
Escrito por Ángeles Tepox Vivar
Brasil juega un importante papel estratégico en términos geopolíticos derivado, entre otras razones, por el tamaño de su mercado interno, su proyección regional y potencialmente a nivel global; así como por sus recursos energéticos y la dimensión de su industria. También, el gigante brasileño destaca por su particular historia económica y social, que establece las bases a partir de las cuales se inserta en un momento de reconfiguración de las relaciones de poder a nivel internacional: la conformación de un mundo multipolar.
En términos históricos, Brasil ha manifestado su interés por proyectarse a nivel regional e incluso mundialmente; sin embargo, esas aspiraciones eran inviables por las relaciones de poder existentes durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX, y por las propias condiciones económicas del país sudamericano. Ahora, con el resurgimiento de China, como potencia global, y con el protagonismo que ha adquirido el grupo BRICS+, esa hegemonía regional no solo se puede materializar en el Cono Sur, también puede escalar a nivel global a través de su participación en dicho bloque.
Por otro lado, además de la participación de los brasileños en dicho bloque geopolítico, las Energías Verdes abren un frente de disputa y encuentra en Brasil un actor estratégico. La Transición Energética actúa como una fuerza desestabilizadora a nivel regional debido a que incita a la competencia por el control de los recursos estratégicos para que se materialice. En el caso de Brasil, esa querella adquiere un matiz particular debido a que buena parte de la Amazonía, área que cuenta con un importante potencial hidroeléctrico y otros recursos estratégicos para la descarbonización, se encuentra dentro de su jurisdicción.
Así, la contienda por los recursos energéticos se enmarca en el desarrollo, cada vez más virulento, de la disputa entre China y EE. UU., razón por la cual, cada una de las potencias globales buscan aliados a nivel regional. En ese sentido, Brasil y China explotan sus coincidencias en materia económica y geopolítica. A diferencia de las relaciones con Washington, Brasil ve en el resurgimiento de China una oportunidad para mejorar su posición, privilegiada a nivel geográfico, en el reacomodo de las relaciones de poder del actual sistema internacional imperante.
a. Aspectos históricos y económicos de Brasil
Brasil ocupa el quinto lugar mundial en extensión y en población, razón por la cual se considera como una gran potencia regional, después de EE. UU.; sin embargo, la historia y la geografía también la han caracterizado por un marcado aislamiento y autosuficiencia. Por ejemplo, en el Cono Sur, su lengua los aísla del resto de países. En una región que se forjó y reivindicó la formación de repúblicas, Brasil formó un imperio colonial que duró poco más de un siglo. Incluso se puede afirmar que hasta hace muy poco, salvo por su reducida frontera sur, el interior estaba separado de sus vecinos por una densa selva tropical y pantanos infranqueables (Anderson, 2020).
Así, a diferencia de buena parte del resto de países latinoamericanos, Brasil declaró su independencia por vía pacífica y con ello conservó el aparato político administrativo preexistente. Esa manera excepcional de formar una república independiente contribuyó a sortear un eventual proceso de “balcanización” y prácticamente las fuerzas precapitalistas siguieron presentes por lo menos durante la primera mitad del siglo XIX (Cueva, 2004).
A nivel del mercado interno, Brasil se caracteriza por una histórica dislocación entre el sur y el norte. Incluso en la inmensidad que implica su norte, se vivió un desarrollo muy distinto el noreste, debido a que la colonización fue lenta y también porque la integración económica con el mercado europeo fue frágil, hasta fines del siglo XVIII. Para simplificar, se hablará de Brasil como un todo, pero no se omiten las profundas diferencias que anidan en su territorio (Fausto, 2022).
Lógica expansionista
Brasil se forjó con una visión centrada en la expansión territorial. Sus fronteras se fueron extendiendo desde el Tratado de Tordesillas en 1494[1] hasta 1822, año en que se declaró la independencia de Brasil del Reino de Portugal. Las iniciativas individuales se articularon con la acción de la Corona, enfocada en asegurar la ocupación de la zona y ampliar la frontera con la América española (Fausto, 2022) (Romero, Peña, & Pablo, 2012) (Delgado & Limón, 2022).
