Por Edna Rodríguez Salas
Yo he intentado una respuesta individual a mis preguntas desde que el 8 de marzo se fue haciendo una fecha importante de reflexión, pues antes ni recuerdo que se mencionara, luego, de repente te comenzaban a felicitar y una ni sabía de qué, después empezó un grupo de mujeres conscientes a decir en redes que no era un día de festejo, sino conmemorativo, y que se había elegido esa fecha en memoria de las mujeres trabajadoras que fueron quemadas vivas en su trabajo por su intento de huelga. La fecha anodina se volvía escalofriante y zurda. Decían que no aceptaras que te feliciten y había que mandar al diablo al varón condescendiente que, por despistado, solía ser cortés.
La verdad casi siempre se felicitaban entre mujeres o nadie lo hacía, además, no había marchas ni manifestaciones por el 8M. Todo eso pasó en un breve periodo, cuestión de pocas décadas. Empezó a escucharse más, empezó a hacerse fecha; recuerdo que al inicio del nuevo milenio había mujeres en las universidades que participaban en conferencias, hablaban de sexualidad, del papel de las mujeres en algún ámbito, el que sea, ahí estaban; se volvió un programa más organizado, y algunas nuevas ONGs tenían que ser mayoritariamente constituidas por mujeres, dirigidas por mujeres, una condición primordial para ser subsidiadas, en especial, con recursos del extranjero, incluso comenzaron a exigir un nuevo lenguaje, el nuevo modo de hablar, que se fue viralizando: todas y todos, mujeres y hombres, niñas y niños, y poco a poco iba perdiendo terreno la economía del lenguaje, para visibilizar a las mujeres, a la infancia femenina, a las lesbianas, a los afeminados, a las trans, a todas las identidades femeninas, aunque como suele ser, con resistencias de forma y de fondo. Después las marchas, marcha de las desaparecidas, marcha por los feminicidios, marchas pro abortos, marcha de las putas y marcha de marchas.
Luego tomó ese otro tono por influencia gringa, llegó el bloque negro que ni siquiera se mencionaba en español, un grupo de anarquistas con martillos para destruirlo todo, lo mismo cristales que al status quo, en contra del patriarcado, dicen, pero suelen ser una expresión que rompe la posibilidad de otras expresiones diversas. Lo que cayó gordo es que a la violencia machista no se le decía nada, pero a las mujeres que arruinan un monumento, a esas sí, ¡que les corten la cabeza! Y ya andaban unas corriendo con cloro a limpiar las paredes, y otras deformes con ácido, otras descuartizadas y otras andaban desnudas, no se sabe qué tan grande sea el miedo de nuestra liberación, pero nadie muere en la víspera. Chairas, derechairas, policías y bravucanas, todas, chiras pelas, te aguantas, hay te va nuestro graffiti. El 8M no es un día que ni fu ni fa, es un día de descanso a las maestras, a las alumnas, a las conserjes, a las empleadas: inasistencia justificada, día laboral pagado, o a la casa o a la marcha, y así muchas niñas no iban a la escuela, y los niños tampoco por decisión de mamá, «nadie nota todo lo que trabajan, hasta que lo dejan de hacer», dicen los expertos, una paradoja para las mamás que trabajan y llegan a trabajar a sus casas.
Hoy es descanso, hoy es grilla, hoy es fuerza, hoy a ver quién cuida a los niños, quién les da de comer, quién los atiende, a ver quién es quién, un día no es suficiente, ya mejor que se repita la fecha todo el año. Amigues, amigas, ¡date cuenta!, si sigues usando el plural indeterminado no entiendo tu mensaje, ¡ya siéntese señora! ¡Mejor cállese, viejo lesbiano! Ya mejor dígame, ¿quiénes siguen ganando menos que los hombres en un puesto análogo?, las mujeres, ¿y quiénes corren más riesgo de ser violentadas en la calle o en la sombra? Las mujeres. ¿Y quiénes contarán un día la historia que no olvidan? Las mujeres no lloran…, pero unas corren con suerte, y otras no, otras no vuelven.
Ya me cansé , yo ya he intentado una respuesta individual a mis preguntas, ¿es necesario un 8M? Esa ya no debería ser una pregunta, pero sí, en cambio, debería sugerirse la reflexión colectiva de varias de las nuestras que están en circunstancias similares a las propias, ¡armemos un sindicato!, que se arme primero el de mujeres y el de los hombres después, que se instalen los comedores comunitarios por iniciativa de las mujeres, que se armen los espacios comunes en cada uno de los salones de usos múltiples de los fraccionamientos cerrados, para la crianza, para la atención y cuidado de las hija y de los hijos, que se abran los espacios de mujeres para mujeres, y de mujeres para sus hijos, que se hable de maternidades y paternidades, que ambos se involucren, que se oriente a niñas y niños en colectivo, que se abra la confianza y se vede la violencia machista y se rebele toda injusticia. Que las mujeres inicien una revolución verde y todo lo que sabemos que hace falta, que se generen talleres y capacitaciones de todo tipo, una revolución cultural, porque una revolución socialista sin mujeres no es revolución, y eso tiene mucho de razón, ¡mujeres, unías! Basta de respuestas individualistas, mi
cuerpo, mi decisión, ¡mangos!, el individualismo no va a entender los secretos de la gastronomía que viene de lejos, el mimimí -lo mío- debe ser cuestionado, el llamado es hacia dentro, dentro de nuestros círculos, en aquellos que hemos tejido con los años, donde hemos hecho raíces, porque lo demás es humo y el tiempo no está para derrocharlo, busquemos nuestra voz colectiva y que se articule con la sociedad, si no, no somos nada, no somos más que sueños hechizos o cenizas hechas, de ser así, el ave fénix debió haber sido mujer.






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