Fotografía:  Antonio Turok

Hace 30 años se escuchó resonante un grito que clamaba: ¡Ya basta!, proveniente de la boca del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), el cual demandaba trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz.

Era la década de los noventa, el país estaba sumido en las consecuencias del capitalismo en su fase neoliberal, además de la dominación de los propietarios de los medios de producción, sobre los que no tienen nada más que su capacidad de trabajar, se instalaba una ideología que exaltaba al individuo sobre la comunidad, se planteaba teóricamente la libre regulación de los mercados sin participación del gobierno, pero la realidad era que el gobierno se ponía al servicio de los empresarios y de los intereses de los países imperialistas.

Durante el neoliberalismo se perdió soberanía por iniciar con la privatización de las empresas paraestatales, como Petróleos Mexicanos (PEMEX) y Comisión Federal de Electricidad (CFE); se acosó y desmanteló a sindicatos democráticos; se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que no fue otra cosa que la institucionalización del servilismo mexicano hacia los yankis; se modificaron las leyes para que la tierra ejidal pudiera volverse privada y para entregar los recursos naturales propiedad de la nación; se buscó eliminar la gratuidad de la educación y tecnificar sus contenidos; en suma, se intensificó la miseria en la que -de por sí- ya vivían los jodidos de este país.

En lugar de humanidad nos ofrecen índices en las bolsas de valores, en lugar de dignidad nos ofrecen globalización de la miseria, en lugar de esperanza nos ofrecen el vacío, en lugar de vida nos ofrecen la internacional del terror.[1]

En este contexto económico, el EZLN le declaró la guerra al gobierno, pero no fue el único movimiento armado que surgió en demanda de mejores condiciones de vida para los pobres, ellos mismos declararon ser producto de 500 años de luchas:

Cuauhtémoc, Hidalgo y Morelos, Villa y Zapata, Jaramillo, Genaro y Lucio, indígenas, jornaleros del campo, obreros, maestros, médicos, ferrocarrileros, el movimiento estudiantil del 68 y 71, el Movimiento Armado Revolucionario (MAR), la Liga Comunista 23 de septiembre y todas las guerrillas urbanas, lucharon, resistieron y en muchos casos dieron su vida, para transformar la realidad de millones de mexicanos desposeídos.

Desde la conquista hasta nuestros días, hay gente que se organiza en contra de los opresores y a favor de los oprimidos, han surgido distintas manifestaciones y formas de lucha. En este contexto histórico se encuentran los antecedentes del EZLN, pues tienen como origen las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) formadas a finales de los años 60.

Durante las décadas de los 60’s y 70’s, tomando el ejemplo de la Revolución Cubana, así como del heroico pueblo de Vietnam y bajo el llamado de Ernesto Che Guevara en 1967 a «crear dos, tres… muchos Vietnam», aconteció una oleada de movimientos guerrilleros en México.

En 1969 en Monterrey, Nuevo León, se fundaron las bases del EZLN: las FLN. Se conformaron como una organización político-militar clandestina integrada por jóvenes de Monterrey, Veracruz y Chiapas, cuyo fin era la toma del poder político y económico, a través de la lucha armada.

Para 1974, debido al autoritarismo y represión del gobierno y los militares, las FLN sufrieron bajas significativas. Posteriormente decidieron replegarse y actuaron 9 años sin hacerse visibles en las calles, mientras tanto formaron una amplia red de simpatizantes y colaboradores en distintos niveles de participación.

Después, el 17 de noviembre de 1983, un reducido grupo de guerrilleros de las FLN, junto con militantes del movimiento campesino e indígena chiapaneco (formado mayoritariamente por indígenas de las comunidades Tzeltal, Tzotzil, Chol, Tojolabal y Mam) fundaron en las montañas del sureste mexicano el EZLN, una organización político militar que desde entonces lucha por democracia, libertad y justicia.

El EZLN se levantó el 1 de enero de 1994, el mismo día que entró en vigor el TLCAN, en la Primera Declaración de la Selva Lacandona le declararon la guerra al gobierno y dejaron claro que rechazaban el sistema económico neoliberal que con sus promesas de “desarrollo” y “modernidad” mantenían -y mantienen- sumidas en la pobreza, desigualdad, violencia, exclusión y marginación a los desposeídos de este país y principalmente a los indígenas.

El 1 de enero de 1994, amanecieron tomadas distintas cabeceras municipales del estado de Chiapas por indígenas cubriendo sus rostros con paliacates. De ese momento en adelante, la organización adoptó un enfoque de resistencia basado en la autonomía y autogestión, priorizando la lucha por los derechos indígenas y la justicia social.

El EZLN planteó la reivindicación de propiedad sobre las tierras arrebatadas a las comunidades indígenas, un mejor reparto de la riqueza y la participación de las diferentes etnias tanto en la organización de su estado (Chiapas), como en el resto del país.

El gobierno respondió al levantamiento zapatista con el envío de tropas militares, cuya brutal arremetida hizo que los guerrilleros tuvieran que replegarse a la selva y continuar con la organización guerrillera desde la clandestinidad.  Sin embargo, el combate sirvió para que fuera escuchado el reclamo del derecho a la tierra, vivienda, educación, salud y empleo en todo México.

La salida organizativa que el EZLN definió fue la de realizar la Convención Nacional Democrática con diferentes organizaciones sociales del país para decidir el rumbo que tomaría la lucha, posteriormente se realizó la Consulta nacional e internacional por la Paz y la Democracia, que ha sido una de las más grande consultas realizadas en el país. Luego, el EZLN y el gobierno firmaron los Acuerdos de San Andrés Larráinzar en 1996, en donde estaban agrupadas las demandas de la organización. A pesar de que el gobierno se comprometió a hacerlos valer, estos fueron desconocidos.

A partir de ello, los zapatistas se continuaron organizando, encontrando nuevos rumbos para su lucha. Su levantamiento impulsó a miles de mujeres, hombres y niños de los pueblos originarios de Chiapas a tomar las armas y retomar sus raíces para expulsar a los grupos paramilitares y finqueros de sus tierras, así como formar comunidades autónomas con autogestión y autogobierno.

La lucha de los zapatistas visibilizó la heterogeneidad de una nación en la que habitan más de sesenta mil comunidades originarias. También impulsó la defensa del territorio mexicano y su soberanía, con base en la formación de una identidad nacional que deben defender los desposeídos, por ser quienes llevan siglos habitando lo que conocemos como México.

Incluso, mucho antes de la llegada a Chiapas de los fundadores del EZLN, las poblaciones indígenas de la Selva y de los Altos han sido protagonistas de movimientos sociales con formación y organización política, que han luchado por mantener una existencia digna, entre numerosas formas de injusticia, violencia e intimidación sistemática. Por ello, el núcleo zapatista que se instaló en la Selva, se encontró con una sociedad indígena con experiencia en la movilización social que había buscado por distintas vías la organización.

El planteamiento del EZLN radica en vivir en comunidad buscando eliminar la marginación, desigualdad y dominación, que para las comunidades originarias toma su forma en el desplazamiento de cientos de pobladores, despojo, negación del conocimiento para mantener a los pueblos en la ignorancia y ser utilizados como carne de cañón, sumisión en los vicios como el alcoholismo, explotación y esclavitud, así como el saqueo de los recursos naturales para beneficio de unos cuántos.

Esta guerrilla logró aglutinar e incluir en su lucha a las comunidades, pero no sólo se contemplaron a los pueblos indígenas, sino que se convocó a las organizaciones estudiantiles, campesinas, obreras y cualquiera que estuviera en contra de la dominación (que persiste en el país) a levantarse en contra del Estado y de la “alternativa” que se impuso como modelo económico: el neoliberalismo.

Actualmente el EZLN está siendo asediado y desplazado por el narcotráfico. La complicidad de las autoridades locales y la violencia de los grupos del crimen organizado mantiene a la gente en un “estado de sitio”, que se refleja en el cobro de piso; el control social a través del aislamiento de poblaciones; bloqueo de carreteras y caminos; además de secuestro, extorsiones y asesinatos. Este “estado de sitio” también está siendo perpetrado por un aumento en la militarización, pues Chiapas es el estado con mayor presencia del ejército y la Guardia Nacional del país, con 17 mil elementos. Y si bien, se presenta como una estrategia de “seguridad” contra el narco, la SEDENA tiene en sus planes la contrainsurgencia.

A pesar de que el Estado a través del ejército, la inteligencia y las distintas formas de contrainsurgencia hayan intentado exterminar a los movimientos armados de los años 70’s y 80’s, los zapatistas en el 94 demostraron que la vía armada sigue siendo legítima y necesaria para la liberación de los desposeídos; ya que, aunque existe la democracia representativa, el voto no es históricamente la manera en la que se pueda erradicar de fondo la opresión.

El EZLN ha estado haciéndole frente al gobierno y al crimen organizado y es una de las organizaciones que con el paso del tiempo ha ido modificando su estructura para poder resistir los diferentes cambios y tensiones que de suyo trae el modo de producción capitalista.

Quinientos años de opresión han demostrado que las luchas no sólo se conforman por la clase trabajadora, sino que, por las particularidades de los procesos de colonización y conquista, quienes deben buscar la liberación son también los pueblos originarios de nuestro país, ya que en ellos recae la doble opresión: la desposesión y el exterminio.

Ese proceso continúa a pesar de la elección democrática que se hizo en julio de 2018, la exigencia de la Primera Declaración de la Selva Lacandona, que plantea una reestructuración política y económica en toda la nación, es a la que se debe regresar ante las condiciones actuales, donde el país se encuentra en guerra, en el sur y en todo el territorio. Por eso, el planteamiento inicial del EZLN es sinónimo de que “otra vía es posible”.

[1] Primera Declaración de La Realidad. Contra el neoliberalismo y por la humanidad. EZLN. https://enlacezapatista.ezln.org.mx/1996/01/01/primera-declaracion-de-la-realidad-contra-el-neoliberalismo-y-por-la-humanidad/

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