Así, diversos grupos de inmigrantes, procedentes del archipiélago de las Azores y paulistas, fundaron Laguna, en Santa Catarina en 1684. Previamente, en 1680, los portugueses habían establecido en los márgenes del Río de la Planta, frente a Buenos Aires, la Colonia del Sacramento con el objetivo de interferir en el comercio del Alto Perú, especialmente en el comercio de plata, que se trasladaba por el río hacia el extranjero (Fausto, 2022).
El siglo XVII se caracterizó por la expansión territorial dirigida por la Corona Portuguesa, mientras que en el siglo XVIII se consolidó ese proyecto expansionista. Después de la independencia, Brasil se enfocó en consolidar las fronteras establecidas, y no en la expansión de territorio propiamente. Así, el lado occidental del país sería objeto de expansión, consolidación, así como de protección, mientras que la frontera marítima estaría sujeta a una lógica defensiva y de reacción, antes que ofensiva y propositiva (Romero, Peña, & Pablo, 2012).
Formación del mercado interno
La historia económica del Brasil de la posguerra se puede dividir en dos grandes periodos. El primero, de 1950 a 1980, el país creció a tasas elevadas y registró un 4.4% anual de crecimiento per cápita. De manera que las tres primeras décadas de la posguerra se caracterizaron por un intenso dinamismo económico (Fausto, 2022).
El segundo periodo, a partir de 1980 hasta 2020, el crecimiento disminuyó considerablemente. Las cuatro décadas que siguieron, el crecimiento per cápita fue de 0.6%. A la par, durante estos años, el crecimiento de la producción fue menor y volátil, registrando incluso reducción del PIB. De forma que Brasil finalizó la década de 2020 con un ingreso per cápita mucho más reducido, y el crecimiento solo fue de importancia en la primera década de los años 2000 (Fausto, 2022).
En términos históricos, Brasil es considerada una excepción si tomamos como referencia el desarrollo de otras economías como Argentina, Uruguay, Chile, Perú y México. Mientras que a principios de la década de los 90 del siglo XX, buena parte de las naciones latinoamericanas se encontraban bajo la sombra de la disciplina neoliberal, Brasil continuaba luchando por mantenerse a flote ante sus problemas inflacionarios y fuertes recesiones (Anderson, 2020).
Para la década de 2000, Brasil comenzó a registrar mejores índices de crecimiento en comparación con las dos décadas previas. Ese mejor desempeño responde también a la sinergia que generó el crecimiento de China en la economía brasileña. Brasil es considerado un gran productor de mercancías agropecuarias y minerales, y se benefició del extraordinario incremento de la demanda por parte de China (Fausto, 2022).
Contrario al desempeño de la industria, durante los últimos 40 años, la agricultura ha experimentado una modernización. De 1975 a 2007, la productividad por área cultivada se duplicó en el caso de granos como el arroz, el frijol, trigo, soya y maíz. En consecuencia, Brasil se convirtió en un gran productor y exportador de mercancías agrícolas. Además, derivado del desarrollo de las actividades pecuaria, avicultura y porcicultura, se convirtió en un importante suministrador de proteína animal para el mercado interno y externo (Fausto, 2022).
Por lo tanto, durante los último 70 años (1950-2020), la estructura de la economía brasileña se ha transformado. De 1950 a 1980, de ser una nación eminentemente rural, productora y exportadora de unas cuantas mercancías agrícolas, pasó a ser urbano e industrializado. No obstante, Brasil siguió, como históricamente había sido, relativamente aislado, aunque el proceso de industrialización no bloqueó la llegada de grandes empresas multinacionales, interesadas en un mercado interno en rápida expansión. Aun así, se puede afirmar que la economía brasileña sigue relativamente cerrada (Fausto, 2022).
