Foto: elnidodelcuco
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Por Jorge Álvarez Méndez

Al incorporarse México al vuelo del capitalismo como formación económico-social, asume desde su condición las contradicciones inherentes al régimen de propiedad dominante. Es más preciso definir que se incorpora siendo incorporado: juega como factor dominante el gran capital monopólico desplegándose a nivel mundial. No es otro que el asentado en Estados Unidos.

Los cinco años de ascenso al gobierno de López Obrador (es decir, del movimiento social y político por él encabezado) han ocurrido en medio de la más violenta crisis del capitalismo con sus secuelas inmediatas: guerra en Europa, genocidio en Palestina, confrontación con Rusia y China, vuelco a la derechización en América Latina.

No se reescribe la historia radicalmente en un sexenio, pero este gobierno enunció tareas de conquista de mayores espacios de soberanía, bajo lo alcanzable durante la histórica dominación yanqui.

En ese marco se mueven las contradicciones entre estos objetivos con respecto a los intereses de los monopolios gringos para trasladar los costos de la crisis por medio del Estado-nación que los defiende y representa a través de sus múltiples tentáculos gubernamentales: Departamento de Defensa, agencias antidrogas, servicio de espionaje, Reserva Federal, cuerpo diplomático y su extensión en los etiquetados como organismos internacionales (Fondo Monetario Internacional – Banco Mundial).

En el juego de sombras de las instituciones y de la diplomacia, se escenifican por debajo las estrategias de conquista e injerencia hacia los países. La verdadera política exterior no está en las embajadas sino en los planes de expansión de las gigantescas corporaciones: más que la verborrea de cancilleres, el volumen de inversiones resulta más fidedigno indicador de las relaciones internacionales.

Mejor clima de negocios no ha habido como se evidencia con la mayor inversión extranjera directa en 2023, con 36 mil 058 millones de dólares en una tendencia ascendente desde el año 2020. Estados Unidos concentra el 42.6 por ciento de ese total.

En las cuentas de la tecnocracia la desactivación de la organización política y del estallido de inconformidad social, figuran como estabilidad macroeconómica.

Tan favorable ha sido la política económica al puntual cumplimiento del T-MEC que el monto de la IED se compone en 78.6 por ciento para acrecentar su escala de acumulación en México (reinversión de utilidades). Plena confianza de los capitalistas de E.U. sobre todo en tiempos de ajuste de cuentas con China en el mercado mundial y las cadenas productivas; con Rusia en el plano militar y energético. La mitad de las inversiones yanquis se han dirigido a la industria manufacturera.

Para alcanzar sus objetivos expansionistas los monopolios recurren a maniobras desestabilizadoras todo el tiempo como los mecanismos para lograr ganancias extraordinarias, eliminando a competidores por el control del comercio, hegemonizar los circuitos financieros, acaparar nuevas tecnologías o apropiarse de las fuentes de materias primas estratégicas. Los gobiernos que se mueven milímetros de sus planes globales siempre van a ser presionados porque la dominación descansa en lo económico fundamentalmente, y se implementa con planes políticos, así como con agresivas campañas ideológicas (superestructura).

Hacen lo suyo en estas enormes presiones las notas dadas por las agencias calificadoras que son parte orgánica de los intereses del capital financiero a nivel mundial copado por E.U. mediante la imposición del dólar como dinero mundial. Año tras año esas agencias castigan las evaluaciones a PEMEX por no regirse irrestrictamente bajo la lógica de las empresas privadas, sino recuperando en parte su misión para financiar actividades estratégicas en lo económico y el presupuesto público para gasto social.

En esa línea político-ideológica, el gobierno encabezado por AMLO reclama su espacio donde el Estado-nación opera intereses propios porque hay formación económico-social, competencia entre capitales y una lucha de clases fronteras adentro. Sin que puedan hallarse visos de existencia de una burguesía nacional, los grandes capitales acumulados en México han contado con margen para respirar, hacer negocios y disputar ganancias a sus socios mayores (las trasnacionales acuerpadas en el gobierno yanqui).

Esa presión extranjera se intensificó, tal como se mostró en la política energética de defensa nacional de las industrias petrolera y eléctrica ya muy sangradas por realizar transferencia de valor a las gigantescas corporaciones desplegadas desde Estados Unidos en primer lugar (algunos más en Europa).

Una contradicción en la estructuración del capitalismo en México, para hacerse imperativo, es el agandalle de los capitalistas concesionarios de contratos para invertir en infraestructura o para comprar la energía más barata, que ha de revertirse en descapitalización de las empresas públicas ordeñadas por los monopolios y por la corrupción de sus socios menores en México.

Es la historia de los países subdesarrollados al funcionar con algunas industrias y mercados como enclaves de la acumulación de capital de las metrópolis imperialistas, de forma importante en la producción energética y minera. Cuando se mueven para sacudirse algo de ese yugo que impide su propia acumulación bajo la ley de la ganancia media, la presión hasta militar no se hace dudar, con la antesala de las medidas unilaterales (“sanciones económicas”). El imperialismo siendo tal para agenciarse ganancias de monopolio (por encima de la media).

Entre otras cosas por eso no se pudo conformar una burguesía nacional que con independencia opere el desarrollo del mercado interno y de las fuerzas productivas sin ser apéndice. El ápice de independencia hasta ahora no conseguido por el gobierno actual, es frenado por la apátrida oposición entregada a las turbias operaciones de las catacumbas diplomáticas, mediáticas y de la seguridad nacional gringas.

La desmovilización de la base social obradorista, desde el propio ejecutivo ha sido la regla para “amarrar al tigre” y es una de las grades contradicciones para conjugar contención social y poder defenderse masivamente de la andanada yanqui patrocinando las matrices de opinión de la derecha. Todo en un contexto de recomposición del imperialismo gringo ante el mayor peso de China.

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