Escrito por Rosario Ramos Álvarez

En tiempos recientes, ha resurgido una estética entre las mujeres jóvenes, que a primera vista parece inofensiva, incluso aspiracional: el clean look. Cara lavada, maquillaje casi nulo, piel de porcelana, cabello en su lugar, ropa en colores neutros y minimalistas, presencia pulida.

Las chicas que despiertan a las 5 A.M y van a pilates. Pareciera una celebración al autocuidado y el orden. Entonces, ¿qué tiene esto de malo? La sutil relación entre este estilo y la nueva ola de la derecha entre la juventud.

Análisis mencionan que con la generación Z nos encontramos en la generación MÁS CONSERVADORA DE LA HISTORIA, lo que se relaciona al resurgimiento de la ultraderecha, y sí, no es casualidad que esta tendencia pulcra aparezca cuando los discursos políticos en auge son los que promueven los roles tradicionales.

Esta estética no viene sola: viene de la mano con otras tendencias igual de peligrosamente disfrazadas de “elegancia” o “clase”. Las trad wives, esposas tradicionales que glorifican el rol femenino como sumiso, maternal y delicado. Junto a ellas aparece el discurso sobre la “energía masculina” y “energía femenina” que promueven la versión binaria y esencialista del comportamiento humano: los hombres deben ser proveedores dominantes y las mujeres, cuidadoras delicadas.

Todo esto se revuelca en el concepto de “mujer de alto valor”, una construcción que aparentemente enaltece a la mujer. Esta narrativa se viste de crecimiento y “glow up”, pero en el fondo son solo refritos de patriarcado.

Además de una popular serie de videos “Things i find incredibly un-chic” que por lo general son mujeres blancas hegemónicas criticando cualquier aspecto de la moda que tenga cultura, el maximalismo y cosas que en general no queden con su estética “clásica”, ignorando por completo su trasfondo.

El clean look no es solo una tendencia, también comunica valores. Transmite disciplina, control, éxito, y sobre todo, orden. Y en un mundo hipercaótico, el orden se ha convertido en una fantasía colectiva.

Aquí es donde la nueva derecha entra en escena; no llega en corbatas grises y discursos rancios, sino camuflada en frases de autoayuda, meritocracia estética y un culto a la productividad, y eso la hace aún más peligrosa. Porque cuando la opresión se disfraza de manera aesthetic es más difícil detectarla, y aún más difícil combatirla.

Plataformas como Tiktok e Instagram están repletas de adolescentes y adultos jóvenes promoviendo el 5 am club, cápsulas de vitaminas, libros con portadas beige y frases como “no excuses”.

Muchos de estos videos están impregnados de un discurso que casi roza el elitismo: si no logras el éxito, es porque no te esforzaste lo suficiente. Este pensamiento, aparentemente neutro, comparte con las ideas individualistas y excluyentes, el rechazo al “éxito” que no se ve como ropa deportiva y perlas, y el desprecio por la pobreza y diversidad, llamándola “desorden visual”.

No se trata de decir que quien se hace skincare es fascista, pero algo es claro; la estética no es inocente, es solo apta para cuerpos delgados, estructuras faciales hegemónicas, cabello rubio, tez clara, etc. Un mundo donde no existen las “imperfecciones”, o más bien, la diversidad, y si la hay, es motivo de burlas.

En conclusión, el clean look y sus ramificaciones no son una moda pasajera, son una generación que, en busca del orden, solo cae en la trampa de estructuras que oprimen bajo glamour en un culto al control y la perfección, lo que realmente solo romantiza la “vieja escuela”: jerarquías y roles rígidos.

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