En suma, Brasil ocupa un lugar clave en términos económicos en la economía global, además de ser una de las potencias regionales más relevante a nivel continental; sin embargo, su desarrollo no está exento de crear y reproducir desigualdad a nivel social, conjuntamente de sus implicaciones a nivel ambiental. A nivel social, problemas orgánicos derivados de la organización de la base productiva de país, ha generado la conformación de trabajadores rurales sin tierra, los cuales se han organizado para exigir que se atiendan sus demandas (Fausto, 2022).
A nivel ambiental, la actividad pecuaria dominada por la ganadería extensiva se ha ampliado a partir de invadir la selva Amazónica. Además de la ganadería, la minería (garimpo) y el comercio de madera están destruyendo la selva. A ese respecto, un estudio reciente señala que, en los últimos años, el bioma amazónico ha comenzado a emitir más carbono del que absorbe debido al incremento de la deforestación y la degradación. La Amazonía es un área esencial para regular el clima del planeta, y en el caso de Brasil es medular para el régimen de lluvias en las principales zonas donde se cultivan granos (Fausto, 2022).
En consecuencia, el peso territorial, económico e histórico de Brasil es innegable: tiene la fuerza suficiente para arrastrar al Cono Sur a su dinámica geopolítica. Precisamente ese potencial fue entendido por China, y vio en Brasil un aliado estratégico para incursionar en el continente americano y afianzar su proyecto de conectividad y cooperación a nivel global, mediante la Iniciativa la Franja y la Ruta.
Si bien, las relaciones entre y Brasil y China son de larga data, es a partir de la llegada de Luiz Inácio Lula da Silva que se intensifican. A diferencia de su predecesor, Fernando Henrique Cardoso que priorizó las relaciones con países del Norte, Lula reorientó la política exterior hacia una cooperación denominada por el ámbito académico como Sur-Sur. A ese respecto destaca en especial China, jugador clave que al igual que el propio Brasil, busca una mayor proyección a nivel global (Observatorio de la Política China, 2023).
b. Cooperación geopolítica entre Brasil y China en el contexto del declive de la hegemonía de EE. UU.
En el tablero mundial, la alianza entre China y Brasil juega un papel medular particularmente en un momento histórico en el que la hegemonía de EE. UU. está colapsando. Entonces, si bien la relación entre Brasil y China registra sus antecedentes más próximos en la segunda mitad del siglo XX, es en los albores del siglo XXI que despegan. A finales de la década de los 80 (del siglo pasado) se comenzaron a establecer pactos en áreas muy específicas, por ejemplo, en la producción de satélites. No obstante, el carácter limitado de la cooperación con China cambia drásticamente con la primera administración de Luiz Inácio Lula da Silva en 2003.
Como se planteó previamente, el crecimiento de la producción brasileña que se registró en la década de los 2000 respondió, en buena medida, al dinamismo económico de China. Desde entonces el intercambio comercial se ha ampliado, de tal suerte que China, en 2009, se colocó como el principal socio comercial e inversionista, desplazando a EE. UU. como socio histórico de los brasileños. Incluso, administraciones abiertamente pro-estadunidenses, como las de Jair Bolsonaro (2019-2022), no lograron reconfigurar la lista de socios comerciales.
A la par, China, en términos geopolíticos y económicos, tiene dos metas centrales: oponerse a la hegemonía estadounidense y construir un nuevo orden político (Deng Xiaoping (1994) citado en Brzezinski (1998)). Respecto al primer punto, China apuesta a la disminución de la preponderancia estadounidense evitando, en la medida de sus posibilidades, una colisión militar. Respecto a la segunda meta, China capitaliza las discrepancias de Estados clave contra la actual distribución del poder global, especialmente en contra de EE. UU., Europa y Japón (Brzezinski, 1998).
Precisamente es en este escenario de resurgimiento de China que países como Brasil se posicionan como aliados estratégicos para su expansión a nivel continental. Como se puede observar, Brasil, en su carácter de potencia regional dominante, además de proporcionarle el acceso a su mercado interno, también potencializa su participación en el mercado del Cono Sur, e incluso se posiciona dentro del continente americano, con miras a disputarse el mercado de EE. UU.
