Por Israel

Que es tiempo de luchar desde la identidad, afirma alguien que se presenta (o la presentan) como estudiosa de los movimientos guerrilleros en México, en particular de la Fuerzas de Liberación Nacional, hoy EZLN. Como los 11 puntos de su primera declaración no eran alcanzables más que acabando con el capitalismo y eso, ¡uuuuuy!, tardaría mucho tiempo, se redujo el alcance de la lucha a pelear por los derechos de los llamados indígenas.

El invento de llamar indígenas a tzotziles, zoques, zapotecas, mixtecos, rarámuris y otros pueblos fue producto genuino del colonialismo (en este caso la conquista por la Corona española). Ya lo de indios (despectivo) fue (según) una confusión de los que luego fueron conquistadores al llegar a las tierras que hoy llamamos América (otro invento). Como para fines del siglo 20 cuando el imperialismo le ha dado al traste a las referencias del ser humano como ser gregario o social, lo más fácil fue refugiarse en el conformismo.

Entonces se promueven las identidades para fragmentar las referencias colectivas en la sociedad capitalismo e imbuir el individualismo de contrabando, de manera abierta, por todos lados. El surgimiento de problemas de identidad (ya hasta para no ser agredido se empezó a emplear el @ y luego una e) guarda estrecha relación con la proliferación del individuo para darse una peculiaridad, como individualistas que somos. Nadie es como uno y por ende la identidad de cada quién, está por encima que la del conjunto.

No faltará el que sea que se sienta agraviado con esto. Porque eso sí, la cerrazón e intolerancia vividas por los otros, ahora se expresa contra cualquier que ponga en tela de juicio el carácter reaccionario de un planteamiento refugiado en diversidad. Salir del clóset, arredrar prohibiciones y obstáculos de cada quien como persona implica más margen para actuar. Y aunque la llamada liberación de los prejuicios vaya de la mano, mientras se sigan dentro del capitalismo los esquemas de actuación no cambian. El individualismo es como es.

Y no importa si se refugia en una preferencia sexual (el que no sea hetero siente por lo mismo que trae el ombligo en la espalda), en la pertenencia a algún pueblo (si no hay individualistas entre los llamados indígenas, entonces debe ser seres de otro planeta, marcianos se les decía en forma genérica antes), en ser los sujetos sociales de la revolución (abundan los obreros reaccionarios que justifican de la forma que sea a su patrón y defienden ser explotados por temor al desempleo). En cualquier caso, el individualista no deja de ser lo que es.

Esa aparente disyuntiva que dicen haber donde antes se luchaba desde las clases sociales y ahora desde la identidad, abreva del desmantelamiento efectuado por el imperialismo para generar confusión de la lucha principal al minar y destruir si fuera posible por completo, toda referencia que hace del ser humano lo que como ser social es. Fragmentar o pulverizar las luchas en contra del imperialismo, permiten a éste administrarlas mejor y darles una voz que se erige como propia aunque se trate del propio rejuego para dar válvulas de escape.

Por los mismo, viene como anillo al dedo el papel otorgado por las circunstancias en que se reproduce la acumulación capitalista, para quienes viven en territorios donde existen recursos de todo tipo apetecibles para las transnacionales. A toda circunstancia material (histórica, social y económica) le corresponden las imágenes que recogen su naturaleza, el papel a desempeñar en el momento que se trate y los sujetos involucrados. Que cuando se pierde de vista lo anterior o se le da la espalda a lo que es una causa de lucha, la confusión aumenta.

Que puedan ser sujetos de algún tipo de relevancia, deviene así debido a la circunstancia de habitar territorios con recursos apetecibles para las nuevas ramas de producción de bienes de capital o de consumo, al buscar ser incluidos dichos territorios en los circuitos que le sirven a las transnacionales para incrementar la acumulación de su capital. Ya de suyo, los recursos habidos en tales territorios (la tierra en primera instancia, con todo lo que en ella habita de vida) han sido codiciados por el colonialismo.

