Por Israel
La lucha de clases es un mito. A crearlo se consagró la izquierda. Me refiero a la que está en el Congreso, los pasillos universitarios, incluso la que en las calles, colonias y barrios urbanos y comunidades rurales se encarga de organizar a la gente para conseguir agua potable, vivienda, un salario digno, servicios de salud, pavimentación de calles. La lucha de clases si no está expresada en algo práctico de nada sirve. Es como las ideas de los filósofos que de tan oscuras y enrevesadas terminan por desanimar a cualquier cristiano nomás intentar leerlas.
La vida práctica en que se constata la existencia de clases sociales y la lucha entre ellas es la manera inmediata de corroborar la inutilidad de todo lo que sabemos, pues no se necesitan grandes explicaciones para darse cuenta que el muerto de hambre pasajerode transporte público o el más muerto de hambre que pide limosna, poco tiene que ver con los dueños de Telmex, los Oxxo, Wall Mart, Televisa o TvAzteca, por decir algunas empresas grandes.
Y no sólo se trata de los trapos echados encimao el llamado uso del tiempo a que dedican los días de sus vidas, entre viajes, negocios y diversión, unos, mientras que otros hacen lo mismo aunque sea en su imaginación cuando tienen trabajo, o hacen lo mismo (incluyendo el trabajo) tan sólo de forma imaginaria. De ser cierto que el ciudadano imaginario ya no existe en México según reiterada afirmación del señor presidente, es más cierto y fácil de demostrar que prevalecen personas imaginarias en el país (para expresarlo de alguna manera).
Ya no hay ciudadanos imaginarios porque hoy la gente decide y participa en política, según lo ha dicho de distintas maneras el señor presidente. Pero la base desde la que decide sigue siendo la que la misma 4T le ha ofrecido sobre todo en las conferencias diarias. Y al respecto ya se ha dicho mucho del reformismo imperante. En realidadla participación de la gente se reduce a esos momentos en que vota, apoya alguna candidatura o realiza alguna actividad de apoyo a lo que la 4T le indica. Y no más.
El ser de la sociedad capitalista actual, cada vez más fragmentada, individualizada e individualista (que no son lo mismo), puede catalogarse de la prevalencia de personas imaginarias. Esto es, gente que actúa con la información tenida a la mano, ya sea por las mentiras que se lanzan por radio y televisión y una combinación de mentiras y verdades circulando en la internet.
La cuestión es que no todos tienen acceso a estos medios de información y la mayor inconformidad, digámoslo así, contra la 4T proviene de quienes de un lado (por convicción o conveniencia) creen a pie juntillas lo que dice la televisión y la radio (una buena parte, personas muertas de hambre) y, por el otro, quienes con acceso a internet creen que la 4T pone en riesgo su llamada estabilidad (una buena parte, pequeña burguesía cobarde y con fácil labilidad para ser manipulada vía la mentira y desinformación de youtubers, influencers, etc).
Entonces, que el pueblo mexicano esté politizado o que sea el más politizado del mundo como nos dice el señor presidente, son afirmaciones que hay que tomarlas con mucho cuidado para no emocionarnos con que le puedan tener lealtad a él por distintas y múltiples razones, respecto de que la gente sepa decidir los destinos de su historia porque tiene consciencia de lo que está en juego en estos momentos en el país llamado México.
De hecho, una buena parte de la aceptación del señor presidente se debe a lo que ha repartido de presupuesto entre población que en muchos casos por primera vez recibe algo. Pero que la gente esté convencida del significado que tiene este momento en su historia y en la de su patria y, por ende, lo que se encuentra en juego tan sólo como posibilidad de cambiar un poco las circunstancias de injusticia, opresión, saqueo y demás calamidades que produce el capitalismo que sin freno las trasnacionales imponen en todo el mundo, dista mucho.
Y ni qué decir que dentro de la bola de muertos de hambre que son mayoría en el llamado pueblo mexicano los trabajadores están más inmersos en resolver sus diarias necesidades, amén de lo que puede significar el aumento del salario real en mejorar lo que les nutre en alimentación, por ejemplo.Pues aunque sea cierto dicho aumento, el impacto en una familia proletaria de los distintos apoyos a los que puede acceder con los programas del gobierno, su situación de pertenecer a las clase explotada en el capitalismo no ha cambiado.
Y si a lo anterior se le suma que eso de la llamada patria está muy lejos delo que podría constituir el ideario de lucha de los trabajadores, que a lo sumo (y eso ya es mucho) buscan en las presentes circunstancias democratizar sus organizaciones sindicales, cuando no conformarse con sortear las circunstancias de vida cotidianas, hasta en este caso la presencia de las personas imaginarias se reafirma con fuerza.
Para nuestros ingentes pensadores del momento que se desgarran las vestiduras por tener el análisis más pulcro de lo que sucede, la conclusión más objetiva y las ideas más embarradas con el sabor de ciencia, la palabrería aquí dicha les hará voltear la cabeza para no mirar a tan vulgares expresiones como si con tal acto la maldita realidad se pusiera de su lado. En buena medida el llamado éxito del señor presidente (un pretencioso diría: las claves de amlo) es porque el pueblo mexicano está huérfano de pensamiento propio.
El espíritu del mexicano (sea lo que esto signifique) ha sido creado con décadas de idiotismo para que la gente no piense en cabeza propia, no decida más allá de lo que en lo inmediato le impacta, no busque otra delicia de felicidad que la del momento efímero.
Y ni qué decir de la orfandad ideológica (por no afirmar de espiritual) que nuestros colosales pensantes han trasladado (por convicción o encargo) a las explicaciones de que el ser que somos como llamado pueblo no es más que la chingada que nos jode, y afirmaciones que siguen la misma ruta vana, superficial, ilusa, teñida y tenida de grandilocuencia de poeta. Ante todo esto el mito de la lucha de clases quizá sea el menor de los problemas cuando se piensa en qué hacer para transformar de raíz la patria que nos han negado los capitalistas.






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