Entonces, los intereses económicos que unen tanto a Brasil como a China, que se han consolidado a lo largo de más de 20 años, se fortalecen aún más con una afinidad geopolítica: la formación de una arquitectura global multipolar. Brasil se reconoce a sí misma como una potencia regional con posibilidades de mejorar su posición a nivel global, mediante su alianza estratégica con China en particular, pero en general con el grupo de los BRICS+. Geopolíticamente hablando los brasileños ven en el resurgimiento de China una oportunidad inmejorable de ascender y ocupar una posición privilegiada en el tablero mundial.
Aspectos claves de cooperación: Energía y vías de comunicación
Desde el inicio de las relaciones comerciales entre China y Brasil, el volumen de mercancías intercambiado ha crecido de manera considerable, pero además se ha diversificado el papel de China en la economía brasileña, particularmente en su carácter de país inversor. En 2023, las exportaciones brasileñas a China lograron un valor récord de 104, 000 millones de dólares, con particular énfasis en mercancías como soja, maíz y hierro, (Xinhua Español, 2024).
A nivel sectorial, y tomando como referencia las cifras más actuales, entre junio del 2023 y julio del 2024, Brasil exportó más de USD 57 mil millones de productos agrícolas a China, registrando una tasa de crecimiento del 8.9% con respecto al periodo anterior. Dicha cifra implica que China fue el principal destino de las exportaciones agropecuarias del Brasil. Además, los principales productos exportados son: soja, maíz, azúcar, carne de vacuno, pollo y cerdo, así como algodón (Secretaría de Comunicación Social , 2024).
Electricidad
Además de su importancia como destino de las mercancías brasileñas, China se ha posicionado como uno de los principales inversores en Brasil, en particular en los sectores de energía, minería, siderurgia y agronegocio (Rodríguez, 2020). En el primer rubro, energía, destaca en los eslabones de generación y distribución de electricidad como las actividades en las que más han invertido los chinos.
Nuevamente, la historia económica del Brasil establece las condiciones materiales que los chinos han capitalizado para participar en el mercado eléctrico. A inicios de la década de los 90, Brasil contaba con un superávit de potencia instalada; sin embargo, a finales de ese mismo período se redujo drásticamente. Esa disminución se explica, en buena medida, por la falta de inversión pública en infraestructura eléctrica, así como al aumento de la demanda de electricidad (Becker, 2003).
Posteriormente, a finales de la década de los 80, tras una década de poco crecimiento económico y en especial por el aumento de la deuda pública, Brasil comenzó un proceso de transformación basado en la privatización de los activos estatales en el marco establecido por el Plan Real.[2] Desde comienzos de la década de los 90, varias empresas controladas por Electrobrás fueron incluidas en el Programa Nacional de Privatización en los segmentos de generación y distribución. No obstante, el avance de la privatización se ralentizó debido a la fuerte oposición social contra la venta de los activos públicos (Becker, 2003).
Años después, China incursionaría en esta área estratégica en esos espacios que las empresas paraestatales, tras su privatización, dejaron libres. State Grid fue la primera empresa china en participar en el mercado energético brasileño, a partir de 2010, tras comprar siete plantas de transmisión. La empresa china adquirió el derecho durante 30 años de la transmisión de electricidad en el sureste de Brasil; así como de suministrar energía a Brasilia y San Pablo. Posteriormente, en 2012, China adquirió los activos brasileños de la empresa española ACS, y más tarde la empresa brasileña CPFL (Zuppello, 2023).
Más adelante, en 2015, State Grid se adjudicó también la línea de transmisión eléctrica que conecta la central hidroeléctrica de Belo Monte, en Pará, con el sur del país. Esta red se extiende por cinco estados a lo largo de unos 2, 539 km y costó aproximadamente 1, 855 millones de dólares. De suerte que, State Grid es propietaria de más de 16, 000 kilómetros de líneas de transmisión en Brasil, ya sea en asociación con otras empresas o de manera individual. Además, posee casi 30 000 torres de transmisión distribuidas en 13 estados brasileños, con inversiones de aproximadamente 5, 770 millones de dólares (Zuppello, 2023).
En 2023, a mediados de diciembre, State Grid ganó la subasta para las redes de transmisión del país, con un valor total de inversión de 4, 472 millones de dólares. Así, la empresa construirá 1, 468 kilómetros de líneas en 72 meses, incluida una línea de extra-alta tensión de 800 kV CC, en los estados norteños de Maranhão, Tocantins y Goiás (Zuppello, 2023).
En suma, la participación de las empresas chinas en el sector eléctrico brasileño ha aumentado consistente y significativamente en tres aspectos: inversiones, proyectos de construcción y préstamos. Durante las últimas dos décadas, inversores, fabricantes, proveedores de servicios de ingeniería e instituciones financieras han invertido cantidades considerables de capital chino en Brasil. Beneficiándose de un proceso continuo de internacionalización en los segmentos de generación, transmisión y distribución local, se han convertido en poco tiempo en los principales actores extranjeros que operan en el país, desplazando a otros actores externos tradicionales (Batista, 2020).
Vale también señalar, que, en vista de las condiciones actuales, las expectativas indican una expansión de las inversiones y activos de las empresas eléctricas chinas en Brasil en los próximos años. En este proceso, la energía eólica y solar podrían ser posibles focos de atracción de futuras inversiones chinas. La mayoría de los proyectos de generación de energía de Brasil en construcción a fines de 2019 o por construirse son centrales solares, eólicas y pequeñas centrales hidroeléctricas (Aneel, 2020, citado en Batista (2020)).
Transición energética y minería
En el marco de la descarbonización de las economías y de la conformación de un sistema global multipolar, Brasil está llamado a jugar un papel clave. Como se sabe, la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero implica, entre otras consecuencias, el incremento de la demanda de minerales y recursos estratégicos para la producción de tecnología verde. A la par se estima que Brasil posee reservas de diversos recursos críticos, como tierras raras y uranio, fundamentales para la tecnología moderna y de la Transición Energética. Por tanto, Brasil, además de sus ventajas geopolíticas, cuenta con importantes recursos minerales, razón por la cual apuntala aún más su carácter estratégico a nivel regional y mundial.
Brasil ocupa una posición dominante en materia de reservas mundiales para una amplia gama de minerales metálicos y no-metálicos, cerca de 40, colocándose con seguridad entre los seis más importantes países mineros del mundo. Las reservas brasileñas de 11 minerales eran muy significativas: niobio, tantalita, caolín, grafito, aluminio, talco, vermiculita, estaño, magnesita, hierro, manganeso (Equipo MMMSD América del Sur, 2002).
Adicionalmente, según el Servicio Geológico de los Estados Unidos (2024), se estima que Brasil tiene 21 millones de toneladas de equivalente de óxido de tierras raras (REO), es decir, son las terceras reservas más grandes del mundo, detrás de los 44 millones de toneladas de China y los 22 millones de toneladas de Vietnam. Para 2023, la producción de elementos de tierras raras de Brasil fue de apenas 80 toneladas, en comparación con las 240 000 toneladas de China y las 43 000 toneladas de EE. UU.
A la par de contar con importantes yacimientos mineros, Brasil cuenta con otras ventajas a nivel legal y económicos que potencializa su a atractivo como potencia minera. Las regiones mineras industriales que históricamente se han formado en el país sudamericano cuenta con una fuerza laboral capacitada y de bajo costo, así como el acceso a energía hidroeléctrica para las operaciones.
También, durante su mandato presidencial, Jair Bolsonaro (2019-2022) emitió un decreto para la creación del Programa de Apoyo al Desarrollo de la Minería Artesanal y de Pequeña Escala.[3] El principal objetivo de esta iniciativa— según las declaraciones oficiales— fue impulsar el desarrollo de la minería artesanal y de pequeña escala, mediante políticas públicas sectoriales. No obstante, diversas organizaciones de protección al medio ambiente criticaron el decreto, debido a que, en los hechos, contribuye a fomentar la minería ilegal en la región amazónica (g1, 2022).
