Foto tomada de: El Viejo Topo
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Por Israel

Cualquiera puede decir lo que sea sobre la grandeza de ser humano. A veces su miseria está colocada en el pedestal de los acontecimientos que dan curso o cambian el sentido de un tiempo específico. Es el caso del exterminio que el imperialismo, empujando al Estado sionista para ello, lleva a cabo con el pueblo palestino y la extensión del negocio llamado guerra a esa región de la Tierra. Todo fuera con ponerlo en el papel de cierto modo para confirmar un evento o que desapareciera sin remedio.

Siendo nostálgicos pesimistas la llamada esperanza en ser humano es una tontería a medida que el capitalismo impuesto como sea por el imperialismo, en regiones y lugares que abarquen cada vez más la totalidad de la Tierra, sigue rigiendo los destinos de la especie llamada humana. Y siendo más pesimistas ni porque seamos convencidos rabiosos de que con la humildad de nuestra gran dignidad damos ejemplos a todo el mundo, se hace una grieta a partir de la cual andando el movimiento estallará la situación imperante.

Eso sucede con los vidrios, que con una fisura se extiende la rajada y termina por quebrarse. No hay manera de restaurar un vidrio roto. Y al ser humano la pretendida grandeza de su ser que lo define le ha cobrado con creces los resultados, al grado tal que por ser el capitalismo un resultado de lo que el ser humano llevó a cabo a partir de ponerle nombre y apellido a lo que le rodea para apropiárselo de modo exclusivo, la vida tal y como se conoce en la Tierra está en peligro de desaparecer.

Se pensará como catastrofismo lo anterior pues el capitalismo tiene augurios malos en su contra desde el siglo 19 y es el día que continúa vigente y reproduciéndose como larva, arrastrando al humano a pensar y hacer lo que para ese modo de producción es imperativo y beneficioso. Con lo que se estaría exagerando el resultado al darle un carácter de inevitable, o que no concuerda (según) con el advenimiento de la revolución proletaria (según dicen del llamado determinismo los que dicen saber de esto).

De pesimismos encadenados podemos llegar al llanto, la desesperación o suicidarnos (como metáfora o en un sentido real) debido que cualquier cosa que hagamos por (como suelen decir) poner nuestro granito de arena para acabar con la barbarie imperialista, los resultados magros nos desilusionen. Nadie nos puede asegurar en estos caminos del señor (cuál de todos nos preguntamos) que las dificultades puedan ser sorteadas con facilidad. Si nos encomendamos a lo que nos dé tranquilidad tendremos mero ejercicio de consuelo.

Para cambiar lo hecho por el humano sólo se puede partir de la propia obra de él y de nadie más. Por más imploración que efectuemos a la ayuda de cualquier señor que no sea la capacidad de transformación con que cuenta el humano, será mera plañidera verborreica. En el caso de la lucha de los muertos de hambre por acabar con el capitalismo, si bien esto no se hace de golpe y porrazo, tampoco es que sea algo que haya que esperar a mañana para que suceda o esté sucediendo.

Lo anterior no es algo que se esté descubriendo ahorita, aunque no faltan los casos que, por llevarlo de alguna manera a la práctica, sienten que el ego se les ha insuflado a tal grado que, sin decirlo, se colocan en el centro de todas las luchas (sic). Tan ridícula y nociva costumbre es alimentada por el propio capitalismo que, en vez de fomentar la solidaridad y coordinación de luchas contra éste (ni esperarlo de algún modo), promueve individualismo, desunión, sectarismo y otras lacras similares entre los propios muertos de hambre.

La competencia tan enaltecida por el capitalismo como el medio (según) para dirimir los intereses encontrados entre los capitalistas en el terreno llamado mercado, es trasladada como mecánica que sin darse cuenta alimenta la manera de relacionarse entre los muertos de hambre para ponerse de acuerdo, dirimir diferencias, establecer propósitos de lucha y organización común, armar prácticas y recrearlas buscando perduren a través del tiempo y por generaciones. El resultado sobre tal base será sin duda nulo.

Los muertos de hambre no tienen otra manera de crear su propia organización y lucha más que remitiéndose a lo que ellos mismos han hecho, sea por mano directa o sea como legado de otros muertos de hambre de tiempos previos o lugares distintos que dejan testimonio o huella de lo ocurrido en su momento. Y de no haber antecedentes al respecto, para eso está la imaginación, el análisis, la discusión y revisión mediante valoración crítica y autocrítica de lo que al alcance de su mano puede ser empleado.

Que los muertos de hambre lleguen a determinadas conclusiones no se debe a la grandeza individual o la capacidad que los aventajados sacaran para sentirse líderes, dirigentes, guías espirituales. El que sea con un poco de perspicacia puede obtener conclusiones al tratarse de análisis colectivo o común, en el que la base para actuar es obtener ideas con las que el conjunto define acciones a seguir. Cuando se trata de un planteamiento para luchar y organizarse, se llegan a convicciones que cada uno hace suyas para definir su propio actuar.

De este modo, la lealtad que se crea no es con la persona sino con el planteamiento que se hace en su conjunto y que puede tomar cuerpo en una u otra persona (o grupo) en función, eso sí, de la congruencia e integridad habida con el planteamiento colectivo o común. Y esto es relativo, pues cuando existe coincidencia con un planteamiento y las convicciones asociadas a éste enraízan bien, las seriede lacras con las que el capitalismo busca desmoralizar y desmovilizar la lucha y organización tienen menor impacto.

Esto que suena tan fácil decirlo, en los hechos para los muertos de hambre tiene una serie de asegunesporque todo está en contra de ellos. El capitalismo no les facilitará bajo ninguna circunstancia organizarse para luchar, ni les facilitará desarrollar sus combates para que puedan, como quiera que sea, alcanzar conquistas u objetivos que vayan contra puntos sensibles, o que pongan en peligro la reproducción o existencia del modo de producción capitalista.

Y a lo anterior se agrega que el humano en cuanto tal es gente. No tiene un ser constituido como ser humano fuera de una historia específica y circunstancias materiales u objetivas que le dan cierto horizonte. El ser humano al hacerse lo que es según su devenir como ser social dentro del capitalismo, no tiene la misma constitución en todos lugares y momentos. Y si el capitalismo en cuanto modo de producción es mera abstracción que identifica rasgos comunes para su funcionamiento y presencia en cualquier lugar, en la vida real no es así.

La forma como se organiza la economía de las sociedades para implantar y desplegar el capitalismo cambia con el tiempo y bajo distintas circunstancias que, en algunos casos, hace más violenta que en otros la lucha entre las clases sociales. Lo anterior no sólo ocurre entre las que tienen intereses contrarios, sino incluso entre miembros de las mismas clases que se adueñan de los medios y condiciones materiales para producir, quienes se pelean por una mayor presencia en el conjunto del capital apropiado y en la repartición de los mercados.

A medida que se constituyen las clases sociales con las cuales el capitalismo funciona en la economía de una sociedad, se van perfilando las identidades que cada uno reivindica para sí, de manera explícita y articula, de modo subordinado a lo que la clase que dirige tal funcionamiento impone como condiciones sociales, en forma insular o entremezclada con lo imperante en el momento que se trate. En resumen, las identidades que prevalecerán serán aquellas que no estorben a la marcha del capitalismo.

Cuando los muertos de hambre deciden generar su propia identidad, a fin de contar con un horizonte de organización para luchar, esa puede ser el resultado de herencias de otras clases en curso de asimilación o desintegración, o constituida a la par o retomando lo que otras clases subsumidas en todo o parcialmente por el proceso de proletarización inherente al capitalismo han ido generando. No existe un único proceso para que los muertos de hambre arriben a una identidad propia y ésta se encuentra en constante enriquecimiento.

Lo anterior es válido no sólo como parte del proceso de toma de consciencia de las condiciones en que vive y piensan los muertos de hambre, en sus circunstancias de subordinación, dominación y al estar subsumidos por el capitalismo, sino como mera intuición o espíritu de rechazo o protesta que puede obtener ante esa su realidad. Como se suele decir el mero instinto que por ser parte de una clase social se forja dentro de ésta.

Como no existe un límite a partir del cual los muertos de hambre pasen de una respuesta (digámoslo así) instintiva a una consciente, el fetichismo que al respecto se ha creado hasta ha dado para que sendos intelectuales de postín digan contra el llamado eurocentrismo, hay que formular la filosofía de la liberación, la descolonización de las mentes y espíritus. Será el sereno, pero el muerto de hambre no puede ser tan tonto (no lo es de por sí, ¿o sí?) como para rechazar todo aquello que le permita adquirir plena consciencia de su realidad.

Más que las maromas y embrollos conceptuales que los grandes filósofos de nuestro tiempo se hacen para parecer unos más creativos que otros, combatir el idiotismo capitalista en que se encuentra subsumido el espíritu que anima a los muertos de hambre, radica en procurar ir siempre a la raíz del humano como ser, como ser humano. Porque a base de una ideología reaccionaria la gente se apendeja y termina por creerse que la rabia es fuente para conocer, luchar, organizarse, como si la caca que sale de las tripas por el recto fuera un aporte teórico.

Quien reivindique la grandeza humana basada en la inutilidad de buscar en el coraje que reverbera desde las tripas una fuente para abrir grieta a la barbarie que impone en el presente el imperialismo, corre el riesgo de quedarse en un estallido que no por heroico (no es agradable decirlo)deja de ser inútil. Buscar que los muertos de hambre tomen plena consciencia de sus circunstancias implica una formación que no reproduzca el propio individualismo del capitalismo. Aunque sea rabioso, el individualismo sólo será pasional.

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