Escrito por Ángeles Tepox Vivar

La intervención armada de EE. UU. en Venezuela, además de sus implicaciones materiales y económicas, tiene una dimensión mediática fundamental que resulta necesario desmenuzar. El secuestro del presidente constitucional y legítimo Nicolás Maduro manda un mensaje contundente por parte de los gringos: o estás en contra mía o estás a favor mío, mensaje que se transmite a través de los medios de comunicación y en las rede sociales.

Este mensaje pretende ser un duro golpe a la organización política en Venezuela, pero también es una disuasión a nivel regional para no romper con las relaciones de sujeción que históricamente Latinoamérica ha construido con EE. UU.

A ese respecto, el secuestro del presidente constitucional y legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro, forma parte de una estrategia mucho más amplia denominada como Guerra Irregular. Técnicamente la Guerra Irregular tiene como objetivo el control sobre la población civil y la neutralización del Estado. Su táctica fundamental es la contrainsurgencia, lo que significa en términos generales usar la subversión, la infiltración, las operaciones psicológicas, penetración cultural y decepción militar (Allard & Golinger, 2009).

El énfasis en el carácter mediático y psicológico de la guerra emprendida por EE. UU. contra el mundo no tiene por objetivo diluir o infravalorar la importancia de la guerra tradicional, entendida— en su acepción más simple— como derrotar de las fuerzas armadas del adversario mediante el uso del poder militar.

Por el contrario, se está sobredimensionado la capacidad económica y bélica de EE. UU.: el atroz secuestro del presidente Nicolás Maduro no es una señal de superioridad, por el contrario: exhibe la debilidad de una potencia imperialista en decadencia que recurre a medidas desesperada para mantenerse en el tablero mundial.

De suerte que, a la par de la guerra convencional, EE. UU. utiliza los medios masivos y las redes sociales ampliar la base fascista a nivel mundial a través de operaciones de carácter psicológica, afectando la racionalidad de la gente, contribuyendo al desgaste político y a la capacidad de resistencia de sus enemigos (Aharonian, 2018, citado en (Urra Riveros, 2021). El mensaje es claro: no hay otra opción más que estar con los gringos, porque estar en contra de ellos puede salir muy caro.

El bombardeo a Caracas y el secuestro del presidente Maduro es utilizado como una táctica de engaño militar y desinformación. Además de la guerra como tal, los gringos pretenden adquirir ventaja a través del manejo de la información. Se crea una narrativa donde los gringos se asumen como exitosos en sus campañas de guerra económica y tradicional: hacen y deshacen a su conveniencia y no hay fuerza opositora que pueda enfrentarlos.

Existe la visión de que EE. UU. ingresó al país de manera impune sin ser detectado y sin mayor enfado secuestró al presidente Maduro. Esa es una tergiversación de lo que realmente sucedió: EE. UU. invadió un país violando acuerdos internacionales que regulan los conflictos entre naciones.

Masacró tanto a militares cubanos y militares venezolanos; bombardeó ciudades y con ello dejó personas desaparecidas y cuerpos fragmentados (La Jornada, 2026). Hay graves consecuencias por los actos cobardes de esta nación, simplemente no se puede imponer la retórica de EE. UU. como ganador.

La invasión y secuestro del presidente constitucional Maduro es una estrategia más en la amplia escala de acciones gansteriles que está llevando acabo EE. UU. Dentro de sus principales objetivos se encuentra proyectar una visión distorsionada para reforzar su dominio sobre sus vasallos, pero sobre todo de legitimar sus acciones.

El caso de Venezuela— y sea dicho de paso también en el caso de Irán— se descalifica como dictaduras que necesitan ser destruidas, y EE. UU. se abroga de manera unilateral el derecho/obligación de detenerlos. Esta acción es a todas luces cuestionable, y tiene una amplia base popular que apoya y normaliza esa visión.

