Por Jorge Álvarez Méndez
Como eje de su obra La izquierda ausente, el filósofo italiano Domenico Losurdo interrogaba con un profundo sentido militante, transformador, “¿hay en Occidente una izquierda capaz de hacer este análisis y esta denuncia, y a partir de ahí articular un proyecto de lucha y transformación política de lo existente?”[1]. Se refería peculiarmente al momento de la crisis capitalista iniciada en 2008, en cuanto a su vacuidad democrática y fortalecimiento de la plutocracia. Avanzaba con paso de gigante el autoritarismo de mercado a manos del capital financiero.
Ese ambiente ideológico llevó a derivas patéticas ante la orfandad de respuestas radicales frente a la creciente agresividad del imperialismo (EU con la OTAN-FMI). En estas latitudes latinoamericanas Emir Sader caracteriza el mismísimo ascenso del “esoterismo y la autoayuda” como resultado de esta hegemonía y denuesto de la teoría[2]. Más que negocio editorial de bestsellers basura, una intensa campaña de soluciones individualistas se propagaba como plaga de la despolitización y reideologización masiva.
Además de ello, el pragmatismo se apoderó de los partidos de izquierda para transmutarlos de escuelas de cuadros en maquinarias electorales. La disyuntiva movimiento o partido, es falsa en el fondo, cuando la concurrencia a la democracia burguesa en elecciones se divorcia de la formación militante teórica. Traiciones concretas de dirigencias, para acabar pronto.
A la vista del fin de la URSS, el comandante Fidel Castro lo advertía ya: “en este momento la ideología tiene más fuerza y más vigencia que nunca; sólo que se trata de una ideología reaccionaria”[3]. Nada de desideologización como incorrectamente se asume por confusión o por arreamiento de banderas de lucha revolucionaria. No es así cuando la ideología dominante, acuerpada en el neoliberalismo, permeó a nivel mundial al imponer su falsa consciencia.
Un par de hechos recientes sintetizan la vigorización de la ofensiva del imperialismo en frentes más allá del militar (este incluido en primer plano).
Uno. El Congreso de E.U. aprobó una resolución que condena los “horrores del socialismo” en una reedición de la cacería de brujas operada por el Comité de Actividades Antiestadounidenses durante casi cuarenta años para emprender la más feroz ofensiva judicial y política contra sospechosos de ser comunistas. La actual resolución mayoritaria en la Cámara de representantes contó con la totalidad de apoyo de los republicanos y del Partido Demócrata 109 votaron a favor y 84 lo hicieron en contra; algunos de estos consideraron que el objetivo es atacar los derechos sociales (como la mínima cobertura en salud pública).
Mientras en sectores de la izquierda se renuncia a luchar contra el imperialismo en sus facetas colonialista y militarista, el propio imperio machaca sobre quién es su enemigo: no las luchas identitarias ni posmodernas, por cierto; sino una amenaza comunista contra la que diáfanamente relanzan una ofensiva política inédita.
El mismo Losurdo en su obra (2014) apunta a la ausencia de la izquierda con respecto a la lucha contra el colonialismo durante las invasiones en Oriente Próximo y el propio golpe del Maidán ya asestado por los aliados de E.U. en Ucrania, y en contra de la destrucción contra lo que denomina “Estado social”. Este fue la última frontera defensiva de los trabajadores para preservar ciertos derechos mínimos.
Dos. El otro episodio más fresco es la denuncia del periodista Seymour M. Hersh sobre los entresijos de las agencias yanquis para atacar el gasoducto ruso-germano Nord Stream. No mereció mayor denuncia a manera de pedagógica lección sobre cómo opera el imperialismo en la misma línea denunciada por ese periodista cuando evidenció las mentiras sobre el uso de armas químicas por el gobierno Sirio. Ese modus operandi quedó sólo como una gran revelación periodística, sin mayor conexión con las filtraciones de Julian Assange en torno a las agresiones de E.U. consistentes en espionaje, operaciones encubiertas, guerra mediática y ataques militares. Todos estos son elementos que desnudan al imperialismo, pero no encontraron una lectura militante.
Ser de izquierda pareciera ya corresponder a una postura socialdemócrata, posmoderna, decolonial u otras derivas a la moda; tan inocuas a la dominación capitalista. Ni siquiera una postura anticolonial, abiertamente antiimperialista, se erige con dignidad para reivindicar las luchas por la soberanía nacional ni mucho menos contra el bloqueo a Cuba, por la defensa heroica de la causa palestina y ahora mismo, contra la represión en Perú.
Ese sería un piso mínimo para evitar la deriva reformista que vacía a la izquierda de consciencia de clase proletaria. Es así cuando el término izquierda, históricamente es muy amplio y hasta está manoseado al abarcar un gran espectro de necesaria cohesión en respuesta a la propia dominación capitalista. Tal laxitud ahora se revela como insuficiente si no se analiza y denuncia la redoblada explotación en la fase imperialista, sus mecanismos y su ofensiva ideológica.
[1] Ed. El Viejo Topo; 2014, p. 11
[2] Sader, Emir. La venganza de la historia. Ed. Era, 2004; p. 13.
[3] Entrevista a Fidel Castro del canal de televisión mexicana Imevisión, 1991. https://www.youtube.com/watch?v=m9e20P-pp-k&t=992s






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