Por Israel
A base de la ideología dominante en el capitalismo la gente es lábil cuando está inmersa en su funcionamiento. De hecho, la gente permanece “absorta” al formar parte de su “movimiento” como un comprador o vendedor más. Es muy difícil desde esta “óptica” de enajenación salirse de este “estado de ideología”, y resulta más complicado cuando se cierne sobre nosotros una amenaza (aparente o real) para perder “nuestra posición” dentro del circuito de circulación capitalista.
Que en el capitalismo se incremente el nivel de empleo significa que más fuerza de trabajo entra a ser explotada por los capitalistas. En apariencia, los distintos niveles salariales y el lugar ocupado en la producción social, crean la ilusión que “a más ingreso” y “más lejos de una fábrica” la explotación capitalista resulta (casi) inexistente. Pero esta “ilusión” es parte de la credulidad con que el capitalismo nos envuelve, para imponer la idea de “la libertad de ser contratado” o “la libertad” para morirse de hambre a causa del desempleo.
Ya la forma en que se ha extendido el llamado “autoempleo”, el “emprendurismo”, “ser nuestro propio patrón” y demás consignas creadas a fin de encubrir la imposibilidad del capitalismo para absorber el creciente número de fuerza de trabajo que “presiona al mercado laboral”, resulta patético visualizar cómo se puede aplaudir el absurdo de que, a falta de que un capitalista nos explote, “uno pueda autoexplotarse” (“creas tu propio empleo”, me diría un ex “trasnochado de los ochentas”).
Existe además en el capitalismo actual una cada vez más patente realidad en la que hallamos gente que no logra entrar a “las estadísticas de empleo”. De hecho, no sólo el número aumenta sino que por generaciones se está haciendo “una costumbre” repetir esta “forma de vida” al margen o “en los márgenes” del capitalismo, es decir, sólo por temporadas logran colarse “como compradores o vendedores”. Las economías generadas, además de paupérrimas, constituyen una economía virtual ignorada por “nuestros inteligentes intelectuales”.
El estribillo del reformismo imperante en la “4T” para querer hacer un “capitalismo para todos” choca con la misma idea de “revolucionar las conciencias” de la gente, porque si bien la segunda es “la mera principal” para que la gente aprenda “a tomar decisiones en cabeza propia”, la primera es un sueño guajiro en el contexto del capitalismo. Y es que también “nuestros intelectuales” de la “4T” han edulcorado la consigna que decía “¡democracia ya!, patria para todos”, pues sólo del “Estado nacional” cuando mucho hablan.
Pero hablando de la pobreza espiritual a que se llega en los tiempos del presente capitalismo, la falta de dignidad que ha habido como norma de conducta en lo que llamamos “México”, genera que todo sea tomado bajo la forma superficial de que nada tiene consecuencia. Y así, lo mismo da afirmar “de buena onda” que el “capitalismo para todos” es posible, tan sólo por no atrevernos a decir que la creación o ampliación de infraestructura es para “fortalecer el mercado interno”, lo que beneficia en exclusiva de los capitalistas.
Que el salario real ha aumentado con la “4T” no es lo mero principal de “fortalecer el mercado interno”, como tampoco lo es la creación o ampliación de infraestructura. “Lo mero principal” radica en garantizar “la buena marcha de los negocios”. Y esto se ha conseguido “pacificando” de manera paulatina al país. El ejército, en este punto, ha servido de punta de lanza para este “logro” de la “4T”. Lo que no es poco, porque además de servir de base para crear la Guardia Nacional, es la paraestatal más importante para construir o ampliar infraestructura.
El papel otorgado al ejército pasó de ser con “el régimen oligárquico, corrupto y neoliberal” la institución caracterizada por impunidad asesina y cabeza de la guerra de contrainsurgencia, desarrollada en la segunda mitad del siglo 20 e inicios del 21, a ser la principal paraestatal de que echa mano “el gobierno de la 4T”. Nuestra ignorancia es tanta como para entender si la “revolución de las conciencias” también alcanza a los militares “por ser parte del pueblo”.
Decir que el ejército es bueno “porque viene del pueblo” es querer dar atole con el dedo, pues los militares son instruidos para matar lo que “el mando civil” personificado por el “presidente de México” le ordene. Y por muy “del pueblo” que se quiera presentar el militar está armado y “listo para el combate”. Hoy su “cara civil” se ha buscado resaltar mediante diversas acciones, pero la historia de sangre e impunidad para nadie es ajena. Aunque es cierto que en el intento de un golpe de estado es mejor “tener de amigo” a los militares.
La oligarquía no ha quitado el dedo del renglón sobre la posibilidad de generar un golpe de estado dada su historia de no respetar ni las mismas reglas electorales creadas por y para favorecerla. Ahora que con sus propias reglas no ve por dónde pueda seguir engatusando a la gente, ha desatado una campaña de violencia “informativa” con mentiras, calumnias, morbo y tirando mierda hacia todo lo que no se mueva en su favor.
Entre eso y la credulidad de sí que tiene el reformismo imperante en la “4T”, el caldo de cultivo para generar confusión, introducir morbo y miedo, diseminar zozobra, es mayor mientras “nuestro refugio” siga siendo “que todo está bien”. La desorganización (o el espontaneísmo si se prefiere decir así) que muestra “el pueblo de México” contrasta con la violencia provocadora que la oligarquía orquesta en forma sistemática.
Pero “dormirse en sus laureles” es tan fatídico y a la vez a eso le apuesta la oligarquía para que, sin que se eche de ver, lo mucho o poco que se ha hecho a partir del 2018 “sea cuestionado” porque “nada ha cambiado”. El dilema entonces entre echar las campanas al vuelo porque nunca antes un gobierno había hecho tanto como el de la “4T” o afirmar que “todo sigue igual” porque “todos son lo mismo”, es el callejón sin salida al que la oligarquía quiere llegar.
Justificar un golpe de estado no sólo se realiza luego de su ejecución. Prepararlo, adosarlo con distintas formas que parezcan “legítimas” (como las marchas “a favor del INE” por ejemplo) es lo que la burguesía con sus distintas caretas ha promovido en cualquier parte del mundo, donde avizora amenaza posible (por mínima que sea) para dejar de ser lo que es como clase social. En la lucha de clases, que es como decir la política en los hechos, no existe ingenuidad que tarde o temprano los acontecimientos nos revelen “como equivocación”.






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