Por Israel

Octubre de 2024 se despierta con una campaña: porque una persona es mujer resulta garantía y reflejo de todo lo mejor que se puede realizar en esta pútrida existencia humana. Y es pútrida, porque una cosa distinta no arroja el capitalismo desde sus entrañas para alimentarnos el alma en lo cotidiano.

La ideología reaccionaria, la miseria humana, el despotismo, el nepotismo, la corrupción y otras prácticas ejemplares para educarnos como parte de las enseñanzas de los capitalistas quedan borradas por el encanto de que una persona sea mujer. Ya no existen las Margaret Tatcher o las Hillary Clinton, que se ufanaban de reprimir movimientos sociales, privatizar activos públicos, quitarle a países parte de su territorio (Malvinas) o bombardear pueblos persiguiendo a los enemigos del imperio (invasión a Libia).

Ninguna mujer de esa calaña milita en el llamado feminismo, pues éste está vacunado contra toda desviación de los grandes objetivos a alcanzar por el simple hecho de que se trata de mujeres. Y este manto casi místico alcanza a los hombres escudados detrás de ellas, empoderadas (según) a partir del 1 de octubre en el gobierno nacional. También dejan de tener ideología o se borra lo que hicieron, como haber sido parte de quienes participaron en desapariciones de otras personas, tan prescindibles como los 43 de Ayotzinapa.

Si con el primer gobierno de la llamada 4T se colocaron los cimientos de un reformismo que metió a los militares por todos lados y desmovilizó a la población otorgándoles apoyos económicos, el siguiente gobierno autonombrado segundo piso (¿luego de los cimientos sigue un segundo piso?), con el manto tendido de que sea encabezado por una mujer todo lo que haga estará justificado sin importar otra cosa más que el emblema de que por fin, luego de 200 años de República, llega a la presidencia una mujer (llegamos todas, dijo a su entrada).

Se dirá que plantear esto es misoginia, machismo y calificativos de este tipo. Pero la ceguera que hubo con el primer gobierno de la llamada 4T expresada en el pendejismo de muchísima gente, sólo porque recibió por vez primera un apoyo público, se está repitiendo con el segundo gobierno nacional de la llamada 4T ahora con el sambenito de que el machismo, la misoginia y el patriarcado en general se acaba con la llegada de una mujer a la presidencia de la República (o que al menos esa posibilidad cabe).

Hay personas que no están de acuerdo con esta manera de concebir la realidad y no pasa nada, como diría la nueva presidente (o presidenta, para ser incluyente ¡arrooozzz!). La formalidad de eso que llaman democracia (como si en el capitalismo esa realidad fuera posible) está dada en mero discurso. Decir que todos tienen los mismos derechos es pura formalidad, pues en los hechos eso no es posible. Cualquiera se puede manifestar, el que sea puede opinar, reunirse, organizarse y llevar a cabo la protesta por lo que le parezca injusto.

Es algo tan simple que quien carece de consciencia y de medios para mantenerse (su persona y a sus dependientes) les resulta al menos difícil ejercer derechos reconocidos formalmente. El caso de los trabajadores del Poder Judicial (como parte del movimiento de la reacción) que durante todo el tiempo que llevan en paro, siguen cobrando su sueldo, contrasta con el paro que puedan hacer obreros de alguna industria, que dejarán de percibir su salario pues el patrón no pagará porque los trabajadores que contrata protesten de alguna manera.

Ya que esta consigna acerca de la manida democracia sea repetida como disco rayado apenas empezando un gobierno, indica por dónde va el camino a seguir. Esto es, se ampliará la presencia de los militares y se seguirá maiceando a la gente con entregarles un apoyo, para que ni protesten ni se organicen, para que sigan aplaudiendo a rabiar la farsa de que ya, por llegar al gobierno, la lucha de clases quedó superada.

Desde luego, más de uno se sentirá ofendido con que se diga esto porque no conciben que cualquier lucha que se lleve a cabo, aunque se detenga nomás en la mentada democracia, si carece de autocrítica terminará por defenestrar sin remedio. Sin siquiera soñar con hacer algo por contribuir a terminar con el capitalismo, el reformismo de la 4T regurgita sus propios lemas de campaña, preceptos de humanismo mexicano que tienen sustento en el sonido del dinero con el que desmoviliza mediante el conformismo a la gente. Con dinero baila el perro, dicen.