Entonces, como se puede observar, la Transición Energética actual impulsa el florecimiento de la minería. Dicha actividad, en el caso brasileño, se materializa mediante su expansión en territorios indígenas y a costa de la destrucción de la Amazonia, en aquellas áreas que hasta ahora no han sido explotadas.
En este caso, históricamente hablando, la minería en Brasil se ha desarrollado a base de violaciones de los derechos de los pueblos indígenas y de la depredación del medio ambiente. Desde inicios del ciclo del oro en el siglo XVII y la fiebre del oro en Serra Pelada, durante la década de 1980 (Machado, 2022), se encuentran múltiples evidencias de que las únicas favorecidas por esta actividad han sido justamente las grandes mineras.
Por lo tanto, en el caso brasileño, la minería implica una disputa no solo en términos internos, debido a que los pueblos indígenas se oponen a la destrucción de su territorio, también lo es a nivel externo en razón a que diversos países pretenden involucrarse en el control de la Amazonía y obtener ganancias.
Dado el impulso de la Transición Energética actual, destaca, por ejemplo, el interés de Francia en promover los mercados de carbono en la Amazonía. Según la nación europea, mediante dichos mercados, las empresas pueden compensar su contaminación, y el dinero obtenido se puede destinar a frenar la deforestación y proteger a la selva (Calle, 2024).
Además, la minería en Brasil, como actividad económica que contribuye a la destrucción del medio ambiente, ha sido tratada de manera acrítica en la narrativa de la descarbonización de las economías. De suerte que no se reconoce el carácter depredador y violatorio de los derechos de las comunidades indígenas, y en general humanos. Es decir, la Transición Energética actual se desarrolla sobre la minería, y esta actividad impulsa la deforestación y la contaminación de los suelos y las aguas por su vertido de sustancias tóxicas (Machado, 2022) y atenta directamente contra las diversas comunidades indígenas que aún perviven.
Desarrollo de infraestructura
Otra coincidencia entre los chinos y los brasileños es el desarrollo de infraestructura. En primer lugar, los capitales chinos le permiten a Brasil, conectar, centralizar y dominar las vías de comunicación a nivel continental. Esta es una tarea geopolítica e incluso histórica que el Brasil necesita solventar a través del desarrollo de vías de comunicación terrestres y fluviales.
En segundo lugar, para China es medular la expansión de las rutas comerciales y Brasil le proporciona el acceso al continente americano del lado del Atlántico y con posibilidades de salidas al Pacífico y viceversa. La conectividad terrestre y fluvial en el territorio brasileño le permite a Pekín diversificar sus modalidades de exportación. A la par, el uso de corredores terrestres puede reducir los tiempos e incluso abaratar el costo de sus exportaciones hacia Eurasia. Gracias a los nuevos proyectos de interconexión con Rusia, Asia Central, Unión Europea y América Latina estos planes de expansión se están materializando (Angio, 2016).
La necesidad de la conectividad mediante la creación de infraestructura, aspecto en el que coinciden tanto los brasileños y los chinos, es el motivo por el cual resulta necesario el control del Corredor Ferroviario Bioceánico Central (CFBC). Este proyecto, al menos enunciativamente, tiene como principal objetivo unir a Perú con Brasil.[4] De materializarse, el Corredor Ferroviario contribuiría a abaratar los costos de exportación e importación, sería un medio de transporte articulado con las hidrovías de las cuencas del Plata y el Amazonas.; también fortalecería la integración entre las naciones sudamericanas.
Inicialmente, en 2014, China, Brasil y Perú firmaron un memorándum de entendimiento para efectuar los estudios sobre la viabilidad de la línea ferroviaria, posteriormente países europeos, como Alemania y Suiza, externaron su interés por participar, pero no se concretizó ningún tipo de pacto. Por tanto, es China quién actualmente está interesado en proporcionar el financiamiento para este ambicioso proyecto transcontinental (BBC Mundo, 2016) (Traeder, 2016).
