mejorar la construcción.
La producción de alimentos procesados ha ido, por otro lado, aumentando su composición orgánica de capital y descapitalizando el campo no capitalista. De manera práctica el cultivo de granos transfiera su valor para determinados productos que están monopolizados en la producción y circulación (café, cacao, maíz, arroz y otros), lo que se traduce en descapitalizar los cultivos que tienen por base o donde imperan relaciones sociales no capitalistas, que venden a granel lo obtenido. Los casos del café y cacao (y no sólo) son paradigmáticos.
Para procesar alimentos se requiere aditamentos, gomas, conservadores, saborizantes, aromas, estabilizadores, envases para empaque, plástico, hojas de lata, vidrio y otras materias primas que hacen cada vez más interconectados los procesos técnicos y el uso de diversas tecnologías. También la infraestructura (montajes, almacenamientos,maquila, refrigeración y otra serie de medios de producción) mediante la cual se lleva a cabo tanto la elaboración como la circulación hasta llegar al consumidor final.
En el sector productor de medios para producir, ramas enteras se volvieron prácticamente independientes (robótica, cibertecnología, industria química, metalúrgica) generando mecanismos parcialmente autónomos que se pueden emplear en momentos específicos. Así como el mecanismo simple ideado por el famosísimo Keynes, las ganancias extraordinarias y el empleo de industrias relativamente autónomas han sido útiles para contrarrestar la caída de la cuota de ganancia.
Y a pesar de los pesares una parte de la fuerza de trabajo sobra al capitalismo actual, o no alcanza a ser absorbido para su explotación. Y como las guerras u otros mecanismos para la muerte masiva (campos de exterminio, matanzas de diversa índole, etcétera) no se pueden aplicar hasta el infinito, deshacerse de la población sobrante o bien se hace dejándolos morir de manera paulatina, o se les va menguando la salud, la calidad de vida, se crean alimentos para acortar el tiempo de vida.
La manida financiarización de la economía en última instancia redunda en procesos ligados al capital ficticio, que por especulación y autonomía relativa devienen transacciones económicas frágiles, por el excedente de capital que no haya cómo aplicarse para explotar fuerza de trabajo dado el límite de consumo (productivo e improductivo) impuesto por la propia base material e histórica del capitalismo. Al no poder absorber nueva fuerza de trabajo, el exceso de ésta se convierte en un sobrante permanente, del cual se puede prescindir y no pasa nada.
De aquí la fobia o indiferencia alimentada incluso entre los muertos de hambre para voltear la espalda a los procesos de expulsión de fuerza de trabajo que ocurren entre países, en la búsqueda de quien los explote para integrarse al capitalismo. También ocurre que ha crecido la parte del capital empleado en la distribución y el cambio de mercancías, a fin de garantizar su realización mediante la venta, y así buscar cerrar el ciclo de circulación mercantil: D-M-D’.
Si la salida al mercado mundial de mercancías y capital servía para solventar los excedentes y el desbalance ya tenido en un lugar entre los sectores de reproducción social del capitalismo, hoy la fuerza de trabajo busca también encontrar su media naranja económica pese a que lo explote de modo exhaustivo. Y esta búsqueda es como la chispa de la vida. Absorbente, impulsora, taumaturga si puede decirse. Porque a pesar de los peligros que sufren, buscar en otro país quién los explote viene a ser el último reducto de fuerza vital que los acompaña.
Con esta ideología reaccionaria imperante en los muertos de hambre, a partir de la cual la única salida a su circunstancia es la búsqueda de quién los explote en alguna parte del mundo, la imposibilidad de que el capitalismo absorba tanta fuerza de trabajo conforme está disponible para ser empleada la situación se vuelve desesperante. Que esto pueda decantar en una insurrección buscando acabar con el capitalismo, más bien es el resultado de la desesperación y no de la consciencia. Algo espontáneo cuando más.
Como rebote se da entre los trabajadores que ya están integrados a la explotación capitalista, una reacción a pérdida o posible pérdida de derechos ganados, el rechazo a que se admita en su país nueva fuerza de trabajo pues amenaza su circunstancia de ser explotado (como sucede en países de Europa).Más que pensar en hacer algo por acabar al capitalismo, los muertos de hambre de todo el mundo buscan entrar o permanecer dentro de su régimen de explotación, aunque en eso arriesguen su vida si de por sí ya le son prescindibles.






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