Foto tomada de: MST
Foto tomada de: MST

Jorge Álvarez Méndez

Más coyuntural que de fondo ha sido el diferendo actual entre liberalismo y fascismo. El primero trató de identificar como totalitarismo al segundo junto con el comunismo: operación exitosa en la medida de su propagación asegurada por el aparato ideológico del imperialismo, sobre todo estadounidense.

Al sobrevolar el incómodo territorio de la historia concreta, el neoliberalismo lo hace propulsado por la defensa etérea de las libertades individuales para en esa línea terminar ocultando su profundo emparentamiento con el fascismo en cuanto a la defensa irrestricta de la propiedad privada basada en la explotación capitalista, en la producción de plusvalía. Una y otra vez con ese discurso se han combatido y suprimido a las fuerzas políticas revolucionarias que luchan por erradicar la explotación: justo la doctrina liberal ha permitido suspender derechos como el de expresión, organización y protesta, sobre todo en tiempos de crisis al ver amenazados sus niveles de acumulación de capital.

Ha sido así con Estado de sitio-Estado de emergencia-Estado de excepción. Así lo han experimentado organizaciones y militantes, armados o no, en contra del capitalismo.

Pero se requiere precisión a fin de no realizar una identidad mecánica entre liberalismo y fascismo. Este lleva sus últimas consecuencias el emplazamiento de la maquinaria represiva ante el agotamiento del primero en sus contornos democrático-formales, sus formas constitucionales, parlamentarias y republicanas que permiten respirar a partidos y organizaciones opuestos a la dominación burguesa. Empero liberalismo y democracia nacen separados, pues fue con la lucha del movimiento obrero y socialista que se dio la conquista del sufragio universal. La dominación burguesa nace censitaria y antidemocrática: nace oligárquica. Esa simiente le acompaña ante cada agotamiento de sus mínimos consensos o apoyos apenas mayoritarios.

El empacho en sostener una definición de fascista a Milei y su partido político se acoge a la autorreferencia de este como libertario anarcocapitalista. No se asume a cabalidad la defensa ya anunciada del capital financiero para construir la política económica, más allá de un ajuste neoliberal brutal, sin precedentes en cuanto a su magnitud.

Se salvaguardan hasta profundizarse los planes del Fondo Monetario Internacional, de los especuladores financieros y de los bancos privados: sostén del gran capital trasnacional y de sus aliados locales, los grandes grupos industriales, comerciales y la oligarquía agroexportadora. Además, salió a flote el apoyo de altos mandos militares y fuerzas de seguridad. No otro ha sido el sustento material a defender por el fascismo.

En la toma de posesión como presidente Milei sostuvo los mismos sofismas teóricos detrás del saqueo por parte de especuladores financieros a la Argentina: que la causa de la inflación es la emisión monetaria, y reiteró sus premisas para aplicar el shock, con el chivo expiatorio del déficit fiscal. El monetarismo y la escuela austriaca fueron apuntalados en línea con la tendencia al irracionalismo estudiado por Lucáks[1]: el subjetivismo de los supuestos de la economía vulgar al declinar en su investigación de leyes y conceptos para erigir a la economía política en ciencias social apoyada en la contextualización histórico-social de los procesos de producción, distribución, cambio y consumo dados por la teoría objetiva del valor.

Error ver el fenómeno fascista únicamente en los campos de concentración, la iconografía nazi o los golpes de Estado. En pie está esa reducción -cuando no, su caricaturización- para mantener cierta fiabilidad del liberalismo en lo político para continuar legitimándose.

Como evidenció el economista Rolando Astarita la teoría subyacente a las políticas de Milei, mantiene históricamente más vínculos que diferencias con el fascismo. Así, cimeros personeros de la escuela austriaca han defendido más de una vez regímenes como el de Pinochet o han incluso justificado medidas impuestas por el fascismo clásico mussoliniano.

Cita Astarita a Ludwig von Mises, eminencia de la corriente austriaca: “No se puede negar que el fascismo y movimientos similares que apuntan al establecimiento de dictaduras están llenos de las mejores intenciones y que su intervención ha, por el momento, salvado a la civilización europea.  El mérito que el fascismo por lo tanto ha ganado para sí vivirá eternamente en la historia”[2].

En ese texto explica cómo este economista fue consejero en el “régimen austro-fascista de Engelbert Dollfuss”. Desataca también cómo Hayek, otro patriarca de la escuela austriaca, reivindicaba a la dictadura pinochetista sobre todo en su política de salarios flexibles a la baja. Ese es el nodo central de encuentro entre el liberalismo y el fascismo como dos caras de la misma moneda de salvación del capitalismo en cierto momento de la lucha de clases. No de otra cosa se trata sino de aumentar la cuota de plusvalía. Incluso Hayek sostenía cómo bajo ese régimen se habría alcanzado en mayor medida la libertad que durante el gobierno de la Unidad Popular. La única libertad válida aquí es la del funcionamiento irrestricto del capital.

De tal modo, fascismo y liberalismo son como las falsas líneas paralelas de la ilusión óptica, pues al prolongarse en realidad se intersecan.

El irracionalismo unificador de ambas posturas no se halla en la definición técnica de los instrumentos de política económica, sino en la defensa a ultranza del monopolio y del capital financiero como máximo fetiche de la economía burguesa. Irracionalismo encumbrado no sólo por la imposición del neoliberalismo como teoría y práctica en la política económica. Esto fue seguido y apoyado por el abandono del marxismo debido al reformismo de los partidos de izquierda, así como por su ataque en las facultades de ciencias sociales en Argentina y en América Latina en pos de la posmodernidad en sus vertientes y la decolonialidad.

Se pagó una abultada factura por la claudicación hasta pavimentar el camino a una fuerza política fascista. Uno de sus triunfos se lo han regalado quienes le han caracterizado de ultraliberal o libertaria. Desde hace tiempo la serpiente ya repta una vez roto su cascarón. La incubadora sigue encendida.

[1]Lukács sostiene las bases del irracionalismo: “(…) el irracionalismo arranca de esta -necesaria e insuperable, pero siempre relativa- discrepancia entre la imagen mental y el original objetivo. El punto de partida consiste en que los problemas directamente planteados al pensamiento en cada caso, en tanto que son problemas no resueltos, se presentan bajo una forma en la que parece, a primera vista, como si el pensamiento, los conceptos, fallasen ante la realidad, como si la realidad enfrentada al pensamiento constituyera un más allá de la razón (de la racionalidad del sistema de categorías, del método conceptual hasta entonces utilizado). (“El asalto a la razón”. Ed. Grijalbo, Barcelona, 1976, p. 79.

[2] Astarita, Rolando. “Milei y los ‘austriacos’, fascismo y dictaduras”.  (https://rolandoastarita.blog/2022/12/11/milei-y-los-austriacos-fascismo-y-dictaduras/

Deja un comentario

Trending

Descubre más desde Periódico Revueltas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo