Por Juan Carlos Domínguez Vergara

El México de López Obrador, el México que en su mayoría aún lo aprueba, pese a que hay aún tantos retos sociales por resolver en relación a la justicia social, seguridad pública y corrupción. Un López Obrador que afirma además, que por fin el proletariado mexicano ya tiene cabeza, dirigencia, en alusión al célebre ensayo escrito por el revolucionario mexicano José Revueltas, sobre la existencia de un proletariado mexicano sin cabeza, escrito en 1961.

Y López Obrador, a cinco años de gobierno, sale aprobado por las mayorías en tanto que esas mayorías, han sufrido la peor de las fechorías de gobiernos anteriores, no se sabe desde cuándo, pero para no fallar pongamos que desde siempre, desde antes de que México fuera México, con algunos momentos históricos de gloria, pero humillado en general.

Varias han sido las transformaciones históricas del sistema político mexicano en dos siglos, algunas sacudieron al país en unos pocos meses, en otras se necesitaron décadas de consolidación, mencionamos algunas: la independencia, el imperio mexicano de Iturbide, la primera república, el periodo de anarquía de 1830 a 1850, el movimiento de reforma, el imperio de Maximiliano, la república restaurada, el porfiriato, la revolución, la contrarrevolución inmediata, el maximato, el cardenismo, el periodo del partido único, el neoliberalismo; a excepción de algunos destellos durante la revolución y durante todo el periodo cardenista, toda transformación terminó siendo contra el humillado, el desposeído, a favor de los intereses de minorías en pugna, instalándose hasta culturalmente el clasismo, el racismo y la discriminación como patrón de conducta general.

Los que presumen que hasta el 2018 se habían forjado instituciones memorables como el INE, el INAI, la ASF, los DDHH, etc, se olvidan que de 1982 a 2018 se aprobaron leyes contra las mayorías, que se tradujeron en un despojo brutal de los recursos públicos nunca antes visto en la historia de México y además, se transformó el sistema educativo con el propósito de formar hombres y mujeres para obedecer esas leyes, injustas de origen, que a la postre significaron una legalización del despojo.

Además, siempre se ha intentado achicar o desaparecer las luchas populares. A toda protesta social que se oponía a tan injustas leyes contra las mayorías se utilizaba la represión brutal, violando todo principio de derechos humanos y, con el argumento de que la ley es la ley, se mandaba a los cuerpos policiacos y al ejército a reprimir. Los directores de los cuerpos de represión actuaban con la justificación de que estaban para hacer respetar la ley, no para repartir flores y con esa bajeza se pretendía acabar con toda protesta social de los humillados de siempre, sin importar que supuestamente ya había una legal institucionalidad, que jugó un papel deplorable cuando se trató de respetar y hacer valer los derechos humanos y de respetar las demandas populares.

Eso no es fácil de olvidar, no es fácil de olvidar tampoco la histórica represión del movimiento obrero, estudiantil, indígena, campesino, no es fácil olvidar la guerra sucia de la década de los setenta y ochenta, no es fácil de olvidar las masacres de Acteal, Aguas Blancas, el Charco, la inseguridad a la que nos llevó Calderón con su guerra contra el narco que dio pauta para nuevas masacres por parte del ejército y la policía, no es fácil de olvidar tampoco el FOBAPROA, las reformas estructurales en contra de los intereses de las mayorías y otros latrocinios. Por mucho que este gobierno de AMLO quede a deber mucho, se considera mejor que la pesadilla que se vivió antes.

Ahí vamos con este gobierno, los salarios reales a la alza, programas sociales masivos, estabilidad fiscal, además, se tiene la estabilidad macroeconómica en general que tumbó todos los pronósticos de los intelectuales del régimen que pronosticaban una debacle económica nacional con la llegada de AMLO al poder. Quedan muchos pendientes, terminar con la economía informal, el alto empleo informal, abatir la alta pobreza informal y la descomunal desigualdad en la distribución del ingreso, una reforma fiscal progresiva, democracia real efectiva.

Para los conservadores, el bajo nivel de ingreso que padecen las familias, el deplorable sistema de salud, de educación, el problema de inseguridad y el nivel de corrupción y otros grandes problemas nacionales es culpa de este gobierno, no tienen y no les conviene tener memoria, para ellos, para esa minoría íbamos bien, íbamos avanzando y por ello se lamentan y se siguen lamentando de la administración de López Obrador, que apenas y si les ha quitado algo, sería una pizca de todo el robo y daño que significó el largo periodo neoliberal, por mencionar solo la última transformación del sistema político mexicano.

¡Aguas!, los grupos que perdieron el ejecutivo quieren volver por sus privilegios, lo intentarán hacer, ya tienen a su candidata, tienen el poder fáctico a su servicio que por radio y televisión todos los días tratan de inflarla y hacerla competitiva, y como bien dice Obrador, los oligarcasintentarán cosas peores para regresar por sus fueros.

Continua la lucha de clases y en esa lucha se debe avanzar contra el clasismo, el racismo, la discriminación y eso se hace con la construcción de la consciencia colectiva, trabajar la consciencia colectiva desde abajo con lo que se pueda y hasta donde se pueda.

Muy difícilmente podemos aceptar que el proletariado mexicano ya tiene dirigencia, ciertamente se ha avanzado en cuestiones laborales para que se garantice la democracia sindical, se ha avanzado en la reforma en las pensiones, en el sistema de justicia laboral, en la reforma que tiene que ver con vacaciones dignas, se ha regulado la subcontratación, se han reconocido derechos de las trabajadores del hogar, se ha blindado el salario mínimo, pero estos avances, pese a ser mínimos, parecen que son muchos si lo comparamos con la deplorable situación laboral en la que habían caído los trabajadores. La lucha económica algo avanza, pero falta garantizar el avance de la lucha organizacional de la clase obrera, de la lucha política que, pese a lo dicho por el AMLO, ha carecido y carece aún de un partido político de clase, sigue sin dirigencia. El partido político morena no es ese partido, no es esa dirigencia.

A cinco años del gobierno de López Obrador, en términos generales no se desprende un contenido nuevo en el sistema político, pero las diferencias con el antiguo régimen son abismales cuando se analiza en términos particulares, de lo que ha logrado hacer queriendo hacer una transformación política de fondo con las reglas de juego vigentes y donde varias instituciones del estado están cooptadas por personajes formados a la vieja usanza, clasista, racista, elitista, corrupta, donde todos los intereses cuentan menos el interés de las mayorías.

Entonces punto para los que dicen que, en general, el periodo de López Obrador es un tipo de gatopardismo, pues el capitalismo sigue vigente y en pujanza envidiable, los ricos cada vez más ricos y los pobres más pobres, pero también hay que recordar que cuando la verdad es tan abstracta, tan general, tan simple, la verdad no es tal verdad, por lo que se requiere hacer un debate a partir de un ejercicio dialéctico entre lo concreto y lo abstracto, lo complejo y lo simple y buscar la verdad en esa relación y en ese debate y quizá podamos dimensionar lo que es y ha sido este nuevo periodo de transformación del sistema político mexicano, este periodo de la llamada cuarta gran transformación.

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