La construcción del Corredor Ferroviario Bioceánico Central (CFBC) responde tanto a los imperativos geopolíticos de Brasil como de China. Al proporcionar el financiamiento, China expande su proyecto geopolítico de la Franja y la Ruta al atraer al subcontinente a su esfera de influencia. Al establecer y profundizar relaciones económicas y geopolíticas, China aprovecha la proyección regional de Brasil y viceversa. Brasil ha crecido gracias a la compra de sus materias primas por parte de China, y a la par, el resurgimiento y proyección de esta nación asiática, arrastra a Brasil al escenario global y lo coloca como un jugador clave, dado el trance a un mundo multipolar.
c. Consideraciones finales
En buena medida, la incursión de China en el Cono Sur se ha desplegado mediante su capacidad de inversión y préstamos, esta situación es asumida por parte de las economías sudamericanas como una alternativa a tejer relaciones con países occidentales. Por lo tanto, la relación sino-brasileña tiene alto grado de complementariedad, por un lado, Brasil tiene mercancías fundamentales para profundizar la expansión de la economía china. Simultáneamente, mediante la expansión económica de China, Brasil puede ampliar sus niveles de producción.
Así, la importancia de Brasil a nivel internacional ha cambiado: de ser una economía reconocida en el plano regional pasa a ser considerada un actor global. La participación de Brasil en la fundación de los ahora BRICS+, así como su sistemático activismo a nivel internacional por la conformación de un mundo multipolar, generaron y apuntalaron intereses comunes con otros jugadores clave, particularmente con China, pero que también le han abierto las puertas a Rusia y la India.
Políticamente hablando, Brasil se subordinó a la agenda de EE. UU.; sin embargo, el resurgimiento de China ha creado un nuevo escenario y en el caso de Brasil, como de muchas otras naciones, se ha convertido en su principal socio comercial. Esta posición ha comenzado a materializar el desplazamiento de Washington como hegemonía a nivel subcontinental. Con ello, además de perder influencia en uno de los mercados más grandes a nivel mundial, debilita su predominancia sobre todo el Cono Sur.
Históricamente hablando, EE. UU. ha apuntalado a Argentina, cuando la coyuntura política interna de dicho país así lo ha permitido, como potencia regional en el cono Sur, razón por la cual, Brasil se ha colocado, a pesar de su importancia, como una nación secundaria dentro de su agenda geopolítica.
Simultáneamente, Brasil, especialmente en las administraciones de Lula y Dilma Rousseff, ha manejado una política exterior contra Washington, impidiendo que el gigante brasileño se subordine a la agenda geopolítica de EE. UU; y, por ende, fortalezca sus relaciones económicas con China.
En suma, esos lugares que geopolítica y territorialmente no ha priorizado o no dominan completamente EE. UU., han sido ocupados por los chinos. Dicha estrategia a dado como resultado que China priorice a Brasil como un socio comercial clave en Sudamérica, pero también le permite posicionarse en los mercados del continente americano e incluso potencialmente en África, dado que cohabitan en el área del Atlántico Sur.
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Zuppello, M. (31 de diciembre de 2023). Brasil cedió a China infraestruturas eléctrica, cuotas de mercado e incluso producción agrícola. Obtenido de Infobae: https://www.infobae.com/america/america-latina/2023/12/31/brasil-cedio-a-china-infraestructuras-electricas-cuotas-de-mercado-e-incluso-su-produccion-agricola/
[1] Acuerdo que estableció los límites territoriales entre las colonias portuguesas y las españolas.
[2] Plan Real fue un estrategia de estabilización implementada en 1994; se enfocó, entre otros aspectos, en disminuir y controlar la inflación.
[3] Programa de Apoio ao Desenvolvimento da Mineração Artesanal e em Pequena Escala (Pró-Mapa).
[4]Hasta ahora, se proyecta que el ferrocarril inicie en el Puerto de Santos, Brasil; ingrese a Bolivia por Puerto Suárez, pase por los municipios de Santa Cruz, Montero, y Bulo Bulo de Cochabamba hasta llegar al altiplano de La Paz, para salir a Perú y concluir en el Puerto de Ilo, uniendo los océanos Atlántico y Pacífico (Revista Parlasur, 2017).






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