Por Israel

Se dice que los tiempos han cambiado como una expresión en que se busca diferenciar lo hecho de lo que se está haciendo. La expresión no alude al cambio del tiempo, porque éste no cambia, lo que se modifica son las circunstancias entre un periodo anterior y otro posterior. Aunque no existe una línea recta entre dos periodos subsecuentes, la frase busca establecer cierta comparación entre uno y otro momento en el transcurrir del tiempo.

Pero esto es mucho rollo. Las épocas cambian desde luego. Y aunque el tiempo de ahorita no es similar al del instante previo, decir que los tiempos han cambiado es para facilitarnos la comprensión de eso que llamamos tiempo y lo que cambia en el asunto o tema al que nos estamos refiriendo.

Mientras que en cierto momento un fenómeno pudo ser caracterizado, descrito, analizado, interpretado de un modo más o menos completo o satisfactorio, en otro momento ese mismo fenómeno puede escaparse a una valoración precisa, a causa de no considerar lo que ha cambiado entre uno y otro momento. Así sucede en la actualidad cuando para todo queremos comparar fenómenos que nos parecen similares, por pereza mental, por comodidad de exposición, o por nuestra misma ignorancia.

El gobierno de la 4T que algunos le ponen el mote genérico de progresismo no tiene antecedente en el país. Ni siquiera esa coyuntura de continuidad que algunos ven uncida a las cualidades y defectos de alguna persona, puede decirse que tenga similitud con una coyuntura anterior. Existen alguno que otro elemento que puede parecerse a otros ya conocidos pero en definitiva lo que está en juego hoy ni siquiera estaba en juego, por ejemplo, al final del llamado gobierno cardenista.

Y es que al leer o escuchar a nuestros grandes intelectuales en el devaneo de sesos que hacen aquí o allá, uno se pregunta si con esa falta de punta en su análisis esclarecen algo o sólo meten más confusión en los demás. A los muertos de hambre les tiene sin cuidado de fondo que sea equis o ye el gobernante de turno, porque eso no modifica su situación material ni social, y seguirán más urgidos en resolver sus necesidades cotidianas que mirar si el proyecto de nación es mejor que lo encabece a, be o ce personaje de la cuarta transformación.

Para los muertos de hambre que sí están preocupados por los destinos de la continuidad de la 4T ni avizoran ni avistan algo más de lo que la llamada democracia burguesa les ofrece: elecciones limpias, libertad de expresión y organización y sanseacabó. La falta de un programa propio de los muertos de hambre para transformar de raíz su circunstancia material y social que es histórica los deja a expensas de las migajas económicas, políticas y sociales, que la burguesía y su régimen les otorga según la ocasión.

Si el capitalismo no estaba desarrollado en su plenitud en México hacia la primera mitad del siglo 20, eso facilitaba que la burguesía tuviera más margen de maniobra para presentarse como la representante del conjunto de las clases sociales integradas a su formación económica de la sociedad de entonces. En la actualidad el capitalismo se ha extendido a nivel de toda la Tierra, pero sigue habiendo territorios donde éste todavía no penetra por completo. La inclusión de estos en México es lo que persiguen los proyectos de infraestructura de la 4T.

En el llamado sur-sureste la falta de penetración del capitalismo hace que el mercado interno (capitalista) sea más chico de lo que puede ser. No es el único territorio que se encuentra por fuera del capitalismo en México ni en el mundo, pero en el caso de nuestro país esto es emblemático del llamado atraso al que se refiere el presidente y otros grandes intelectuales que hablan de la realidad habida en el lugar que habitamos de manera cotidiana.

Pero que el capitalismo haya penetrado un territorio significa de manera sustancial que las famosas relaciones sociales de producción que determinan una economía específica sean las capitalistas. Esto es, que las figuras económicas de la sociedad en cuestión a partir de su régimen de propiedad sobre las cosas, medios y circunstancias con que se producen los satisfactores de las necesidades de la población, sean capitalistas por un lado y obreros por el otro. Y son también figuras históricas porque no han existido ni siempre existirán.

Estas figuras pueden estar mezcladas o no con otras dada la sociedad concreta de que se trate. De tal manera que puede haber capitalistas y ser indígenas, por ejemplo, para aportar a una comunidad parte de sus ganancias en la forma de mayordomía, financiar las fiestas patronales, etc., sin dejar de ser lo que son. Y es que sólo de manera limpia, por decirlo así, las figuras económicas habidas en una sociedad aparecen como el gran esquema teórico lo dice.

Habida cuenta de estos peros que la realidad maldita le impone al mundo ideal de la teoría (por muy de carácter científico que ésta tenga), si al abordarla mediante la capacidad de abstracción mezclamos los llamados gustos y preferencias, los prejuicios que cargamos, los complejos, frustraciones, y toda la serie de subjetividades que vamos acumulando desde que estamos en la sociedad, la distorsión entre lo que en la realidad es y lo que la teoría nos dice (por muy portentosa que sea) se va profundizando.

Esta distorsión o no coincidencia puede llevarnos al absurdo de querer sustituir lo que es la realidad con nuestra subjetividad, como si fuera la propia realidad. Y entonces en vez de conocer, explicar y comprender lo que sucede en eso que llamamos la realidad, y en su momento hacer todo lo que esté a nuestro alcance para transformarla (suponiendo esa sea nuestra decisión), sólo haremos quizá ideología o en su caso mentiras, calumnias, echar mierda para todos lados y formulaciones de este tipo. Pero nada más.

Lo que se plantea cuando buscamos de verdad analizar la realidad y no sustituir ésta por nuestra subjetividad, es al menos ubicarnos como si estuviéramos por fuera, como si lo que somos, sentimos, pensamos y demás elementos relacionados con nuestra subjetividad, estuvieran bloqueados o hacer que no intervengan en la aplicación de nuestra capacidad de abstracción al momento de aprehender lo que llamamos realidad.

Lo que nuestros grandes intelectuales no nos dicen es esta pequeña cauda de elementos que ellos llevan como batidillo en lo que dicen o escriben. Por eso muchas veces en vez de precisar y aclarar sus conceptos, terminan revolviendo los asuntos. Ni modo, esta es la grandeza de este país, en el que nuestros intelectuales de pacotilla revuelven los asuntos por no querer irse a su raíz. Pero eso no quiere decir que nosotros repitamos este su ejemplo.

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