Es decir, hay una amplia base social que está a favor de dichas medidas y, además, intenta sumar a facciones indecisas que aún no sea han fascistizado. Ahí es donde realmente está el problema. No existe ningún argumento válido que justifique medidas militares de este tipo. No hay ninguna razón legítima que justifique secuestrar a un presidente. Ni tampoco hay ninguna razón que válide la desestabilización social y política de Venezuela ni de Irán: no es negociable esa premisa.

Ahora bien, ¿qué hacen los gringos y sus aliados? Crear una realidad paralela, construida a partir de desinformación y tergiversación de la realidad, para justificar sus medidas abiertamente arbitrarias, unilaterales y violentas ¿Cuál es el objetivo? Aterrorizar a la comunidad internacional para que consoliden las relaciones de dominio con Washington y disuadir abiertamente a los países a afianzar lazos con sus enemigos, o sea los chinos.

El reino del terror y del miedo son los ingredientes necesario para fascistizar al mundo con una amplia aceptación de la propia sociedad. Como en el tiempo de los Nazis, todo los países van a someterse a tratos y acciones que en otras circunstancias no serían aceptables bajo ninguna condición. Habrá muchas concesiones que se realizarán con el chantaje de no desatar una guerra o de no ser objeto de una intervención militar como la que se llevó a cabo el 3 de enero contra los venezolanos.

Así, el problema no es únicamente la desestabilización en manos de EE. UU., lo es también la base social que lo respalda y lo legitima. Esa base social no solo está completamente desinformada de lo que sucede en países como Venezuela e Irán, también repiten esa narrativa fascista que justifica todo. Entonces, no solo se justifica el violar el derecho internacional, se seguirá justificando cualquier otra violación, invasión o medida que permitan proteger los intereses económicos y geopolíticos de EE. UU.

El caso venezolano es de verdad emblemático debido a que no han funcionado las tácticas gringas de desestabilización política. Básicamente han fracasado los golpes de estado, sabotajes económicos, intervenciones electorales, amenazas diplomáticas y las guerras mediáticas.

Incluso medidas un poco más complejas como el magnicidio, y el separatismo han sido consideradas, así como la propia intervención militar (Allard & Golinger, 2009) y parece que correrán la misma suerte, o sea no va a funcionar, en tanto se mantenga la unidad y el avance de la Revolución Bolivariana en Venezuela, pero también este proyecto debe de ser respaldo a nivel internacional.

Implicaciones para México: reforzar el avance del fascismo a nivel nacional (valga la redundancia)

La intervención militar del 3 de enero en Venezuela afecta directamente a todos los países latinoamericanos. En el caso de México significa una profundización de la política entreguista a manos de la presidenta con a, Claudia Sheimbaum.

México es el principal elemento en la geoestrategia gringa de armar un bloque antichina en el continente americano, razón por la cuál utiliza este hecho atroz como una amenaza de lo que nos podría suceder si hay un giro en contra de los intereses de los gringos.

Es verdaderamente ofensivo el nivel de cinismo y descaro que tiene la 4T en cuanto a lo política exterior e interior en nuestro país, ya que no cuestiona en lo más mínimo a EE. UU., ni mucho menos toma medidas contundentes contra un socio comercial que actúa de manera unilateral. Se utiliza el T-MEC y una posible crisis económica como pretexto para seguir justificado ser los rehenes de los gringos, y ahora más con una posible invasión en ciernes.

A nivel de política exterior solo se hacen declaraciones y como dice el dicho popular ‘las palabras se las lleva el viento’. En los hechos se convalida la política imperialista de EE. UU., las relaciones de nuestro país no pueden mantenerse como si nada hubiera pasado. Ese es el precisamente el objetivo de EE. UU.: aislar la revolución bolivariana a nivel internacional y el gobierno de la 4T es cómplice de ese vacío político en contra de nuestros hermanos venezolanos.

