Por Juan Carlos Domínguez Vergara

En términos económicos y de manera abrumadoramente mayoritaria, el mundo vive en el sistema  capitalista, que se caracteriza por estar basado en relaciones mercantiles y, dentro de esas relaciones, el mercado laboral en específico cumple un rol fundamental para todo el sistema debido a que la fuerza de trabajo, que millones de personas ponemos en venta todos los días, es la única mercancía de las millones que hay que, en su uso y consumo, es capaz de generar más valor de lo que vale, es decir, genera más valor de lo que equivale su salario; además, es una fuente de la riqueza social, la otra es la naturaleza misma. De manera más clara, la riqueza social, es hecha por el trabajo, es hecho por los trabajadores.

Los clásicos de la ciencia económica Smith, Ricardo y Marx fundamentalmente, descubrieron que el origen de la riqueza social, esa cosa que ahora los economistas tratan de medir en el Producto Interno Bruto, se debe buscar en el trabajo y no en la mera acumulación de metales preciosos como antes se creía, tampoco se haya en el hecho de comprar algo barato y después venderlo caro, como el sentido común así lo da a entender. ¡Aguas con el sentido común!, incluso la experiencia enseña que es el menos común de los sentidos.

Los clásicos de la economía descubrieron otra cosa más, que el origen de la ganancia se debe buscar en el mercado laboral y es trabajo no pagado, aunque fue Marx el que lo expuso con toda claridad con su gran descubrimiento de la plusvalía, que puso al descubierto que detrás del ropaje de democracia, libertad económica, orden y progreso nuestro sistema económico en realidad es un sistema explotador del hombre por el hombre, explotación del trabajo por el capital.

Pero al ser el mercado un elemento sustancial del capitalismo, pues todo va a parar ahí, el mercado se convierte en una vorágine que todo devora, todo se intercambia con un apetito voraz, no solo fuerza de trabajo y productos hechos en fábrica, sino las cosas más inverosímiles que uno pueda imaginar, información privilegiada, datos personales, fakenews, por mencionar algunas.

Tan apabullante es el mercado que se vende la idea de que la ganancia sale de comprar barato y vender caro, y eso le da alas al mercado, lo alimenta, lo nutre y  es estudiado con avidez desde las matemáticas más sofisticadas. Con análisis de programación se analizan precios que suben y bajan sin cesar y se elaboran complicados pronósticos aunque éstos siempre fallen, no importa, fallan pero ayudan a establecer precios aunque estos sean ficticios y con ello, más y más y muchas más relaciones mercantiles.

Y pareciera que ya nadie reconoce cómo se genera esa ganancia y qué rol tiene el capital comercial, qué rol el capital productivo y qué rol tienen los trabajadores y ya nadie recuerda acudir a los clásicos a menos que sea para tergiversarlos y de esa manera ayudar a justificar la causa. Lo importante es ganar, qué importa el origen de la ganancia, lo que importa es el mecanismo para tener resultado favorable, que el suma cero se convierta en un haber es lo importante. No saben ni les interesa que así se han generado las crisis más deplorables que han afectado al mundo entero.

La vorágine del comercio y el caos que trae consigo crea un mundo invertido, y siendo los trabajadores los que producen la riqueza, los estudiosos del mercado concluyen que los que crean la riqueza son los capitalistas al generar con su capital empleos para la gente y productos para el mercado y con ese importante rol exigen éstos señores del dinero ser reconocidos como tales en las leyes más importantes, como bienhechores y bienintencionados de causas justas,construyéndose de esa manera un estado con un complejo sistema institucional para protegerlos de las crisis recurrentes.

Y desde esta última versión, desde el mundo invertido, se crean las leyes y las normas de cada país en particular y del mundo en general, se arma todo un diseño institucional que se ha fortalecido en los últimos años y que está construido bajo esta lógica, que siempre hay que salvar al capital a costa de nuestro pellejo, que primero se creen instituciones que protejan al capital y después todo lo demás, que se avance en términos de derechos a la salud, educación, a la seguridad pública, al acceso a la información,derechos humanos, sí, que se avance en todo ello, pero no a costa del capital,que se avance en todo ello dentro de los límites que aseguren la reproducción del capital.

