Por Juan Carlos Domínguez Vergara
La polarización política en cualquier parte y hoy por hoy, es real y se debe a la existencia de la polarización económica. El uno por ciento de la población mundial concentra más del cincuenta por ciento de la riqueza mundial y el setenta por ciento de la población mundial apenas vive con aproximadamente el cinco por ciento de la riqueza mundial[i], este dato refleja la grotesca realidad.
Al igual que a nivel mundial, en México reina una enorme desigualdad económica. Unos pocos concentran muchísima riqueza y millones se encuentran en situación de pobreza, esta situación deplorable explica la llegada al poder de un personaje como AMLO, quien prometía mejorar la situación de pobreza y desigualdad en términos económicos y prometía plantear al Congreso iniciativas de ley que crearan normas jurídicas de mayor justicia para los mexicanos hasta donde la correlación de fuerzas y la organización popular lo permitiera.
Los que demandan fin a la polarización política, deben hacerlo demandando con la misma o con más energía que termine la polarización económica. ¿De dónde tanta polarización política?, no es desde la Mañanera que, lo que más ha hecho es abrir al debate nacional un sinfín de temas de interés común; ésta conferencia matutina, liderada por el ejecutivo, refleja mucho el descontento social ante la injusticia prevaleciente y que muchos preferirían que se mantuviera oculta; en otros terrenos, la polarización política es producto de un fuerte choque entre los que desean que todo permanezca igual y los que demandan justicia social, ésta última negada por la polarización económica.
¿De dónde tanta polarización económica? Esta enorme concentración de riqueza se aceleró a partir de la década de los ochenta del siglo pasado, cuando la élite económica y sus representantes en el aparato político, ante una total ausencia de la democracia o, lo que es lo mismo, ante la oligarquía mexicana realmente existente, modificaron normas jurídicas que les permitió legalizar el despojo de recursos públicos y recursos comunes para trasladarnos a unas cuantas manos privadas en una especie de renacimiento del fenómeno de la acumulación originaria de capital.
La acumulación originaria de capital es un hecho histórico que implicó durante la revolución industrial en Europa y ha implicado aún —en otros momentos históricos y espaciales en México y el mundo—, un proceso de robos, saqueos o despojos de recursos económicos con el aval gubernamental, a través de métodos nada heroicos sino más bien deleznables como la guerra, los acuerdos cupulares, la injusticia, la corrupción, para crear y alimentar a una élite económica voraz que se expropiará, de esa manera, de la riqueza social material y utilizará a los desposeídos de esas riquezas para seguir acumulando riqueza y poder a cambio de raquíticos salarios, que solo empeoran la situación económica de los desposeídos y su descendencia, creando un círculo vicioso que perpetúan tanto el aumento de desigualdad como la pobreza ad infinitum.
El saqueo de recursos públicos que implicó implantar el neoliberalismo en México, a través de las privatizaciones y decisiones gubernamentales, sin embargo, no aparece en toda su crudeza como robo y saqueo, sino adornada como política económica necesaria para llevar a México a la modernidad y a la globalización. El mundo invertido, los saqueadores aparecen como respetables hombres de negocios y son ellos a los que menos les conviene que los asuntos públicos se ventilen y que haya debate nacional o no están de acuerdo que, desde palacio nacional o desde cualquier otro foro de mediano alcance, el presidente de la república u otros importantes personajes señalen con nombre y apellido a aquellos que durante años se han dedicado a tergiversar la realidad a conveniencia de los gobiernos en turno del periodo neoliberal y de la élite económica.