Los discursos de la presidenta con a son pura demagogia. Para empezar, el posicionamiento en contra de Gaza—aparentemente condenado al ente ocupa-sionista de Israel—en realidad evade el problema. Utiliza la soberanía y el (supuesto) respeto al derecho ajeno para posicionarse a favor de EE. UU. Y esa misma línea diplomática se materializa en caso de Venezuela. A ese respecto, es necesario decirlo con todas su letras: el gobierno de la 4T es un comparsa de la política imperialista de EE. UU.

No hay ninguna solidaridad con Venezuela ni con Irán, países que sufren abiertamente agresiones imperialistas. No hay medidas contundentes y posicionamiento en contra de las medidas unilaterales y violentas de los gringos. Ningún país hasta ahora, más allá de Cuba, ha presentado un verdadero respaldo diplomático y político que permita disuadir a EE. UU. de mantener su política de intervención.

El secuestro del presidente Maduro es aprovechado como un recurso para aterrorizar a los mexicanos para consolidar el viraje a la derecha y consentir medidas que en otras circunstancias serían simplemente inaceptables. Además de sus amenazas, Washington está intensificando la presión sobre México para que permita a las fuerzas militares estadounidenses llevar a cabo operaciones conjuntas con el pretexto de desmantelar laboratorios de fentanilo en nuestro país (The New York Times, 2026). La propuesta fue archivada el año pasado, pero tras el secuestro de Maduro regresó a la mesa.

Conjuntamente, a nivel de política interior, el secuestro de Nicolas Maduro se utiliza como un recurso para fascistizar aún más la bases social en nuestro país. Cualquier tipo de solidaridad o siquiera simpatía por Maduro es condenada y repudiada.

Mezclan el pensamiento mágico con la narrativa que intenta imponer EE. UU. Hay descalificaciones abiertas contra los que mostramos solidaridad como los venezolanos y muchos son acusados de no denunciar la violencia en nuestro país o de ‘criticar cómodamente’ desde nuestro ‘privilegio’.

¿Qué clase de argumento es ese? Ninguno, es una abierta descalificación contra la solidaridad a la que tenemos derecho y debemos seguir defendiendo. Aquí defendemos a Maduro y la Revolución Bolivariana y repudiamos a Trump y los gringos. No vamos a entrar a ese debate de luminarias académicas sin compromiso político que pretenden estar bien con Dios y el Diablo al señalar que están en contra del intervencionismo gringo no es estar a favor de Maduro: no somo vergonzantes y defendemos a la Revolución Bolivariana.

Además de ese aislamiento político a nivel internacional que EE. UU. está tejiendo en contra de la Revolución Bolivariana; y de amedrentar a los países latinoamericanos para seguir siendo su patio trasero, se está generando un ambiente de abierta intolerancia y persecución política.

Es esa intolerancia a la solidaridad con los pueblos es justo el caldo de cultivo de persecución política que le sirve a la derecha nacional e internacional. Estamos en el mundo al revés completamente: el violador no solo es justificado, es defendido y es aplaudido a nivel social e institucional, como lo fue en su momento Hitler y sus seguidores.

 

Bibliografía

Allard, J.-G., & Golinger, E. (2009). USAID, NED y CIA. La agresión permanente. Obtenido de Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información : https://www.rebelion.org/docs/122608.pdf

La Jornada. (13 de enero de 2026). Bombardeo de EU contra Venezuela dejó personas desaparecidas y cuerpos fragmentados . La Jornada. Obtenido de https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/01/13/mundo/bombardeo-de-eu-contra-venezuela-dejo-personas-desaparecidas-y-cuerpos-fragmentados

The New York Times. (15 de enero de 2026). EE. UU. presiona a México para que fuerzas estadounidenses combatan a los cárteles . The New York Times. Obtenido de https://www.nytimes.com/es/2026/01/15/espanol/america-latina/trump-mexico-carteles.html

Urra Riveros, F. J. (2021). Las operaciones militares de decepción: un enfoque desde psicología. Revista Ensayos Militares, 69-84.

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