Se pensará que exageramos, que debe dársele tiempo al nuevo gobierno para que demuestre de qué está hecho. Pero nada hay más claro que ciertas acciones tomadas como muestras de lo que ya está en puerta.

En tiempo de mujeres no hay más qué decir de que personajes ilustres hombres lleguen a la Secretaría de Educación y a la de Seguridad y Protección Ciudadana. Por sí mismos hablan de lo que es conocido de manera pública pese a la defensa hecha por el primer y segundo gobierno de la llamada 4T. No, la atención debe tenerse en donde están las 2 únicas empresas públicas con que cuenta el gobierno nacional, plato apetitoso para que regresen los mismos intereses que promovieron la reforma energética en tiempos de Peña Nieto.

No es que se hallan colado por la puerta de atrás. Llegan de la mano de la mujer que estará al frente de Energía para hacer valer el derecho que les corresponde, por haber dado su cuota a la campaña de la primera mujer que llegó a la presidencia del país. Con dinero baila el perro, dicen. Se sea mujer u hombre, o de la preferencia, sexo o género que se quiera, los intereses que cualquier arrastra, esconde, defiende, reivindica, son expresión del lugar que se tiene entre las clases sociales habidas en la llamada sociedad mexicana.

La economía de las energías del tipo que sea en el mundo, se encuentra controlada de modo directo e indirecto por monopolios mundiales (trasnacionales). Desde luego, los nuevos negocios están orientados por las energías renovables (también controladas por monopolios) y por eso el mercado (sic) recibe con beneplácito el nuevo rumbo (sic) del presente gobierno de México. Los intereses de estos capitales conducirán lo que se haga en el país porque no hay siquiera la declaración formal de una lucha contra la oligarquía como en su precedente.

Con el primer gobierno de la 4T la llamada soberanía energética se redujo a rescatar tanto a Pemex como a la CFE hasta el límite que la legislación existente lo permitía. Y esto, incluso, con asegunes, porque pudo haberse hecho más pero el presidente en turno no quiso, no pudo o no se atrevió a cancelar contratos leoninos (por ejemplo), sino sólo a renegociarlos, pues pese a su dicho contra la oligarquía buscó no enemistarse con ella, sino al contrario. Las enormes ganancias obtenidas por los bancos (extranjeros) en México, es evidencia en sí.

Y es que tal vez no se pueda hacer algo distinto dado que el capitalismo en cuanto tal es lo que rige mediante la reproducción de su presencia, al conjunto de la vida económica, material y social de quienes vivimos en el país. Sin exagerar, esto sucede igual si se considera la Tierra en su conjunto.

Que existen ínsulas en los bordes o límites en los que se reproduce la acumulación capitalista, resultan tan irrelevantes para el conjunto, que ha ayudado a crear la idea de que cualquier lucha por destruir al capitalismo, antes que éste destruya toda forma de vida como se conoce en la Tierra, se considera de antemano derrotada y, por tanto, genera la falsa idea de que aunque sea en lo pequeño, pero resistimos, nos oponemos, nos rebelamos. Como si la salida fuera por ejemplo dejar de usar el dinero como agente contaminante de nuestra vida.

Esta visión curiosa de conjuntar lo sentido con lo pensado (sentipensante se autodefine) es la manera en que se ha actualizado la dominación de nuestros espíritus por parte del imperialismo, que ha reciclado movimientos otrora tenidos por opositores a él (feminismo, la diversidad sexual y así) para reinventar sus figuras. Los movimientos reaccionarios y ultra reaccionarios por ejemplo en Europa tienen en su dirección mujeres, que manejan la falsa dicotomía de un nacionalismo (reaccionario) en supuesta oposición al imperialismo.

Volviendo a México, no se piense que quieres hicieron negocios amparados en el gobierno para enriquecerse mediante la CFE o Pemex, regresan perdonados, cabizbajos, buscando algún tipo de reivindicación por ser parte de los gobiernos llamados neoliberales. Vuelven porque entendieron como muchos otros que viven a costillas del presupuesto público (haciendo negocios, ocupando plazas sin devengar su salario, investigando la inmortalidad del cangrejo), que con la primera mujer en llegar a la presidencia su oportunidad revivía.

Y es que no se trata de sexos o género lo que está en juego en el momento actual. La continuidad de los negocios de la oligarquía es lo que preferirá el nuevo gobierno, en consonancia con lo realizado por su antecesor. Sólo que si en éste había algún beneficio de duda para tomar en serio en cierta medida luchar contra la oligarquía, con el gobierno de la presidente actual la entrega será total, pero cuidando las formas nuevas de dar atole con el dedo: una mujer es la careta, pero los intereses económicos de la oligarquía siguen intactos.

Si existe una omisión al respecto de parte de la presidente (o presidenta, para ser incluyente ¡arrooozzz!) es por su misma ideología, por privilegiar el quedar bien con dios y con el diablo, porque ni siquiera un antecedente de relación con algún tipo de lucha democrática comparte la mayoría de advenedizas (y advenedizos, para ser incluyente ¡arrooozzz!) que llegan al gobierno de la primera presidenta de la República.

Con alguna excepción, la mayoría de las mujeres (y hombres que en tropa marchan cubiertos tras sus enaguas) son anti todo. Anti Amlo, anti 4T, anti Morena. Sólo por el hecho de ser mujeres y conocer a la primera presidente de México llegan a empoderarse (¡arrooozzz!) al gobierno nacional. Con excepciones, desde luego, pero el talante que comparten es tan claro que puede afirmarse que se trata de una farsa eso del empoderamiento de las mujeres. Los muchos hombres que los acompañan son la tropa real que moverá los hilos.

Y es que deben ser mujeres quienes ahora den la cara para poder asegurar que la ausencia de Amlo no decae el apoyo al haber una primera presidenta por fin, al frente del gobierno de México. Son juegos de imágenes con las cuales se manipula el sentimentalismo en la gente, para distraerla con apoyos económicos, extender la presencia de los militares, y asegurar la buena marcha de los negocios de la oligarquía, tal y como ha sido la estrategia de la 4T. Sólo que ahora, la simulación ni siquiera incluye una palabra formal contra la oligarquía.

La formalidad de un gobierno paritario (sic) es tan ridícula porque eso en sí no garantiza tener un gobierno del, con y para el pueblo. Sólo es poner una careta ahora femenina, para que los verdaderos intereses que regresan beneficiados con la estela dejada por el primer gobierno de la llamada 4T, les sirva para reestablecer los mecanismos que antes tuvieron en sus manos. Una mera política palaciega da cuenta de cuan extraviados andan los grandes cerebros en el país, en el orgasmo de tener una mujer al frente del gobierno. Como si eso de suyo dijera algo.

Es como el positivismo que asocia posgrados con ciencia, haber participado aunque sea de rozón en algún movimiento para afirmar que se tiene trayectoria de lucha de izquierda (sic, como declaró Petro respecto del apoyo de Sheinbaum a la guerrilla del M-19 en Colombia), o que por ser mujer se es más sensible para cierto tipo de necesidades y demandas de la gente. Tanta superficialidad se maneja en el trato que la migración de los corsarios del gobierno de la ciudad de México, al gobierno federal, denota la ambición colgada de los ojos.

Maravillados llegan todos del rancho llamado ciudad chamagosa al ranchotote llamado país y su gobierno, que no atinan a colocarse aquí o allá, que se les desborda la emoción por hacer su agosto (según), aunque los verdaderos dueños de los negocios que se pueden realizar con Pemex y la CFE ya están en posición y calculando los pasos a tomar para hacer del primer gobierno encabezado por una mujer, el medio para volverse a conectar a la ubre del petróleo, el gas, la energía de cualquier tipo (las renovables ahora) con la cual enriquecerse.

Los tiempos de las mujeres son tan interesantes en el machismo remendón que demuestran, que hasta la inamovible expresión de la primera presidente (o presidenta, para ser incluyentes ¡arrooozzz!) debe irse desgranando conforme el llamado segundo piso de la 4T se venga abajo, y nos demos cuenta que en realidad esto fue el sótano de la 4T. Ni más, ni menos.

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