Foto tomada de: Telesur
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Por Mayaz

Hoy terminé de leer el libro “La bailarina de Auschwitz[i] de Edith Eger. Hace tiempo me lo recomendaron y lo compré, pero igual que otros tantos se quedaron en un librero. Hoy que entre todo lo que se hace día con día tengo tiempo para leer y repensar, pues lo leí y me decepcioné.

Aunque era una conclusión esperada había que corroborarla. Cuando me comentaron de la autora me dijeron que es sobreviviente de Auschwitz. Lo que me llevó a pensar que debería ser un interesante planteamiento a revisar. Y lo fue, aunque en un sentido muy distinto de la recomendación.

“‘Vamos a otro sitio a trabajar hasta el final de la guerra’, nos dicen. Si pudiéramos oír las noticias, aunque solo fuera dos minutos, sabríamos que la propia guerra podía ser la siguiente baja. Mientras estamos allí esperando para subir por la estrecha rampa al vagón de ganado, los rusos[ii] se están acercando a Polonia por un flanco, los estadounidenses por otro. Los nazis están evacuando Auschwitz, pronto serán libres: Nos sentamos en la oscuridad a la espera de que el tren arranque Un soldado de la Wermacht, no de las SS, mete la cabeza por la puerta y nos habla en húngaro.

-Tienen que comer- dice-. Hagan lo que hagan, recuerden que tienen que comer, porque puede que los liberen pronto.

¿Nos están dando esperanzas? ¿O una falsa promesa? ¿Una mentira? Este soldado es como los nylas[iii] de la fábrica de ladrillos, esparciendo rumores, una voz de autoridad para acallar lo que ya sabemos. ¿Quién le recuerda a una persona hambrienta que tiene que comer?

Sin embargo, incluso en la obscuridad del vagón de ganado, en su cara recortada sobre kilómetros de alambrada y de nieve, veo bondad en sus ojos. Qué extraño que la bondad parezca ahora un efecto óptico” (p. 81).

La autora se refiere al momento en que ya liberada la suben a un tren para trasladarla hacia territorio liberado. Ella ubicó la bondad como algo que logra identificar en los ojos de quien directamente le recuerda que debe permanecer viva, para ganar la guerra, para destruir a Hitler, para volver a ser humano, tratado como humano, que vive como humano.

En otra parte del mencionado libro dice: “no podemos decidir tener una vida sin dolor. Pero podemos decidir ser libres, escapar del pasado, nos suceda lo que nos suceda, y adaptarnos a lo posible. Te invito a que decidas ser libre” (p. 23). Ese es el llamado que hace desde su perspectiva de psicóloga.

En general es la propuesta que tiene como profesionista que ayuda a personas con problemas de salud mental para apoyarlos a ser hombres y mujeres libres que puedan integrarse de la mejor forma posible a la vida productiva, pues es lo más importante para gozar de una vida considerada digna y aceptable para el grueso de la sociedad.

La bondad que vio en aquel soldado. La libertad a la que llama. Todo suena tan bien y resulta hasta deseable incorporarlo a la vida de cada uno de nosotros. Ello es una salida individual, que puede llevar al individualismo más puro.

La salida psicológica resulta benéfica para problemas como violaciones o traumas de infancia, que, aunque cruciales no son del todo lo más importante. Ser feliz en la vida es lo más importante, de acuerdo con las orientaciones que dan en la escuela, en la familia, en las distintas iglesias, en general en las distintas instituciones de la Sociedad.

Sólo que esas pautas llevan a priorizar los intereses individualistas, más allá de la individualidad que cada ser humano tiene. Las características propias de iris, labios, huellas dactilares, etc.; son únicas. Sin embargo, el ubicar como lo primordial la felicidad sin dar contexto colectivo, suponiendo que la producción de bienes destinados al intercambio, que todo lo rige, te dejará libre se su dominio.

Se podrá estar muy contento, aunque no se coma, no se tenga donde dormir, estés enfermo y no puedas pagar el tratamiento médico, de una vez seas un desposeído y pues estés bien pinche jodido. Eso sí según podrás estar bien alegre. Esa romanización de la pobreza y de la explotación que demanda en su funcionamiento el capitalismo.

Al ampliar la perspectiva de observación vemos al mundo que te rodea, no únicamente ese reducido y ridículo sentido de ser único, para estar aislado y no apoyar a nadie, ni reunirte y mucho menos luchar para acabar con el modo de producción predominante.

Es cuando te puedes preguntar: ¿Qué pasa cuando piensas en Palestina? y confrontas las crónicas de terror que se publican, la cantidad de bombas que se han dejado caer en esa tierra. ¿Qué sucede con los niños que no están siendo vistos con bondad? ¿Qué pasa con los cuerpos desmembrados, de esas imágenes dantescas que día a día se ven en Palestina?

Francamente ahí se cae la decisión de ser libres propuesta por Edith Eger. Y recordar que ella es sobreviviente lo hace aún peor como opción. La autora en cuestión en su cuenta de Instagram el día 9 de noviembre del 2023 dice algo así, pues, aunque la cito es una traducción libre contando con el “pobre” manejo del idioma inglés de la de la pluma:

“Quería ponerme en contacto con todos ustedes y enviar mi amor. Donde quiera que estés, si estás sufriendo, con dolor, sintiendo trauma, o sintiéndote triste, porque otros están tristes, porque otros están pasando dolor –no estás solo. Y este sufrimiento no te define. Como puedes imaginar, ha sido un momento muy desafiante para mí. Escuchar que el antisemitismo está en aumento, que Israel está en guerra, que miles de personas inocentes están muriendo en Palestina, que muchas personas inocentes en todo el mundo están sufriendo o perdiendo sus vidas debido a un odio arraigado hacia los judíos… me provoca mucho. Todo lo que puedo decirte es que, en mi experiencia, el odio no crea amor. No traerá paz.”[iv]

Los judíos sobrevivientes de los campos de concentración, que no del Holocausto, se abrogan el derecho de desdeñar todo aquello que en su entender ataque a Israel. Sin embargo, no reconocen que en Palestina están actuando como verdaderos fascistas. El Holocausto no fue sólo judío; exterminaron gitanos, casi se los acaban; homosexuales de todas las nacionalidades o credos. Y sobre todo comunistas, esos sí, fueran de donde fueran y creyeran en lo que creyeran directo a la cámara de gases. Pero eso es harina de otro costal.

Por lo que regreso con el dichoso libro. En la narración que realiza Eger habla de Israel como la tierra prometida. Aunque no va a ella al final de la guerra, por no seguir en un territorio en guerra. Desde luego, resulta entendible que alguien que salió con vida de la llama Segunda Guerra Mundial huyera de otra guerra. La formación del Estado de Israel se da con adquisición de territorio por diversas vías.

La tierra es una mercancía muy particular. Entra al proceso productivo sin tener trabajo (lo que los humanos agregamos a lo que transformamos). Pero es un elemento necesario para realizar las mercancías. La importancia de la tierra radica en que, al darle carácter de propiedad, también se le establece condición legal para tener precio y por tanto entrar a la competencia en la venta.

Y con ello, para el caso específico de la Franja de Gaza se disputa la posesión desde diversos puntos: religioso –la tierra prometida por dios-, monetario –los primeros judíos que compraron terrenos en Palestina a los propios palestinos que la vendieron-, histórico –los judíos han vivido en esa parte del mundo desde hace cientos de años-.

Este devenir lleva a pensar que la ubicación de esa tierra en disputa es una cuestión geopolítica muy relacionada a procesos de producción. Más allá de dónde nació “Jesús de Nazaret” o dónde está la Meca lo que cuenta es para que sirve esa ubicación precisa a los intereses de los capitales que predominan en el mercado mundial.

Los estados nación del capitalismo se forman por gobierno, población y territorio; por decirlo de manera práctica, el territorio es la tierra, esa muy especial mercancía. Israel se convierte desde su integración por decreto en un país. Con todas las cualidades de las naciones lo que le da fronteras, derechos internacionales y compromisos con otros países.

La posesión sobre la tierra le resulta primordial, lograr que sus fronteras lleguen hasta el mar le permitirá ser una mejor base militar para Estados Unidos. Alcanzar el río le hará ser útil para una avanzada militar hacia los países que dan entrada a reservas de petróleo y gas natural, así como a minerales fundamentales para las nuevas tecnologías.

Que sobresaliente resulta la tierra para los intereses de Israel y de los Estados Unidos de América. En ello, no hay lugar a una Guerra Santa, ni a promesas divinas, ¡ni falta hacen!, lo que lleva a una batalla sin tregua por realizar las mercancías y el obtener ganancia. Esa supuesta decisión de ser libres dista mucho de la realidad y más de las posibilidades de los palestinos a siquiera decidir poder vivir en sus hogares o sobrevivir a los efectos de la guerra. ¡Ya ni digamos pensar en ser felices como tanto lo sugieren!

La bailarina que sobrevivió al exterminio no alcanza a ver o no quiere hacerlo, que los intereses económicos definen el porvenir de todo un grupo de población, de una clase económica, del mundo. Lo que ha acontecido en Palestina en los últimos 75 años es el producto del capitalismo: devastación, catástrofe y muerte. No hay que omitir el asesinato de niños para lograr el extermino y desaparición de todo un pueblo.

No obstante, la más grande trascendencia de esa guerra es que el capitalismo triunfe para aplastar sin piedad y sin misericordia a los Palestinos que su único pecado es haberse atravesado entre los intereses de los gringos y su propia existencia como pueblo. Palestina debe sobrevivir porque en ello nos va la existencia como humanidad. O le ganamos al capitalismo o acabaremos devorados por él. Bueno sigue acompañándome el ruido del motor del transporte público en el que voy.

Siguen pasando las estaciones, bajan y suben diferentes pasajeros. El final ha llegado desciendo del autobús. Mañana será otro día.

[i] Eger, Edith (2018) “La bailarina de Auschwitz”, Ed. Planeta, Barcelona, España.

[ii]Debiera decir Soviéticos, pues los rusos no son los que liberaron a la humanidad en la Segunda Guerra Mundial, los soviéticos si lo son.

[iii]Forma para nombrar a los miembros del Partido de la Cruz Flechada. partido político fascista húngaro, que gobernó Hungría en las últimas fases de la Segunda Guerra Mundial.

[iv] Edith Eger, [perfil de Instagram] Recuperado 30/enero/2025, https://www.instagram.com/dr.editheger/p/CzcZXPNvwew/?hl=es

 

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