Jorge Álvarez Méndez

La impecable narración del cineasta Raoul Peck en su documental Extermina a todos los salvajes (HBO, 2021), señala una herida cada vez más abierta en el organismo colonialista pasado y presente:

“Los últimos años del siglo XVIII fueron llamados ‘La era de las revoluciones’. Y uno piensa en la Revolución de Estados Unidos que comenzó en 1763, y la Revolución Francesa en 1789, no en la Revolución Haitiana de 1790.

Efectivamente, en esos años de cambios, un grupo particular de esclavos negros, hombres, mujeres y niños se rebelaron. En poco más de diez años, lucharían y crearían la nación de Haití, la primera república libre de América”.

Peck tiende una línea iniciada entre la conquista de territorios por los imperios coloniales y continuada con el exterminio nazi europeo. Viene al caso totalmente para la comprensión de la violencia sin fin en Haití, declarado cínicamente como “Estado fallido” por aquellas naciones expoliadoras de su riqueza.

La Revolución haitiana queda fuera de las revoluciones burguesas al amenazar radicalmente la extensión del capitalismo a nivel mundial. Si bien no era un eslabón débil de la cadena imperialista, dada la temporalidad, sí representó un durísimo golpe al colonialismo napoleónico enseñoreado en Europa occidental para luchar contra Inglaterra por un nuevo reparto territorial ultramarino. Para reconocer la independencia de Haití (¡!) el imperio colonial francés impuso la lacerante condición de recibir una indemnización sobre las ganancias que dejaría de recibir por el saqueo de las vastas riquezas haitianas: caña de azúcar, ganadería y minerales. Todo se produjo con trabajo esclavo de los africanos traficados por esas oprobiosas redes estratégicas para la acumulación de capital en Europa. Se trató ni más ni menos que de “150 millones de francos, 30 veces los ingresos anuales de Haití”[1]. ¿Qué proceso de liberación debe pagar a los opresores los costos financieros de la declaración? Algo dice con claridad que no hubo tal.

Es así como desde la declaración de Haití como república negra, tras una cruenta lucha de liberación, la política imperial impuso la lógica capitalista de endeudar a la nación como medio de extraer por medios financieros aquella riqueza antes obtenida por la esclavitud. El hundimiento económico fue la condición material siempre saldada por la obligada búsqueda de créditos con la banca estadounidense.

Segundo capítulo de la explotación a Haití. Ya en la época imperialista, ante la asfixia de la nación caribeña, un crédito contraído con la banca estadounidense culminó con la invasión militar, patrocinado por el predecesor de Citibank. Con lo peor de la práctica de piratería “ocho infantes de la Marina estadounidense ingresaron a la sede del banco nacional de Haití y salieron con 500.000 dólares en oro, empacados en cajas de madera”. Enseguida, días después según la fuente, “el oro estaba en una caja fuerte de Wall Street[2]”. El imperialismo estadounidense se construyó con el robo, no sólo con la explotación. Los marines como tropa de asalto de la gran banca.

Con la misma lógica nace el gran capital bancario: por señalar pocos casos, con la subsunción de los granjeros de EU a la Reserva Federal, con el opio para el enriquecimiento del británico HSBC y en este caso, con el oro haitiano para Citibank. La sangre de los esclavos, obreros y pequeños agricultores fluye por las arterias de la City londinense y de Wall Street neoyorquino.

Nunca fue perdonada la osadía haitiana de luchar por su liberación. Esta fue absolutamente formal como enseña la historia y fue cobrada con la impagable deuda, con invasiones y ocupación militar permanente. Este es el pasaje directo a la nueva faceta de intervención militar bajo la operación de la intervención humanitaria como la más encubierta escalada de organizaciones no gubernamentales y de Naciones Unidas. Un ejército de ocupación militar reforzado por un ejército humanitario para impedir la real liberación de Haití.

A la fecha el país se sostiene con la industria textil operada por una fuerza de trabajo en el sótano salarial de América Latina, además recibe ingresos de remesas provistas por quienes trabajan en E.U. principalmente.

Permanecen ocultadas las causas históricas de la actual violencia de bandas en el país cuando nunca se permitió a la nación que pudiera reinvertir las ganancias obtenidas internamente para edificar industria o sostener su agricultura. Ahora la historia se repite no como comedia, sino como un drama mayúsculo, que unce a Haití a las cadenas del sistema imperialista.

En el área del Caribe se pierde todo sentido modernizador del término acuñado como globalización y con la excepción de Cuba, se recrea todos los días el colonialismo más crudo con varios países subsumidos a la británica Commonwealth monárquica.

De acuerdo con Cubadebate[3] el desempleo alcanza al 70 por ciento de su población en condiciones de trabajar. Sobre esas condiciones, encima se le impide realizar elecciones normales desde 2016-17. Todo indica que para mantener la presencia militar en el país las cosas se llevan a un punto de descomposición, para disuadir a otros pueblos del Caribe a luchar por su liberación. Desde el gobierno de Duvalier (1957 a 1972, declarando gobierno vitalicio)c omo personero de los intereses yanquis hasta los últimos presidentes, al país se le niega la posibilidad de una incipiente independencia o existencia como República. Sólo será posible como obra de una intensificación de los proyectos organizativos por alcanzarlo así.

El Acuerdo Montana es una iniciativa de ciudadanos para perseguir la corrupción y presionar por la celebración de elecciones. “Pero ese plan como no responde a los intereses del imperialismo norteamericano, fundamentalmente de la oligarquía haitiana, tiene serios obstáculos para poder imponerse”[4]. A continuación, señala el entrevistado dar curso a la realización del acuerdo pondría fin a la intervención extranjera, que se sostiene con la justificación de la inseguridad alimentada y promovida desde afuera, pero con bases propias dada la descomposición reinante.

El roto eslabón débil del colonialismo consumará lo iniciado hace más de dos siglos, con la ruptura de su eslabonamiento a la cadena imperialista.


[1]Deuda, golpes de Estado y colonialismo: Exhortan a Francia y EE.UU. a que paguen reparaciones por la destrucción de Haití (DemocracyNow. Entrevista con WestenleyAlcenat y Gerald Horne).

[2]Invadan Haití,exigió Wall Street,y eso hizo Estados Unidos (https://www.nytimes.com/es/2022/06/06/espanol/haiti-wall-street-crisis.html).

[3]http://www.cubadebate.cu/especiales/2022/10/24/lo-ultimo-que-necesita-haiti-es-otra-intervencion-militar/

[4]Entrevista a Henry Boisrolin del Comité Democrático Haitiano (CDH)(https://rebelion.org/no-podemos-aceptar-una-intervencion-rechazada-de-forma-abrumadora-por-del-pueblo-haitiano/)

Deja un comentario

Trending

Descubre más desde Periódico Revueltas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo