
En apariencia, dos gobiernos de supuesto corte político distinto y hasta opuesto (“izquierda” en México y “derecha” en Argentina), avanzan en la aprobación de reformas laborales que, en el fondo, coinciden en el mismo objetivo: aumentar la apropiación de plusvalía, trabajo no pagado, por parte de capital, contra los trabajadores.
La tendencia a flexibilizar-alargar la jornada de trabajo es mundial: en Grecia, en octubre de 2025, se aprobó la extensión de la jornada laboral hasta las 13 horas diarias (“limitada” a 37 días al año), con una “bonificación” del 40% por hora extra[1].
En Ecuador, el gobierno derechista de Noboa busca la “reorganización” de la jornada laboral, con jornadas de hasta 10 horas sin pago de horas extra, sin exceder las 40 horas semanales, pero contemplando hasta 6 días laborables a la semana[2].
El marxista ecuatoriano Agustín Cueva establece que una de las funciones fundamentales del proceso de fascistización es el abaratamiento de la mano de obra, para el beneficio del capital monopolista, en un contexto de crisis y, primordialmente, mediante métodos terroristas.
Exprimir a la clase trabajadora para obtener mayor plusvalía no se logra únicamente mediante la reducción de salarios y prestaciones, sino también alargando la jornada laboral o incrementando la intensidad del trabajo.
En ese sentido y en este contexto se inscriben estas reformas laborales. Vivimos un proceso de fascistización marcado por la crisis del capital, que no sólo lo impulsa a expandirse y buscar nuevos espacios de valorización, sino también a profundizar la extracción de plusvalía dentro de la propia jornada laboral.
Todo ello ocurre sin importar colores, consignas o símbolos gubernamentales: cuando el capital impone su lógica, fundada en relaciones de violencia y despojo, termina siendo el principal beneficiado.
Del fin del neoliberalismo decretado por la “Cuarta Transformación” en México, a la omnipotencia del “mercado” como ordenador de la sociedad, del proyecto “Libertario” en Argentina, nos encontramos con el verdadero rostro de los gobiernos y el destape de sus coincidencias cuando se trata de la apropiación del trabajo no pagado en la jornada laboral.
En ambas reformas se abre la puerta a esquemas de organización laboral que permiten extender la jornada diaria hasta 10 e incluso 12 horas mediante redistribución de horas, bancos de tiempo u horas extra, modificando además la forma en que estas se pagan o compensan.
En México, se amplía el número de horas extras semanales de 9 a 12, y de 3 hasta 4, las diarias. Aunque aquí se conserva el pago de las horas extras, el esquema cambia, pues si antes la cuarta hora de trabajo extra se pagaba al 200%, ahora seguirá al 100%. Un “pequeño hurto” de trabajo que significará millones en beneficios para los capitalistas.
En Argentina se constituye la figura de “banco de horas” para que los trabajadores trabajen más horas algunos días, supuestamente compensables con la reducción de la jornada en otros. Es decir, las 48 horas semanales no se cambian, pero el reparto de estas sí. Un trabajador puede laborar un día 10 horas (y hasta 12) y el otro sólo 6. Las 2 horas extras del primer día no se pagan y se “cambian”, por horas de “descanso”.
En Argentina, además, se imponen restricciones al derecho de huelga, pues se obliga a mantener “servicios mínimos” en hasta el 75% de las actividades de la empresa en paro y la organización de asambleas obreras, queda supeditada a la aprobación del capitalista.
También, se crea un fondo para cubrir indemnizaciones, que permite que las contribuciones patronales dejen de ser percibidas por el gobierno y pasen al capitalista para cubrir el gasto de despidos. Se reducen el pago para licencias por enfermedad o accidentes no laborales y se introduce la figura de “salario dinámico”, con el que se dinamita la estabilidad de los salarios, que pasan a depender, en parte, de productividad, metas y desempeño[3].
Los dos gobiernos (mexicano y argentino) defienden que las jornadas pueden “acordarse” individualmente entre el trabajador y el propietario. Pervive, así, la visión liberal según la cual las negociaciones entre obreros y capitalistas se dan entre “iguales”, entre sujetos que, formalmente, se encuentran en un mismo nivel jurídico. Otra inocultable coincidencia entre dos gobiernos aparentemente dispares ideológica y políticamente.
Pero, como lo escribía Marx, “Entre derechos iguales, decide la violencia” y mientras el obrero tiene que acudir diariamente a vender su fuerza de trabajo para seguir sobreviviendo, es el capitalista, propietario de los medios de producción, quien tiene el poder para imponerse.
De un lado, tenemos la actuación de cámaras empresariales, no sólo conformadas por sector sino de alcance nacional y, del otro lado, sindicatos conformados casi por empresa, en su mayoría cooptados y vendidos. A lo que se suma la influencia directa de los capitalistas en los poderes legislativos, en comparación con la nula representatividad obrera.
Como lo señalaba Marx, la lucha por la reducción de la jornada de trabajo representa una “guerra civil” entre la clase obrera y los capitalistas; mediada, claro está, por el gobierno. En este caso, tanto el gobierno mexicano como el argentino se deshacen de sus ropajes conceptuales ambiguos que aluden a cuestiones abstractas para presentar su verdadera razón de ser: permitir la mayor apropiación de plusvalía.
El capital, nos dice Marx, usurpa a las y los trabajadores hasta el tiempo de trabajo destinado al crecimiento, al desarrollo, a respirar aire fresco y tomar el sol, regateándoles incluso el tiempo para comer, el cual es incorporado al proceso de producción. Hasta el sueño, agrega el pensador alemán, queda reducido a “unas cuantas horas de inerte rigidez”.
Se encuentra en disputa no sólo el salario, sino el tiempo, las condiciones y prestaciones ganadas históricamente, todo en el horizonte del proceso de fascistización rampante a nivel mundial y que nos pone en la mesa la discusión sobre la necesidad de generar salidas organizativas frente a la dictadura del capital.
[1] https://www.swissinfo.ch/spa/grecia-aprueba-ampliar-la-jornada-laboral-hasta-un-m%C3%A1ximo-de-13-horas-diarias/90177091
[2] https://www.expreso.ec/actualidad/economia/gobierno-de-ecuador-plantea-reformas-en-la-jornada-laboral-que-cambios-se-buscan-272503.html
[3] https://www.telesurtv.net/argentina-y-la-reforma-laboral-datos-claves-de-la-precarizacion-de-la-vida-de-los-trabajadores/






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