Natalia Romero & Guillermo Gutiérrez
Eufemismo, son las expresiones que utilizamos en nuestros discursos con maña, saña o ganas de emblandecer (manipular u ocultar) una situación que nos resulta desagradable, ofensiva o inapropiada, pues justo son los hablantes quiénes bajo un determinado contexto le dan sentido.
Así tenemos a los dueños de la universidad que con bellísimos discursos buscan endulzar el odio de quienes en realidad les pagan sus salarios (aunque, en el fondo sientan desprecio): “los mejores alumnos aceptados” en lugar de “los jodidos no pueden entrar a estudiar”; “universidad con certificaciones” en lugar de “universidad en proceso de privatización”, “Nueva Cultura Universitaria” en vez de: “vamos a enterrar el carácter crítico, democrático y popular de la universidad”, “medidas de seguridad por el covid”, en lugar de “que se chinguen los DASUS a estudiantes, trabajadores, niños o peligrosas amas de casa que quiera entrar” o “Puertas Abiertas” que sustituye a “ora sí vamos a darle chance a los jodidos entrar a la Universidad Pública, goey”.
Con una retórica rebuscada, engañosa, fantasiosa han puesto a la BUAP como un lugar lejano para los sectores que pagan la educación de miles de universitarios. Y es que (¡Que no se olvide!) el pueblo trabajador es el que solventa la educación de los estudiantes, no sólo de la BUAP, sino de todo el país. Por ello, la novedosa, cuantiosa, humilde, generosa y gentil propuesta de “Puertas abiertas” de la científica, humanista, animalista, panista, morenista rectora Lilia Cedillo se ve como un acto de buena fe, que intenta ocultar el fondo de la cuestión que es la PRIVATIZACIÓN.
La propuesta de la rectora científica va de que: durante dos días la BUAP estará abierta al público en general, dándole “chance” a que los apestados, arrabaleros, puedan conocer la lujosa y ostentosa infraestructura de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Incluso, las autoridades se jactan de embebecer el oído del pueblo poblano, dicen en su discurso “la sociedad desconoce lo que hacemos”; es que piensan que la gente no va a entender las mediocres investigaciones.
Y es que un eufemismo que se repite y se repite no deja de ser lo que es, sólo que se acepta, y se crea una realidad alterna: así la rectoría y sus allegados (desde los años 90) han creado una imagen en dónde sólo aquellos capaces, mejor preparados, de IQ sumamente alto (o sea, los menos jodidos) tienen acceso a la máxima casa de estudios. Han hecho de la universidad un privilegio y no un derecho.
La tan afanada imagen del rector/rectora ha llevado a creer que es el Rey de todos los campus (como dicen los chavos), que la comunidad universitaria sus subsiditos y que quienes (verdaderamente) solventan su reino sean totalmente ajenos a o que con su trabajo han construido. Se ha normalizado tanto ante la sociedad el cierre de la universidad que ahora la entrada a un espacio público -como la UAP- es un verdadero privilegio, un territorio al cuál los rascuaches trabajadores, amas de casa y niños podrán convivir con los de élite y con los grandes científicos; privatización, es el eufemismo que ya se empieza aceptar[1].
Referencia: https://www.milenio.com/politica/comunidad/buap-prepara-jornada-puertas-abiertas-proyecto-investigacion
[1]“Nominalizaciones verbales que aumentan la indeterminación. En este sentido, ponen como ejemplo el término privatizaciones, que proviene de privatizar y ofrece una idea de futuro, al tiempo que evita especificar la persona agente de la acción, aún más cuando se habla de política de privatizaciones, como si no fuera nadie ni ningún gobierno quien desarrolla una medida que resulta tan impopular. Asimismo, en el discurso inaugural de Rajoy encontramos otro ejemplo de nominalización, esta vez, cuando el presidente se refiere entre las medidas más urgentes al «redimensionamiento del sector público y del personal a su servicio».” Sapena E., Amaya (2013) “El eufemismo en el discurso político. Distintos géneros, distintos usos”, pp 15.






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