Por Israel

Lo que “no entienden” nuestros “intelectuales” al “teorizar” la lucha por acabar con el capitalismo es que, en tratándose de esquemas mentales, tanto valen los “manuales soviéticos”, “chinos” o del país que fuera, como el querer encontrar ahora “nuevos actores” de la “lucha revolucionaria”. Si “cada país es único” y lo que vino a “homogenizarlos” es la llamada “globalización”, la “mundialización”, esto es, en modo preciso, el imperialismo (capitalista) ya sin freno, ellos desean que surja un nuevo David para enfrentar al Goliat desatado.

Y más que la discusión “de nivel teórico” (que ahora a cualquier orfandad ideológica con cierto orden le llaman teoría), el llamado “análisis de la realidad concreta” debería hacerlos pensar que si existen “otras realidades” distintas a la capitalista, no es porque nunca hubieran existido antes, o porque no se “hubieran estudiado a fondo”, o porque existe una “crisis sistémica” o una “del orden civilizatorio”.

La humanidad y toda forma de vida como se conoce hasta el momento está en peligro, tan sólo porque la destrucción del planeta (por contaminación, agotamiento de los recursos para que se reproduzcan las formas de vida, el calentamiento global, y una larga lista de peligros reales o potenciales) es tan factible a causa de que el capitalismo hoy no tiene nada que lo frene.

Pese a todo el rechazo que la existencia de países socialistas hoy defenestrados les cause a las buenas almitas de los “intelectuales”, esta presencia representó un dique para la expansión del capitalismo como “único modo de producción” imperante en el mundo. Y al igual que dicen una cosa, dicen otra, el puritanismo de estos “intelectuales” confunde momentos, circunstancias y actores.

Cómo puede ser que se luche contra el capitalismo y se esté a favor de luchar contra la oligarquía que enarbola un gobierno burgués, es una pregunta incauta. Si se condenó la expulsión de mano de obra barata a USA y ahora se aplaude el caudal de remesas que envían a sus familiares los mojados, cómo puede ser esto posible, se preguntan con escándalo desde sus esquemas impolutos los “espíritus intelectuales”.

La realidad tan puerca y mugrienta, cochambrosa a más no poder, nos embarra las manos cuando intentamos tocarla. Por eso es mejor mirar todo desde el “ámbito imparcial” del “intelectual pensante”. Y cuando la realidad marrana no se ajusta a nuestros frustrados conceptos de pacotilla, quien se equivoca es la grosera realidad que hace pucheros.

Todo proceso de lucha nunca está exento de traiciones, chaquetazos, tránsfugas, aventureros, piratas, oportunistas y una gama de desviaciones “del objetivo trazado”, que desmoraliza a quienes se imaginan la lucha de clases como una simple palabreja aprisionada en un libro cerrado, o como parte de la ocurrencia de un “ochentero trasnochado” (como le oí a un zafio perdulario “muy leído” que citaba libros como si se tratara de combinar recetarios de cocina).

Para el jodido, el muerto de hambre, el obrero, su antípoda es el patrón, el millonario que no padece hambre, el hijo del burgués (junior) al que “la vida le facilita todo”. Y si es cierto que si no llegara el caudal de remesas que los expulsados de México envían a sus familiares la situación en el país sería diferente, también es innegable que este caudal ha crecido porque esos expulsados confían “en el señor presidente”.

La pureza de nuestros prejuicios y el miedo a que la chusma participe de cualquier manera en conducir los destinos de su propia vida y del país en que se encuentran, como parte de las clases sociales dominadas en el capitalismo, genera un escándalo histérico y una campaña por descalificar cualquier cosa que huela a “chusma vociferante”.

Y aquí el afán siempre oportuno de la desmoralización de “los intelectuales” que se nombran así porque de alguna manera deben autoelogiarse. No seamos de este modo con almita endeble y pachorruda. Que la desesperanza propia de todo espíritu decadente no corte nuestra respiración. “Ánimo, ánimo”, dice quien preside a este país antes de iniciar su catarsis pedagógica cada mañana.

Tampoco se trata de echar las campanas al vuelo. Aunque la oligarquía no ha logrado articular las circunstancias habidas a su favor no baja la guardia. Por lo mismo, luchar por acabar con el capitalismo no se nutre de los prejuicios que desmoralizarán, porque esta lucha no sea tan pura, pero tan pura, que se convierta en pura tomadura de pelo. Y habiéndonos levantado en armas, terminemos haciendo comunicados “de resistencia” o declarando que “la digna rabia” es lo de moda.

Donde esté uno, si no se pierde la perspectiva de lo que implica de verdad ir a la raíz de todo lo que es propio del ser humano (porque el capitalismo es un resultado de la existencia de esta especie considerada la “mayor depredadora”, puede terminarse también y cambiar las circunstancias existentes), siempre se encontrará un quehacer para que el capitalismo sea empujado a su sepultura.

Si concebimos que no tiene importancia nada de lo que se hace por acabar con el capitalismo, dado que el alcance de cada uno y de las clases sociales a la que podemos pertenecer en nuestra condición histórica y la circunstancia material que define nuestro ser cotidiano, siempre es limitado, escribir como se hace ahora, protestar contra alguna injusticia, repartir un volante de denuncia e información, o cualquier otra cosa en que se traduzca nuestro quehacer, éste estará atado una derrota de antemano.

Y nada más inútil entonces que querer llevar a cabo una lucha contra el capitalismo y esperarnos a hacer algo hasta que “la verdadera lucha” surja de los “nuevos actores” descubiertos por las almitas impolutas de los “intelectuales”.

Cuando a falta de cacumen para desentrañar lo que en la realidad está sucediendo “descubrimos algo nuevo” para no aparecer como “ochenteros trasnochados”, son los mecanismos creados por el mismo sistema capitalista los que actúan sobre nosotros. El afán de la desesperanza que inculca el capitalismo por todos lados es su psicología para desmoralizarnos, y ahí entra al juego la cobardía de los “inteligentes intelectuales” a los que no debemos seguirles el ejemplo.

Deja un comentario

Trending

Descubre más desde Periódico Revueltas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo