
Por Alfonso Ruiz
En “México: una democracia bárbara”, José Revueltas se plantea “descubrir el contenido real, de clase”, que se oculta tras “los fetiches doctrinarios y las imposturas ideológicas de la política mexicana”. Sus conclusiones pueden aportar al análisis de la realidad actual en México, bajo la “Cuarta Transformación” entendida como una Revolución Pasiva.
Revueltas escribió “México: una democracia bárbara” en el contexto de la elección presidencial de 1958 (en la cual el priista López Mateos obtuvo el 90.4% de los votos, frente al 9.6% del panista Álvarez Álvarez) y describió cómo en la política hecha “a la mexicana”, partidos aparentemente tan distintos en su ideología, como el PAN o el Partido Popular, terminaban por coincidir con el PRI y, con ello, respaldar al gobierno en turno.
La forma de proceder de los partidos en la política mexicana, mediante “sustituciones ideológicas y fetiches doctrinarios”, es para Revueltas, la forma en que se idealizan “a la inversa” los objetivos verdaderos que las clases dominantes en México se proponen realizar.
La política mexicana, dice Revueltas, obedece a una orientación común, en la que confluyen todas las fuerzas que la conforman; obedece a una fuerza dirigente que arrastra tras de sí a las demás y les imprime su propio sello: la clase dominante, es decir, la burguesía.
No obstante, la clase dominante no puede, abiertamente, enunciar sus objetivos de clase y luchar por ellos “de un modo franco” dándoles el nombre que tienen: obtener plusvalía, es decir, ganancia ¿Cómo? Por medio de la explotación.
Por ello, nos señala Revueltas, la clase dominante se ve en la necesidad de presentar sus objetivos (la obtención de ganancia, por medio de la explotación), como:
“…la lucha por los intereses generales de toda la sociedad, y resulte así, no la representante de los intereses privados y exclusivos de una clase, sino la representante de la nación, la nación misma, intangible y sagrada, que flota por encima de las ambiciones particulares y de los mezquinos intereses partidarios.”
En este espacio, hemos planteado que la Cuarta Transformación podría ser entendida como un proceso de Revolución Pasiva, en el que se ha desmovilizado a las clases dominadas o subalternas, mediante la creación de cierto consenso ganado por medio de programas sociales, lo cual permite la continuación de políticas neoliberales bajo otra forma.
Tal como lo plantea Revueltas, la clase dominante, bajo la máscara de la Cuarta Transformación, no puede expresar abiertamente su objetivo: ampliar la acumulación de capital en su beneficio.
Las “sustituciones ideológicas y fetiches doctrinarios” de la política “a la mexicana” en la 4T, están sostenidos en lo material por los programas sociales (becas, pensiones, etc.) y en lo ideológico por el discurso que, desde AMLO, ha invocado conceptos abstractos e imprecisos que hacen referencia al “pueblo”, homogeneizando a la sociedad y borrando a las clases sociales.






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