Por Israel

Luchar contra el capitalismo no sólo se hace en lo material u objetivo. En lo que es tangible puede pensarse “quitarle espacios para su reproducción” a través de cooperativas y otra clase de actividades económicas “alternativas”.

Pero esto es una falacia. Pensar así resulta semejante a cuando se dice que si se recortara la última hora (o las últimas 2 o 3) de la jornada laboral se acabaría con la plusvalía extraída a los obreros por los capitalistas.

En lo material luchar contra el capitalismo es insustancial basarse en lo pequeño, en una comunidad, o un conjunto de éstas, si en el “conjunto de la sociedad” ése sigue siendo la economía imperante. La falacia que la pequeña burguesía “buena onda” lleva a la “lucha social” tiene tantos mitos, como formas de adaptación de un planteamiento pueden hacerle cuando trata de forma “bien intencionada” acabar con un régimen de explotación como el capitalista.

Que comunidades indígenas “estén resistiendo” los llamados “proyectos de muerte”, “extractivistas”, “la minería a cielo abierto”, el despojo de sus tierras y el aniquilamiento de sus territorios, no es porque “el mal gobierno” (digamos, “la 4T”) no les deje otra opción.

Se trata de las condiciones en las que se encuentra la lucha de clases (atomización, falta de consciencia, desmovilización, etcétera) y en general las habidas en las “condiciones objetivas” las que generan que la población de una comunidad no pueda más que resistir los embates, la desacreditación, el hostigamiento y demás acciones que los capitalistas (y su Estado) llevan a cabo para imponer sus negocios.

Desde luego, en un Estado capitalista del que forma parte cualquier gobierno (incluido el de “la 4T”) la dinámica que se sigue es mucho más amplia y presenta más inconvenientes a la hora de aplicar “cualquier medida contraria”, por nimia que sea, respecto del interés general que tiene la clase social que comanda los destinos económicos, políticos y sociales de cualquier lugar (el mundo entero, si así se quiere).

Y si a eso se agrega que “los hombres” con los que se construye “un nuevo gobierno”, están inmersos en esquemas de pensamiento e ideología que sustancialmente no apunta a “luchar contra el capitalismo”, el resultado no será tan distinto que el de los “gobiernos precedentes”. Aún y aunque existieran “hombres buenos” dentro del “nuevo gobierno” para “hacer algo distinto”, el marco de acción siempre será limitado, pues el Estado capitalista no es un “instrumento” que opere por la mano de uno solo o de unos cuantos “bien intencionados”.

En lo material, las “buenas obras” llamadas cooperativas sólo benefician a los involucrados en éstas. Del resto que no participa, los beneficios que se puedan obtener sólo el suspiro les llegará si acaso. Y esto, en cualquier terreno económico genera diferenciación social con el entorno de la comunidad donde se inscriba la cooperativa. Siempre que tales formas de organización económica no dependan del conjunto de la comunidad, los resultados de diferenciación saldrán a la luz tarde o temprano.

En un “México como el nuestro” donde la pobreza es tanto o más común que los nombres de José, María, Guadalupe y otros tan empleados con mucha frecuencia, la cooperativa como medio para movilizar y potenciar recursos que pueden generar resultados “en un lapso corto”, la falacia de su “impacto” es todavía mayor.

De hecho, todas las cooperativas que de pequeñas han crecido de manera proporcional, terminan por funcionar como empresas para poder sobrevivir en la competencia de una economía como la capitalista, aunque formalmente sigan empleando la denominación de cooperativas.

Unir, entonces, esta forma de economía a “apoyos individuales” como lo hace “la 4T” en el campo con su “sembrando vida”, apunta a fragmentar “la comunidad” y fomentar el espíritu “emprendedor” (eufemismo de capitalista) en cada participante. Las diferenciaciones sociales saldrán a la luz en algún momento. Pero esto se debe a que “la 4T” no tiene más opción que ofrecer. Y no es honesto pedirle peras al olmo. Al menos no cuando se tiene “buena voluntad” de “hombre bueno” pulcro y reluctante ubicado “abajo y a la izquierda”.

Piensa mal y atinarás, se dice de común, pero también hasta un “inteligente intelectual” puede hacerlo y eso no redunda en mérito alguno. Las cooperativas se han glorificado tanto que hasta los “hombres buenos” de “abajo y a la izquierda” las emplean, porque su “inteligencia” no les da para “inventar algo distinto” con qué movilizar y potenciar recursos para satisfacer las necesidades de “la gente pobre”. O a lo mejor “ni existe algo distinto” y prefieren no quebrarse la cabeza, para mejor poner “manos a la obra” en estos casos.

La lucha contra el capitalismo que más trabajo da es la “intelectual” o subjetiva. “La batalla por las ideas” la nombraría Fidel Castro. Porque “son los mismos hombres” que estén donde estén dentro del capitalismo los que con el idiotismo creado por éste deben, primero, hacerlo a un lado de sí y, después, empezar a pugnar porque esta reeducación se extienda “hacia toda la gente”. Y eso no sucede “de un día para otro”.

En esto, aunque no les guste a los pulcros y reluctantes “hombres buenos”, es donde más ha incidido “la 4T” cuando ha permitido “que todos se manifiesten”. No sólo por la “lucha política” que representa “la libre manifestación de las ideas” sino sobre todo porque eso permite contrastar el fondo ideológico y los intereses que cada “posición” tiene en “última instancia”, sin que por hacer esto peligre la vida de cualquiera.

Quizá esto se piense no significa mucho. Pero el mito que le han cargado al socialismo equiparándolo con autoritarismo ha tambaleado las convicciones de los “hombres buenos”, tan sólo porque el imperialismo ha fabricado la falacia de que el capitalismo es sinónimo de “democracia”, cuando éste se basa en un régimen de excepción legalizada que permite apoderarse del trabajo de otros y “crear fortunas” a partir de ello. Y sobre esta base, en los hechos toda forma de vida democrática está negada.

El robo legalizado del trabajo de los obreros por los capitalistas en que se basa la “sociedad globalizada” implica que el “neoliberalismo” genere ideas, tópicos, mitos, prejuicios y todo el arsenal que su ideología introduce en “nuestras mentes”, para aceptar sin chistar que el mundo en que vivimos es así sin remedio alguno. Pero querer realizar el “gobierno del pueblo, con el pueblo y para el pueblo” en este contexto capitalista es pura “buena voluntad”. Aunque ya sabemos que “de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”.

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