Por Alfonso Ruiz Sánchez
En 2005, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, declaró la muerte del ALCA, último intento de integración económica de América promovida por los Estados Unidos, con su imborrable consigna “ALCA al carajo”; ahora, Andrés Manuel López Obrador plantea un nuevo modelo “con respeto a soberanías” que debería levantar tantas dudas como la difunta ALCA.
Ante miles de asistentes en el Estadio Mundialista de Mar del Plata, Argentina, en la Clausura de la III Cumbre de los Pueblos de América, Hugo Chávez pronunció uno de sus más recordados discursos, en el que adelantó la muerte del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), propuesta de los gringos, hecha en 1994, en la Primera Cumbre de las Américas, en la que participaron todos los países del continente, excepto Cuba.
Esta forma de “integración” proponía una especie de ampliación al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) hacia el Centro y Sur de América, así como al Caribe, con apertura económica radical en todos los sectores, incluso salud y educación, además de un margen muy pequeño de acción a los estados nacionales frente a las empresas trasnacionales.
Tras dos Cumbres de las Américas, Hugo Chávez, acompañado de Lula Da Silva, de Brasil, y Néstor Kirchner, de Argentina, desecharon ese proyecto de “integración de América” al prever, de manera precisa, lo que significaría para los pueblos: la ruina económica, el aumento de la pobreza y la desigualdad.
Chávez lo sabía bien: la integración económica con Estados Unidos y Canadá significaría el sometimiento completo y casi definitivo al imperialismo, por lo que planteó un proyecto propio, el Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA).
Ahora bien, lo que López Obrador ha propuesto en distintas ocasiones, la más reciente el pasado lunes en su reunión bilateral con el mandatario yanqui, Joe Biden, previo a la Cumbre de Líderes de América del Norte, es que exista una integración económica de todo el continente, tal cual el ALCA, pero con “respeto a las soberanías”, con el fin de crear una especie de Unión Europea y que la región pueda competir con otras, principalmente la asiática.
Entonces ¿Es posible la integración económica de todo el continente, con respeto a las soberanías, como la plantea López Obrador? ¿No es esta iniciativa de integración un ALCA “progresista”? En la naturaleza del escorpión está el picar, tal cual ocurre en la fábula del escorpión y la rana. Es la naturaleza de los Estados Unidos el NO respetar las soberanías nacionales, pues es un país imperialista que dejaría de serlo y existir como tal si “respetara” tales cosas. Lo mismo ocurre con Canadá, aunque con otra escala.
Esto es, al ser un país imperialista Estados Unidos necesita una apertura constante de mercados a donde “exportar” sus capitales, representados en las grandes transnacionales, que como bestias insaciables buscan evitar a toda costa la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. Para ello, no sólo buscan absorber o conjugarse con los capitales nacionales, sino también poder invertir en la salud y la educación, mercantilizándolos, obtener recursos naturales y fuerza de trabajo barata. Integrar todas las economías de América significaría abrir el gallinero para que el zorro pase y tome todo lo que quiera.
El colmo es que ahora no es el rey el que pide el tributo, sino el plebeyo el que exige entregarlo, pues la propuesta viene desde un país saqueado y no del saqueador. La integración de toda América sólo puede beneficiar al país que por siglos se ha dedicado a saquear a lo que ellos mismos consideran su “patio trasero”. Una integración “liberadora”, como la planteó Hugo Chávez tendría que ser únicamente entre los países saqueados, dirigidos por gobiernos “progresistas” o que se planteen salir de los límites del capitalismo.
Con López Obrador la “integración” económica avanzará bastante con su gobierno (véase el Plan Sonora), sin que esté asegurado el “respeto a la soberanía” de nuestro país. Por ello, quienes deberían cuestionarse esta propuesta de integración tendrían que ser los intelectuales, académicos, estudiantes y periodistas que se limitan a contraargumentar todo lo que la “oposición” plantea, sin mayor análisis.






Deja un comentario