Por Juan Carlos Domínguez Vergara
La novela de Jorge Ibargüengoitia, “Las Muertas”, escrita en 1977, nos lleva forzosamente dirigir la mirada a la trata de blancas, al análisis del lumpenproletariado como aquella parte social más degradada de nuestra sociedad, que lleva a la cosificación más extrema del ser humano o, en otras palabras, el ser humano llevado a ser tratado como cosa.
En el Círculo Rojo de Lectura del pasado 25 de marzo se comentó esta novela y no podía faltar la mención de los hallazgos que Lydia Cacho, con peligro adelante, ha logrado documentar sobre esta práctica en años recientes y ha mostrado también, de manera muy puntual, cómo la autoridad se colude en un ambiente de total impunidad.
El tema de la trata de blancas en un primer momento es un tema muy general. Hay que rechazar y condenar enérgicamente y sin vacilaciones este tipo de comercio tan degradante empero, el problema tiene muchas aristas y variadas formas concretas y, para evitar caer en lugares comunes, podremos anclar nuestro análisis en la riqueza de la novela misma y de los límites que la misma nos impone, ello puede evitar que partamos solo de generalidades y sí conseguir enriquecer el debate en torno a este tema, aunque sea aquí entre nos, de lo que tal problema nos significa.
Esta práctica se hace más difícil de erradicar en tanto que la delincuencia organizada se colude con la delincuencia de cuello blanco, ésta última que, aprovechándose de los puestos de autoridad pública en todos sus niveles, permite que la esclavización de mujeres con miras a la prostitución se expanda por muchas regiones del país, en unas con mayor calado que en otras.
Este contubernio entre delincuencia organizada y de cuello blanco, Ibargüengoitia lo refleja en varios personajes; por el lado de la delincuencia organizada se encuentran las hermanas Baladro (Arcángela y Serafina), por el lado de las autoridades, el personaje más protagonista será el capitán del ejército Hermenegildo Bedoya, quien se enreda sentimentalmente con Serafina Baladro y tendrá un papel central en la disciplina marcial que se impone entre las mujeres que han sido esclavizadas, incluso, utiliza a sus subalternos del ejército para apoyar en esa tarea. También las hermanas Baladro hacen comparsa con el licenciado Canales que tiene un puesto importante en el gobierno del estado del Estado del Plan de Abajo, en el licenciado Sanabria, secretario particular del gobernador en el Estado de Mezcala, que les otorgarían permisos para instalar sus negocitos, también, las hermanas Baladro hacen mancuernas con diputados, líderes charros de organizaciones obreras y campesinas, creando una red de protección y de impunidad.
La novela de Ibargüengoitia nos lleva forzosamente a tocar las relaciones sociales imperantes de mercantilización de todo lo susceptible de ser mercantilizado. De la imperante idea dominante de libertad de comercio, se oculta la significación esencial de ese dogma, que es, en los hechos, la esclavización del ser humano por el propio ser humano, en el que el ser humano termina siendo el lobo del propio ser humano, siendo la trata de blancas una de las grotescas formas en que esta esclavización se materializa.
En las relaciones mercantiles imperantes, que produce costumbres disolutas, toda moral se reduce a la moralidad del comercio y su rentabilidad; competencia e individualismo fuera de todo límite provoca la propia autodestrucción del ser humano. La novela parece proponernos que, al igual que el ser humano es producto de las circunstancias, al nacer éste en un contexto específico y en medio de situaciones ajenas a su voluntad; también nos indica que, bajo dichas circunstancias, el ser humano es responsable de sus decisiones y su conducta contribuye ya sea a reproducir o a cambiar las circunstancias que le tocó vivir.
En la novela de Ibargüengoitia, las hermanas Baladro buscan hacer negocios para poder vivir, en el medio en el que se encuentran, y casi por accidente, encuentran lo que para ellas es la forma más pronta y expedita, poner un burdel, que, en efecto, al dejarle en un primer momento cuantiosas ganancias, les permite tejer redes entre las autoridades para ampliar su negocio. Los medios de los que se valen para prostituir mujeres son: insertarse en un contexto donde abunda la marginación y el rezago social, en las comunidades de los estados, ahí se aprovechan la pobreza de las familias y con base a engaños y/o a compraventa, secuestro y de otras triquiñuelas, se hacen de mujeres jóvenes y bellas que luego trasladan a sus burdeles para ser explotadas sexualmente.
Cuando, en el desarrollo de la novela, el negocio comienza a ir mal por diversas circunstancias, las hermanas Baladro y sus cómplices toman decisiones que parecen hundirlas más; sin percibirlo siquiera, actúan en lo inmediato, quizá ante la esperanza de que la impunidad sea infinita, dado su historial de favores y componendas con el poder; en ellas actúa el arrebato, la venganza de viejos amores, pero también la esperanza de una mejor vida para sus engendros, que lejos de ellas, terminan por caer en el crimen organizado de que intentan alejarlos, como sucedió con el hijo de Arcángela, que terminó siendo traficante de drogas. Toda decisión de las hermanas Baladro terminan en un callejón sin salida, en una especie de círculo vicioso y la crueldad con que actúan aumenta de grado, hasta hacer de sus propiedades un verdadero cementerio, del que, al parecer, ni se inmutan, perdiendo todo tipo de sensibilidad humana alguna.
La novela muestra que las mujeres prostituidas viven su infierno, al borde de sus pasiones, una sola forma de vida es la que conocen, la que se les ha obligado a vivir desde pequeñas, desde que fueron arrebatadas a sus familias; cada mujer es un caso diferente, vive su vida diferente, algunas con resignación, otras con esperanza, otras con aceptación, pero en la novela se manifiesta entre ellas la envidia, la traición, no falta la soplona, la intrigosa; la rebeldía en ascenso de las mujeres será enfrentada con castigos marciales ideados en la mente del capitán Bedoya; sin embargo, las víctimas no ven quién se las hizo, sino quién se las paga, a veces ven como enemigo a sus propias compañeras, solo a ellas y no el sistema opresor que a sus ojos se oculta.
La crisis de los burdeles de las hermanas Baladro —provocada por la clausura de éstos por parte del gobernante en turno, que realiza tal acción más que por un bien común, por mera idoneidad de sus propios intereses—, cambiará el estatus de las mujeres esclavizadas y de ser una mina de oro, pasarán a ser un estorbo para las dueñas y, abandonadas a su suerte, se suscitarán hechos que provocarán la muerte de muchas de ellas, ya sea por acción o por omisión, hecho que más temprano que tarde será descubierto y Arcángela, Serafina y demás cómplices, serán llevadas a juicio donde se les declarará culpables de las muertes y asesinatos de varias mujeres.
La novela está inspirada en hechos reales, en específico, en el caso de las poquianchis, un escandaloso caso de explotación sexual que se desarrolló en el bajío mexicano en la década de los cincuenta y sesenta. La realidad supera cualquier ficción. Algunas mujeres en este caso terminan siendo libres y tendrán tiempo para asimilar la libertad y rehacer sus vidas. Hoy por hoy, la práctica de explotación sexual se normaliza e invisibiliza y muchas mujeres no salen vivas, desgraciadamente de esta atroz esclavitud.






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