El proceso de privatizaciones que implicó la venta de puertos, aeropuertos, bancos, ferrocarriles y un desmantelamiento paulatino de PEMEX y la CFE, se tradujo en mayor injusticia en la distribución de la riqueza nacional y el fortalecimiento de una élite económica que devorada y se beneficiaba de esas privatizaciones, así se fortaleció la familia Slim, FEMSA, Alfa, Bimbo, Cemex, Bal, Maseca-Banorte, Grupo México, Soriana, Kaluz, por mencionar solo diez de los grupos económicos más fuertes. Entre los hombres más ricos generados por este proceso neoliberal en México se encuentran Carlos Slim, Germán Larrea, Ricardo Salinas, Alberto Bailleres, la señora Aramburuzavala, Antonio del Valle, Carlos Hank Rhon, entre otros. Las enormes riquezas por ellos centralizadas son algunas consecuencias concretas, pero muy concretas, de implantar unas “reglas de convivencia” a conveniencia de unos cuantos; ante esta situación, ¿qué esperanzas de abatir la desigualdad y la pobreza y que haya justicia social?, ¿qué esperanzas de disminuir la irritación social?, ¿qué esperanzas de cambiar esta realidad en el corto plazo si esa irritación social no va acompañada de consciencia de clase?
El sistema económico capitalista produce y reproduce, no solo riqueza material supercentralizada, también produce y reproduce una concepción ideológica que se ha logrado introducir en amplias capas de la población; a través de los medios masivos de comunicación, los intelectuales orgánicos y otros elementos del estado, ha reproducido una visión del mundo clasista, racista, elitista que intenta normalizar entre toda la población un aspiracionismo con un carácter marcadamente individualista a fin de evitar la concientización y la organización de masas, ya queuna sociedad donde domina el individualismo es más fácil de someter que un pueblo organizado, pues éste último puede evitar el saqueo de las arcas públicas por parte de una clase política corrupta y tendenciosa.
Con el control de los medios masivos de comunicación, no importa que los desposeídos griten sus demandas, no serán escuchados muy lejos y sus gritos pasaran inadvertidos, ante una actitud elitista de “ni los veo, ni los oigo”. Los medios masivos de comunicación, acaparados por el capital, no prestarán su altavoz para que planteen demandas populares, y si no se amplifican esas demandas, entonces se vende la idea de que el mundo, el mundo del capital, es el mejor de los mundos posibles, un mundo de libertades y de estabilidad, al que por cierto el actual inquilino de Palacio Nacional se ha atrevido a trastocar con su polarización desde la conferencia matutina.
Luchar contra la polarización económica no es sencillo, en primer lugar, se debe hacer análisis complejos y evitar análisis simplistas y eso requiere constante preparación no solo individual sino sobre todo colectiva, alimentar y elevar el nivel de debate para que la polarización política se normalice en tanto que no se acabe la polarización económica. La discusión, que tanto ha espantado a un segmento de la sociedad que estaban acostumbrados a no ser confrontados de manera abierta, debe desarrollarse y reproducirse para crear consciencia colectiva que por lo menos evite volver a una situación tan deplorable como la política neoliberal y por lo más, se logre transformar esta situación económica en beneficio de las mayorías hasta ahora desposeídas tanto de lo material como de la palabra.
Si bien, durante esta administración se ha avanzado a marchas forzadas para lograr una mejoría en una parte importante de la población olvidada, las estructuras económicas están intactas. Mientras, los analistas simplistas bienintencionados se encuentras pasmados y quietos, pues mientras unos esperaban un cambio radical por default con el gobierno de AMLO y se han desencantado, otros no esperaban tales cambios debido a que estaban conscientes del carácter de clase del mandatario, justificando así su inoperatividad y sirviendo de esa manera al status quo. Nadie puede afirmar que transformar la realidad sea tarea fácil o se debe llevar a cabo a través de algoritmos claros y trazos quirúrgicos. Debemos ser conscientesde lo que somos y lo que son las circunstancias que nos ha tocado vivir para tener una lectura objetiva de la realidad, que esa objetividad no saldrá del análisis de un individuo en lo particular, sino solo del análisis, el debate y la discusión colectiva. No de un individuo en específico, sino del individuo universal. Así que, diría el clásico, ¡animo!
[i]Phillips, Peter (2019). Mega capitalistas. La élite que domina el dinero y el mundo. Roca editorial. Barcelona.






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