Hoy, sin embargo, al no existir dique alguno para detener la voracidad imperialista, el primer plano al que han arribado tales territorios y quienes los habitan genera la apariencia del protagonismo con el que se quiere estimular en los corazoncitos locos de nosotros incautos, la presencia de un nuevo corsario, bandolero, rabioso inconforme, que hará las veces del supermán de los pobres.

El heroísmo del que se ha ido alimentado esta circunstancia (con la ternura propia del sentimentalismo pequeñoburgués, que se espanta del muerto y abraza la mortaja) cunde por todos lados. Adquiriendo muchas veces (dizque) despropósitos de travesía trasatlánticas y galácticas. La pobreza de espíritu por embeberse en el individualismo de una desubicación (para no decir una traición alcahueteada por más de uno), genera la pereza mental de que: a más rabiosidad, mayor poderbilidad (diría Po al pelear junto a los 5 furiosos).

Pero los héroes no caen del cielo envueltos en una bola de fuego como le sucede a Po. Y la travesía por alcanzar el estrellato de la pureza revolucionaria es una manera bastante descarada de querer dar atole con el dedo. Ora que si quienes viven en territorios envidiados por la voracidad delirante del imperialismo se la creen en ese supuesto papel de rabioso combate, no se puede hacer otra cosa que indicar tal hecho, esperando algún día se sacudan de su almita las miserias espirituales allí depositadas por Rambos de abajo y a la izquierda.

Se podrá decir que en la coyuntura de constatar cómo los mexicanos al grito de guerra en 1994 prefirieron alzar el signo de piz and lov (peace and love, amor y paz) antes que aprestar el acero y el bridón, fue (o es, según) razón suficiente para cambiar los 11 puntos de una primera declaración, por demandas de los mayoritariamente integrantes del levantamiento.

Si eso lo aceptaron los habitantes de los territorios anhelados por el imperialismo fue su decisión. Y las consecuencias de eso se viven hoy en medio de una descomposición social a causa de los negocios no legalizados habidos en la frontera sur del país llamado México. Quizá no había una alternativa distinta más que aceptar que luchar desde las clases sociales era anacrónico y lo mejor era refugiarse en demandas surgidas desde la identidad de los mayoritariamente integrantes de la gesta heroica conocida. Quién sabrá.

Eso y el no trascender con una muerte heroica en el combate, produjo la pregunta: y ahora qué hacer. Lo que viene a cuento en todo esto es que en esas materias tan descollantes como hacer la revolución y tener la verdad verdadera blindada contra toda objeción posible, son de las causas que han dado al traste la continuidad de las luchas de los muertos de hambre.

Y como se carece de un chip que pueda ser implantado por inyección, jarabe o pastilla, para asegurar la continuidad de los objetivos principales y originarios, el camino puede torcerse y pagan los platos rotos quienes por acción u omisión carecieron de la visión de ver lo que se les venía a cuestas. Nada más teórico que una chaqueta mental a todas margaritas para justificar el derrumbe, la caída, el chaquetazo. Y todo por creerse la infalibilidad de nuestras propias decisiones como émulo de imágenes estampadas en playeras y distintivos.

Como la historia de los muertos de hambre la exponen voceros que acomodan o justifican, los testimonios sólo quedan allí, en la historia truncada, rota y pospuesta al anteponerse uno por sobre todas las cosas. Si hasta nuestros intelectuales de pacotilla se dedican a estudiar la historia de las luchas de los muertos de hambre y doctorados realizan para tal fin (¡arroooozzz!), el camino del guerrero (diría el maestro Shifu) no pasa de la esquina de las lamentaciones, encuentros intergalácticos, foros contra la hidra capitalista.

Levantarse en armas para terminar realizando encuentros, foros, cine debates y así, puede estimular a los desterrados que miran su porvenir echado a perder con la decisión loca adoptada el día que dijeron basta, para echarse a andar. La heroicidad que buscaban era mayor al compromiso de estar de un lado sin sacar provecho alguno, como no sea la satisfacción del deber cumplido que no los llenó.

Si eso representa algún provecho para alguien que no sea el dueño de sí, cuando se ofrece lo único tenido para respirar a disposición de los demás, entonces se habla idiomas distintos. Entre el deber y lo decidido no hubo (o no hay, según el caso) tangencia alguna.

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