
Escrito por: Ángeles Tepox
El pasado 15 de noviembre del 2025 se llevó a cabo una movilización en contra del la administración de Claudia Sheinbaum y en sí del proyecto de la 4T. A nivel mediático, tanto en la arena nacional como internacional, se afirma que la movilización fue encabezada por la llamada Generación Z, sin partido y sin ideología. El objetivo de la movilización— reza la prensa— consistió en exigir acciones concretas contra la violencia y la inseguridad, y, a la vez, hacer visible el hartazgo social de una generación.
Nada más alejado de la realidad. Empecemos por señalar que lo que se registró fue una intentona de golpe de Estado que tiene varias implicaciones políticas de interés para todos nosotros. No fue una movilización apolítica y sin ideología, por el contrario, la llamada Generación Z es un recurso que busca ocultar el sustrato de clase: los anquilosados conservadores, reductos de la vieja mafia que se niega a perder el poder político.
Recordemos que la elecciones ganadas en las urnas y en las calles por López Obrador, así como el posterior gane de Claudia Sheinbaum significó, entre otros aspectos, la entrada de una nueva mafia al poder. Esos capitalistas desplazaron a otros capitalistas de igual o peor calaña, distinguiéndose solo porque defienden otra variante del mismo proyecto político capitalista, amplificando aún más un pleito interclase que de suyo traían.
Los bastiones conservadores— herederos de Santa Anna, de Lucas Alamán, de Porfirio Díaz, de todas esa lacras vendepatrias— están dando la pelea para regresar al poder y recurren justamente a estas medidas de desestabilización social y política para abrirse paso a Palacio Nacional.
Estos reductos de la vieja mafia no terminan de aceptar (¿entender?) que, a como están las cosas en México, a Palacio Nacional— como símbolo del poder político—no se entra mediante la escena montada el 15 de noviembre: se entra a través de las elecciones, infiltrándose en la nueva mafia o bien a través de un golpe de estado interior.
Por lo tanto, lo primero que se debe destacar es que se trata de una lucha entre los propios capitalistas: una facción capitalista perdió sus prerrogativas e intenta, como históricamente lo ha hecho, tomar el poder por la fuerza. Pero eso no significa, en ninguna circunstancia, que el actual gobierno deje de ser capitalista. Mucho menos aún, significa que debamos apuntalar a un gobierno progresista, denominación igualmente imprecisa que entrampa la discusión. En esencia, esa es una confrontación interburgesa entre la vieja mafia y la nueva mafia.
En segundo lugar, resulta fundamental preguntarnos ¿por qué una movilización? En otros términos ¿por qué la vieja mafia recurre a la movilización social? Esta facción capitalista desplazada intenta emular, en un ejercicio verdaderamente burdo, las movilizaciones que llevaron a López Obrador a la presidencia. Pretenden dotar de legitimidad a un intento de golpe de Estado; sin embargo, carece de base social para sostenerse.
Si bien muchos capitalistas y pequeñoburgueses, herederos de los conservadores, se movilizaron, estos carecen de una amplia base social: no les dan los números en las calles. De manera que, al menos en el enredo que tenemos de democracia en México, significa que una porción de esa legitimidad se gana a través de la aceptación y movilización de las masas populares. Por esa razón, esa facción burguesa recurre a los únicos que pueden pagar: el lumpenproletariado.
Diversos medios no vendidos han documentado que quienes llevaron a cabo la intentona fueron grupos ligados al narcotráfico y no los mentados jóvenes. Organizaciones como la Unión Tepito, por ejemplo, son los que encabezaron el ataque contra Palacio Nacional. Se les acabo el parque y la paga al lumpenproletariado y con ello se extinguió la movilización. Por su puesto, no se trata de infravalorar el potencial desestabilizador de estos reductos conservadores, por el contrario, la estrategia de desencadenar un golpe de estado, por el momento, falló porque no tienen una estructura social organizada, solo grupos asueldo y con eso no se sostiene un golpe de Estado.
No obstante, el problema al que nos enfrentamos es un poco más complicado. Este intento de golpe de Estado paradójicamente favorece a la nueva mafia y el potencial fascista más consolidado se encuentra precisamente del lado de la socialdemocracia de la 4T. Esa facción que ostenta el poder político en nuestro país es aún más peligrosa que estos conservadores envalentonados porque sí tiene legitimidad y tienen una amplia base social organizada, granjeada a partir de programas sociales.
Reiteramos nuevamente: no se trata de menospreciar el papel de esos reductos de la vieja mafia, más bien la propuesta es no caer en espejismos derivados de ideas dicotómicas de malos y buenos. O sea, partir de la premisa de que los panistas son los malos y los morenistas son buenos nos lleva a análisis superficiales y funcionales a la burguesía. Por el contrario, ambas facciones son capitalistas y no van a dejar de serlo solo por usar ropajes populares.
Ahora bien, el problema al que nos enfrentamos es la fascistización del país. Esto significa que coexisten dos vertientes, la primera, más o menos caracterizada y claramente identificable en el ataque a Palacio Nacional, a manos de la vieja mafia. Y la otra, que tiene su base en Morena, una base social altamente organizada que sí puede sostener un proyecto fascista. Erróneamente se asume que, dice Wisniewski (2025),los fascistas y los nazis manipularon a una turba sin forma, más bien acapararon una robusta organización y la fascistizaron.
Entonces, ese análisis mal enfocado ve fascismo en la intentona de golpe de estado de la vieja mafia, pero no reconoce el fascismo que hay en la base social que sostiene a la 4T en el poder. Precisamente, el balance en diversos espacios de opinión política coincide en que la cobertura— y por definición la naturaleza de la movilización del 15 de noviembre— tiene por objetivo ‘desprestigiar a gobiernos progresistas’ (Sputnik, 2025).
Sin lugar a duda hay una campaña mediática a nivel nacional e internacional para sobredimensionar el peso de la marcha y el ataque a Palacio Nacional, exhibiendo el poder mediático que aún tienen las huestes de la vieja mafia; sin embargo, eso no significa que dos positivos den negativo, son igual de fascistas ambos bandos y el que tiene el potencial más peligroso es el que actualmente ostenta el poder político.
En suma, la intentona de golpe de Estado de la vieja mafia seguirá, por ahora en el único espacio en el que se puede dar que es en el mediático. A través de campañas de desinformación y mentiras, intentando menoscabar la legitimidad de Claudia Sheinbaum y de la 4T, pero esa batalla se da en esa arena porque esos bastiones conservadores no tienen base social. La base social está ahorita cooptada/capturada por la nueva mafia y eso no nos coloca en un lugar mejor, por el contrario, justo esa estructura altamente organizada con el proyecto reformista de la 4T es el caldo de cultivo perfecto para el fascismo.






Deja un comentario