Escrito por: Paola Fuentes

A la memoria de mi abuelo, Marino Fuentes Conde

Se van perdiendo en el tiempo mis años,

Se van quedando muy lejos.

Ya no me lleva mi padre en la mano,

Solamente sus consejos.

Viven en mí los consejos de niño cuando

Una estrella deseaba como recuerdo a

Mi padre, que con eso

Sonreía […] (Tcherkaski, 1969).

La lectura en voz alta constituye una experiencia estética porque es un ejercicio que suscita sentimientos en los oyentes, desarrolla el intelecto y favorece la imaginación y la memoria. Prueba de ello es que hoy, a través del libro Las Mil y Una Noches, pude revivir la voz de mi abuelo, su forma de narrar y también me fue posible encarnar los diferentes escenarios donde le pedía que «me contara un cuento». Generalmente, aquellas tardes en las que los quehaceres del hogar ya habían concluido y tocaba entretenerse a través de la reunión familiar, acompañada también de la práctica del bordado; o aquellos momentos en los que iba a la habitación de mi abuelo e, interrumpiendo su descanso, le dábamos vida a esta obra literaria. Pues bien era sabido que, como el rey Shahriyar, yo no me conformaría con un solo cuento y mi abuelo, representando el papel de Shahrazad, como si su vida dependiera de hacer tiempo a través de la narrativa, terminaba un cuento e iniciaba otro.

La memoria de mi abuelo, al igual que la de Shahrazad, era vasta. A veces se ponía a recitar las poesías que había declamado en su primaria; recordaba y exponía algunos pasajes de sus libros de Historia y hasta comparaba el temario de mis libros con los que él había estudiado. La manera en la que narraba cada uno de los cuentos y pasajes de su historia siempre funcionó como vehículo para que no solo comprendiera dichas historias, sino también para entender gran parte de la construcción social, psicológica y cultural; incluso, para despertar diversas cuestiones en relación con los motivos por los cuales los personajes se habían comportado de tal manera. Ahora entiendo cuando Alva Noë, en su libro Strange Tools, nos enseña que la memoria funciona como una herramienta que nos permite organizar la forma en la que comprendemos el mundo. Dicha característica es propia del arte, pues a través de la pintura, la escultura, la música, la literatura y demás experiencias artísticas se constituye la forma en la que le damos sentido a la vida.

Cuando llegué al primer cuento, Historia del asno y del buey con el dueño del campo, ya me encontraba demasiado conmovida de volver a escuchar, en mi recuerdo, la voz de mi abuelo. Pero ¿dónde estaban esas expresiones que él decía y que le daban una esencia mucho más rica a la historia? ¿Dónde están esos sentimientos que me parecían tan cercanos y comprensibles a la hora de ir recibiendo el cuento? Pienso, por ejemplo, en la preocupación que mostraba el mercader cuando se encontraba en la disyuntiva de revelar que tenía el don de hablar con los animales o callarlo, aun con la implicación de separarse de su esposa para siempre. O cuando nos decía que el gallo vivía con tanto regocijo entre muchas hembras y ninguna se le enojaba, porque recuerdo que esos momentos de la trama me parecían mucho más simpáticos que como los expone la literatura por sí misma.

La lectura en voz alta, o la narración de mi abuelo —y la de quien se dé la oportunidad de compartir una historia—, no se limita a despertar la imaginación en el plano de la fantasía, sino que alcanza un nivel más profundo, crítico y filosófico. A través de los distintos tonos de voz, las expresiones orales y faciales e incluso los ademanes, el oyente puede experimentar otras formas de percibir y comprender la historia, incluso inimaginables. Precisamente en esa transformación de nuestra manera de percibir radica su dimensión estética.

Mi abuelo me estaba entregando su sentir en cada una de las acciones de los personajes, dejándolas tan grabadas en mi memoria que ahora puedo identificar dónde exactamente se complementaría la narrativa. Tolstói propone que el verdadero arte debe basarse en la comunicación de sentimientos profundos. Para él, el verdadero fenómeno estético se da cuando el productor logra representar de manera efectiva los sentimientos y el receptor consigue comprenderlos. Además, sostiene que el arte debe crear una experiencia humana compartida, sin excluir a las clases subalternas, y ejemplo de ello son estas reuniones o encuentros en los que compartimos historias literarias a través de la voz.

Nunca había sentido la necesidad de leer la antología de Las Mil y Una Noches porque, desde que era muy pequeña y hasta hace 10 años, tuve a mi abuelo para revivirlas. Una vez que falleció, me conformaba con saber que ya conocía esta obra desde su voz. En alguna ocasión saqué pequeños párrafos para poner ejercicios o evaluaciones a mis alumnos como parte de la asignatura de Literatura; sin embargo, ahora que me he dispuesto a leerla de principio a fin, he descubierto que no solo conservo un recuerdo valioso, sino que ya estaba inmersa en experiencias artísticas.

Las Mil y Una Noches es un compendio de cuentos escritos que alguna vez solo sobrevivieron a través de la palabra. Gracias a mi abuelo, estas historias también lograron sobrevivir una generación más, pero, sobre todo, dentro de un marco educativo en el que el relato funcionó como la herramienta que permitió experimentar el fenómeno artístico. Antes de habitar en las páginas de este libro, aquellas historias ya habitaban en la voz de mi abuelo; y fue precisamente desde esa voz donde comenzaron a adquirir un significado estético para mí. Como ya se ha expuesto, la memoria, la imaginación y la comunicación de sentimientos son características propias del arte y, al estar presentes en la narración en voz alta, permiten que esta se constituya como una experiencia estética. En conjunto, además, contribuyen al desarrollo del intelecto, pues a través de este proceso también se adquieren nuevos conocimientos.

 

Referencias:

 

Paola Fuentes es maestrante en Estética y Arte. Sus intereses de investigación se centran en la filosofía del arte, la literatura y el análisis estético de las manifestaciones culturales.

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