El 09 de marzo, el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta, acudió a la Asamblea Informativa convocada por la presidenta, Claudia Sheinbaum, en el zócalo de CDMX. Unos días después, Armenta descalificó el paro estudiantil en la BUAP, señalando a Antorcha Campesina de estar organizándolo.

Alejandro Armenta le “mostró su apoyo” a la presidenta y a su proyecto de defensa de la soberanía del país, acudiendo a la plancha del zócalo, o sea, se apersonó en una “movilización” a la que acudieron miles de personas, bases de la 4T; pero, después, prácticamente amenazó a los estudiantes en paro de la BUAP, aseverando que un grupo está metiendo las manos en el mismo y pidiendo la intervención de la Fiscalía.

A Armenta no le importó ni hizo mención de las demandas de los universitarios, queda constancia de su participación en la campaña mediática que busca descalificar a los estudiantes, apoyando a la rectora, Lilia Cedillo.

Tal como en el sexenio de López Obrador, la Cuarta Transformación dicta las fechas y formas en las que el “pueblo” puede movilizarse. Salirse de ese esquema implica ser denostado y cuestionado.

Lo mismo López Obrador criticaba las movilizaciones de los normalistas de Ayotzinapa[1], que el entonces gobernador de Puebla, Miguel Barbosa, reprimía a las normalistas de Teteles[2] que se manifestaban frente a Casa Aguayo. Todo, porque esas no son “las formas”.

Con presidente o con presidenta: la Cuarta Transformación es una Revolución Pasiva. No hay contradicción en que Armenta acuda personalmente a la “asamblea informativa” convocada por Sheinbaum y luego descalifique un paro estudiantil.

En una Revolución Pasiva se busca que las clases subalternas permanezcan inmóviles ante las reformas sociales y económicas que tienen el objetivo de ampliar la acumulación de capital. Inmovilizarlas asumiendo sus demandas y expresándolas en apoyos sociales, pero también en la construcción de un falso y débil consenso, como el que se buscó con la asamblea informativa del pasado 09 de marzo.

¿Qué es una revolución pasiva? El concepto fue planteado por el teórico marxista italiano Antonio Gramsci y hace mención a un proceso en el cual se realizan grandes reformas “desde arriba”, es decir, desde el gobierno, con la pasividad de las masas, específicamente de las clases subalternas o desposeídas: trabajadores, campesinos, pequeños propietarios; los jodidos, pues.

“La hipótesis ideológica podría ser presentada en estos términos: se tendría una revolución pasiva en el hecho de que por la intervención legislativa del Estado y a través de la organización corporativa, en la estructura económica del país serían introducidas modificaciones más o menos profundas para acentuar el elemento “plan de producción”, esto es, sería acentuada la socialización y cooperación de la producción sin por ello tocar (o limitándose sólo a regular y controlar) la apropiación individual y de grupo de la ganancia.”

Antonio Gramsci. Cuaderno 10. Paradigmas de la historia ético-política.

 

[1] https://elpais.com/mexico/2024-03-07/lopez-obrador-carga-contra-la-protesta-de-los-normalistas-es-una-vulgar-provocacion.html

[2] https://piedepagina.mx/normalistas-de-teteles-un-cumulo-de-atropellos/

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