Pero la realidad es lo que es y no lo que parece ser, y eso se pone en claro cuando de la vorágine del mercado aparece el capital ficticio, capital que provoca ganancias sociales ilusorias, y digo ilusorias porque el capital ficticio no genera nada, no contribuye a la producción, ni a poner orden al mercado, sino que vive del caos generado en los mercados a través de diversos mecanismos, inflando artificialmente los precios de las materias primas, especulando con las tasas de interés, los tipos de cambio y, cuando los de arriba se dan cuenta de su caótica situación tienen la crisis encima y las grandes empresas tienden a quebrar y con ella todo el mundo. Una salida se han inventado en las últimas décadas para salvar al sistema, convertir deudas privadas en deudas públicas, salvar a las empresas, sobre todo a las grandes empresas una vez, otra vez y otra vez, hasta que a la quiebra de las empresas le sigan la quiebra de los estados.

En un estudio reciente realizado y dado a conocer por la ONU denominado “A world of dept” se señala que de 2000 a la fecha, julio de 2023, la deuda pública mundial paso de 17 billones de dólares, una cifra ya en sí misma enorme, a 92 billones, esto es, un crecimiento de 540 por ciento en apenas 23 años; una nueva crisis de deuda a escala mundial está en ciernes. No solo llama la atención la billonaria deuda sino su apabullante crecimiento exponencial.

De acuerdo con el estudio referido, 70 por ciento de esa enorme deuda se encuentra en los países desarrollados, cuyos gobiernos vieron incrementados sus pasivos cuando estalló la crisis de 2008 y de 2011 en Estados Unidos y Europa respectivamente que, para enfrentar dichas crisis, los dirigentes de esos gobiernos decidieron convertir deudas privadas en deudas públicas; había que salvar el capitalismo, había que salvar sus negocios en riesgo a costa de recursos públicos.

A estos hechos hay que sumarle la reciente crisis del COVID que hicieron que se endeudaran aún más pues había que aprovechar la crisis de sanidad para apuntalar a las empresas trasnacionales sobre todo farmacéuticas, rescatar a las grandes empresas que tuvieron que parar afectando el suministro de materiales en el comercio internacional y dar unas cuantas migajas a millones de personas para que hacer creer que se ayudó a todos, que se pensó en la población total y no solo en las grandes empresas. Pero esa enormes niveles de deuda pública muestra que se pensó sobre todo en los de arriba, nuevamente a costa de toda la población.

El otro 30 por ciento de esa deuda son de los demás países, los consideraros no desarrollados aún, que en su conjunto generan muy poca riqueza comparativamente hablando; en este grupo se señala a países como China, India, Brasil y México como los más endeudados.

En el caso de México la deuda pública se empezó a incrementar nuevamente desde la época neoliberal cuando Zedillo inauguró la política de salvar a empresas privadas con recursos públicos, ahí tenemos solo un ejemplo, el FOBAPROA, que si no fuera por los intereses ya se hubiera pagado la injusta deuda; solo un dato que refleja lo malos para la población que han sido los gobiernos neoliberales, hasta la fecha se ha pagado con recursos públicos un billón de pesos del FOBAPROA y se debe otro billón de pesos cuando la deuda inicial era de 552 mil millones de pesos, y todavía quieren regresar para seguir desfalcando al país.

La deuda pública ha sido un mecanismo que ha tenido el capital desde hace siglos para salir de sus constantes crisis, pero los niveles actuales son inusitados, ¿cuál será el nivel hasta donde podrán resistir los estados para seguir salvando el capital a costa de la humanidad? No solo se avecina una crisis económica, lo acompañara una crisis social sin precedente si no se hace nada ante esta injusticia de carácter mundial.

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