
Por Israel
El capitalismo pinchurriento existente en el territorio nombrado México está uncido sin remedio a los caprichos del imperialismo. En particular, lo que sucede con los negocios de los gringos repercute sobre quienes lo habitamos, sea de manera directa o a más adelante. Los que están en su frontera norte tienen que lidiar con la entrada y salida de personas, vehículos y mercancías. Con la comparación en los niveles de vida y los beneficios de uno u otro lado en servicios públicos, infraestructura y así.
Quienes están hasta el otro lado, en el extremo sur frontera con Guatemala y Belice, enfrentan situaciones parecidas a las que se viven en la frontera norte, pero sin tener del otro lado incentivos parecidos a los ofrecidos en la tierra que nos robaron los gringos. En medio están quienes vemos pasar las repercusiones inmediatas de depender de lo establecido por el imperialismo para cada frontera, sea porque admite un mayor o menor flujo de personas y mercancías, sea porque facilita el tráfico de mercancías de negocios no legalizados.
Tan sólo por esta ubicación se supone las relaciones capitalistas están más desarrolladas en los territorios norteños que en los sureños (según), o que por la dependencia más inmediata de lo que pase en tierra de los gringos se sienta luego luego en tierra del norte que en las del sur. Así se ha querido ver con los múltiples aspectos en que la relación cotidiana se lleva a cabo en cada frontera, donde los del norte buscan parecerse más a los gringos y los del sur buscan no parecerse tanto a los centroamericanos.
Tales aspectos que parecen genéricos e incomprobables se revelan en cuestiones diarias de trato, atención, solicitud, condescendencia, afinidad, hospitalidad, violencia, rechazo, hostilidad, segregación, y toda esa gama de comportamientos habidos en cada frontera con los del otro lado: sean los gringos usurpadores de tierras robadas a México, sea con los centroamericanos de los que se desconfía y se les mira con más cercanía, al unísono.
En el caso de nosotros, nuestro capitalismo (por ser en el que nos hallamos viviendo) es de esta manera una amalgama más tendiente a servir de colonia uncida al imperialismo, con manchones o ínsulas en las que exista franca la relación obrero-capitalista, que un epítome a resaltar grandes logros propios (como han vendido de su país los gringos en esa propaganda del empresario exitoso tipo Rockefeller y el sueño americano que se desprende).
Y las formas de colonialismo varían de un extremo a otro puesto que no todo el territorio llamado México está conectado con el saqueo imperialista, ni está relacionado de igual manera. La relocalización de negocios (el bártulo conceptual apantalla tontos nearshoring) no es más que la actualización de la conocida exportación de capitales, vivida a fines del siglo 19 e inicios del 20, para acercarlos a los lugares de la Tierra donde se podían extraer bienes de consumo final o productivo, para redirigirlos a los mercados necesitados de estos.
Si el proceso en este caso busca acortar los tiempos de la circulación de mercancías, sólo es porque pese a la diversificación de medios para comerciar el encarecimiento de estos eleva los costos de distribución y venta (intermediarismo). México no se caracteriza por producir bienes de capital y acaso por la producción de materias primas y el comercio como zona de paso para el mercado gringo. Pero no todos los territorios del país viven inmersos en esta dinámica impuesta, aunque al capitalismo ciñan su economía.
El colonialismo que sucede en entidades del sur del país difiere al que prevalece en las zonas del centro o el norte. Mientras las relaciones económicas están ligadas con mayor fuerza en las entidades del sur al colonialismo desplegado durante los 5 siglos de dominación gachupina, a medida que el territorio se inclina hacia el norte de México pierde fuerza y adquiere mayor empuje el colonialismo imperialista del capitalismo monopólico. No existe una zona pulida empero en que sólo unas u otras existan impolutas.
Por no establecer una frontera clara entre una dependencia colonial capitalista o no, se piensa por ende en un modo de producción que impera como si lo hiciera sin matiz. Aunque muchas formas de colonialismo están regidas, supeditadas o responden su funcionamiento al capitalismo, sin ser capitalistas por entero, lo emblemático de este modo de producción (la relación obrero-capitalista) aparece también mezclado con circunstancias y relaciones que no le son propias.
Al no ser el capitalismo un genuino resultado del desarrollo natural (digámoslo así) de la propiedad privada sobre las condiciones objetivas y subjetivas para producir, que separe al productor respecto de sus circunstancias para realizar esta actividad económica, el mundo fáctico o las distorsiones en la realidad (dirían los tecnócratas) conllevan tantos matices de forma y profundidad en cada territorio de México, que el día a día resulta tan confuso si no logramos establecer líneas que guíen su análisis.
A escalas específicas donde la población alcanza muy de vez en cuando o nunca a engancharse con las relaciones capitalistas para ser explotado mediante un trabajo redituado con un salario, las relaciones de dominación económica donde impera o tiene peso la población sobrante conlleva condiciones de trabajo inestables, intermitentes, sin asegurar la reproducción de la fuerza de trabajo entre generaciones. Así sucede con la extracción minera caracterizada por la elevada tecnificación y automatización de sus operaciones.
Donde existe en el país una mayor concentración de tales ramas de producción de materias primas (Norte y Noroeste) y hay (como dicen los litigantes) tradición de empleo minero, es donde existen con mayor nitidez la relación obrero-capitalista, pero sin dejar por completo el vínculo previo con economías que complementen el salario en los periodos en que por el llamado ciclo de vida de la explotación minera, desciende la demanda de fuerza de trabajo (sólo aumenta en la construcción de la mina y de la planta de concentración primaria).
Así que en esta emblemática actividad de la acumulación por despojo (¡arroooozzz!) los mineros se enganchan por unos cuantos años y luego se quedan sin trabajo.Tal vez en parte eso explique el aguante de los mineros y cómo es que las 3 huelgas estalladas hace 17 años en Cananea (Sonora), Taxco (Guerrero) y Sombrerete (Zacatecas) permanecen sin modificación alguna, estancadas pese existir un gobierno como el de nuestro presidente que se embarró la boca de decir estar a favor de los pobres.
El capitalista (porque así se dice al constituir su fortuna como tanto otros al amparo de la protección y beneficio de concesiones y empresas que eran públicas), dueño de las minas paradas por huelgas estalladas hace mucho, ha permanecido sin mover un dedo para resolver estos conflictos y no hay autoridad que lo haga actuar en contrario (la que representa nuestro presidente hasta ya lo alcahueteó al amparo del llamado T-Mec). La impunidad de quienes desaparecieron a los 43 de Ayotzinapa, es similar a la que impera en este caso.
Aparte de la inutilidad demostrada por el gobierno de nuestro presidente que de lengua nos dio a comer muchos platos en el caso de los normalistas y en el de los obreros mineros en huelga, la impunidad reinante es muestra del tipo de capitalismo pinchurriento en el que nos movemos donde la llamada democracia y el gobierno son meros floreros que sirven de adorno para quienes de verdad mandan en el país. Y la impunidad con que le planta su risa el poder judicial a nuestro presidente para soltar al que se le venga en gana, confirma este hecho.
Es curioso cómo el engaño en que viven los muertos de hambre les hace esperar que de la continuación de la 4T recibirán algo más que las migajas de presupuesto constatadas. Libertad, justicia, patria y otras veleidosas palabras con que se ha revestido la existencia del capitalismo no sólo brillan por su ausencia donde quiera que este modo de producción ha prevalecido, sino que en el caso de territorios como el de México ni siquiera son la estela de existencia alguna real a la que pueda referirse alguien, como no sea para darle atole con el dedo a la gente.
