
Escrito por un Obrero automotriz anónimo
“El fin de la historia”, “ya no hay otra cosa”, “las relaciones sociales de producción serán así por siempre”: dichos que se encuentran en el subconsciente de la clase obrera (dicho sea de paso, la mayoría de la población).
Han logrado su cometido los dueños del mundo; han vuelto la consciencia del hombre en simple expresión de la supervivencia en la jungla de fábricas y empresas. En los pensamientos de los obreros solo hay repetición de hechos y sucesos directamente relacionados con el dinero que se obtiene de vender su fuerza de trabajo (todo gira en torno a la chamba).
Las relaciones sociales que se dan dentro de esta conglomerado fabril están plagadas de actitudes individualistas y pareciera ser que los lazos de hermandad y mutua ayuda se han borrado de ellas. El capital ha destruido el humanismo en la consciencia obrera. Nos hemos vuelto apáticos y ajenos a las injusticias que se cometen cerca o lejos de nosotros.
Se respiran aires de derrotismo, pareciera como si la evolución se haya detenido.
¡Pero por qué! ¿Qué es lo que demuestra esta idea, en que me baso para hablar de esta barbarie? Ayudaría un poco ver el contexto en el que se desenvuelven las vidas de las personas en las fábricas.
De inicio nos encontramos con el seno familiar, en donde dependen totalmente del dinero obtenido por trabajar en la industria, varios de los miembros de las familias en algún momento de su vida se tienen que enfrentar al hecho de buscar trabajo en este conglomerado fabril, si corren con suerte y son contratados firman contrato por cortos periodos y son afiliados a un sindicato (que en mucho de los casos no sabes ni quiénes son, parecieran ser fantasmas de esos que se hablan rumores pero nadie ha visto, al menos los notas cuando te quitan tu cuota sindical).
En algún momento los patrones dan contratos de planta para emplear por tiempo indefinido, esto lo hacen según ellos para mantener una plantilla de personas que mantengan la fábrica funcionando, pero esto les ayuda a mantener la ilusión de estabilidad laboral y convierte el ambiente laboral en la constante competencia por tener el anhelado contrato de planta.
Competencia que se traduce en las malintencionadas actitudes coercitivas en contra de los demás compañeros de trabajo (el capital ha corrompido la satisfacción y amor que se le tenía a la reproducción de los medios de vida que a su vez reproducen la vida social).
Algo emblemático de esta ideología (individualista y enajenada), es la lucha del aumento salarial año con año, en la que se ven envueltas las familias obreras y los patrones (las clases sociales antagónicas).
A simple vista, y dentro de lo cotidiano, se ve como algo fuera de nuestras manos algo en lo que nuestra participación es ignorada, puesto que entre los comentarios que se escuchan en las líneas de producción, se dice “eso ya está arreglado y solo es un requisito legal”.
Es una decisión que se toma en los altos mandos y no involucra la opinión de los obreros, decisión que se nos informa solo para no dejar, ya solo nos queda seguir trabajando, no existe una sola opinión de entusiasmo para involucrarse y exigir un aumento significativo que compense la inflación y nos permita ampliar nuestra canasta de mercancías necesarias para la vida.
Y si acaso hubiera una opinión crítica y en contra de los intereses de esas cúpulas es silenciada (con bullying, y en el peor de los casos con el despido). Esta situación colabora en la construcción de las ideas individualistas y deshumanizadas que permean entre los obreros y sus familias.
Como esta hay muchas otras vivencias que se vuelven un golpeteo constante sobre la consciencia de clase (por ejemplo, el supuesto crecimiento en el escalafón de puestos laborales que de uno o de otro modo son ramificaciones en el árbol de la explotación del hombre por el hombre)
Pero sigamos viendo un poco más la problemática del aumento salarial y quizás al final de nuestro viaje aparencial logremos ver algo de la esencia, que nos de la esperanza de la inevitable “revolución de las conciencias”.






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