En este sentido, si nuestro presidente está a un paso de irse a la chingada (su finquita) no queda tiempo para enmendar el florero en que se convirtió en estos casos relacionados con demandas esenciales de los pobres por los que dice luchar. Y no es cualquier cosa. Puesto que el capitalismo pinchurriento en el que vivimos está fincado en el robo descarado y la violencia como premisa de actuación de quienes se sienten o se convierten (muchas veces de la noche a la mañana) en dueños de medios para producir.
La respuesta constante y en no pocas ocasiones mediante la lucha armada de parte de los muertos de hambre despojados, explotados y saqueados hasta de sus magros sueños por mejorar su nivel y condiciones de vida, para obtener libertad y justicia, ha sido la actuación común en muchos territorios del país. Con el gobierno de nuestro de nuestro presidente y su 4T el adormecimiento por las cuentas del banco del bienestar a las que han accedido los muertos de hambre, la desmovilización y el apendejamiento han cundido entre ellos.
Si existe un logro de este capitalismo pinchurriento que ha recompuesto en varios aspectos con su gobierno nuestro presidente es desmovilizar mediante el apendejamiento a la gente. Pero de que los verdaderos dueños de la sociedad en que vivimos, los que mandan y se mantienen impunes pese a todo, siguen con las mismas trazas, ese también ha sido un logro de la 4T o, dicho de otro modo, ha sido la omisión más palmaria por no quererse pelear con una oligarquía que se pasa por el arco del triunfo hasta la legalidad creada por ella.
Tan sólo si aplicar la ley en estos y otros casos emblemáticos se pudiese hacer (y hacerlo para nada es ser revolucionario ni atentar de ninguna manera contra el capitalismo) al menos de manera formal se podría hablar de justicia, pero ni eso pudo lograr el reformismo de nuestro presidente. La cobardía por no molestar a la oligarquía pese a los juegos de sombra con que se les espantó de que ahora sí habría un gobierno representante del maltratado pueblo, fue otro plato de lengua comido nomás.
Y no sólo es por los intereses mundanos en pleito cotidiano entre clases, sectores o integrantes de las clases socialespresentes, o el lenguaje, referencias y planteamientos realizados para tal o cual caso. Aquello determinante del actuar de cada uno, y de los hombres del sistema en primer lugar como lo ha sido nuestro presidente desde el inicio de sus décadas de lucha (¡arrooozz!), es la concepción que tienen, su ideología. Y en el caso de la gente que actúa bajo los esquemas dados por el sistema, garantizan como sea que éste funcione.
La revolución de las consciencias emanada de la voluntad de nuestro presidente es la justificación para que el sistema capitalista continue como va, maquillando realidades de injusticia, despojo y ausencia de libertad imposibles de modificar dentro del capitalismo, por no devenir consustanciales a este modo de producción. Y darles atole con el dedo a la gente que acepta esto por carecer de toda esperanza propia, al no ser dueños de sí mismos, depositando en otros los que a sus personas les toca hacer, resulta mera debacle.
Al capitalismo pinchurriento corresponden actores inútiles, pinchurrientos, mediocres. Clases sociales hechizas, actores sociales cretinos, gente sin atreverse siquiera a pensar en cabeza propia y aceptar lo dado por radio, televisión, internet como si fuera lo único y posible. Ya no se diga la llamada intelectualidad que tiene entre sus adalides a sicarios, prostitutas ideológicas que denuestan o aplauden cualquier cosa dicha por algún cretino con dinero,usuario de las llamadas redes sociales, o empleado de algún medio de comunicación.
Si la oligarquía hubiera sufrido una abolladura en sus negocios, las ganancias obtenidas por los bancos o los grandes monopolios de la tortilla, la minería, la construcción, metalúrgicas, el comercio y demás, no fueran del tamaño que son. Este logro económico (que los ricos sean cada vez más ricos) es presumido por la candidata de la 4T. La lucha contra la oligarquía fue otro cuento largo que ni siquiera incluyó esa tibia propuesta de gravar más las grandes fortunas de capitalistas. Y no parece que la situación vaya a modificarse.






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