“Perú vive desde hace mucho tiempo una fractura social entre lo que es Lima y lo que es la Sierra; con procesos políticos muy diferentes unos y otros. Pero aquí ese presidente elegido popularmente es de la sierra y lo tumban entre otras razones porque es de la sierra, porque es pobre”. (Gustavo Petro)
Jorge Álvarez Méndez
“El problema del indio es el problema de la tierra”, afirmación hecha por Mariátegui, resume tajantemente la matriz histórica del Perú y permite dar entrada a algunas causas sociales del golpe contra el gobierno de Pedro Castillo. Como ha demostrado la actual movilización contra el golpismo, son los pueblos originarios quienes protagonizan su restitución en el cargo constitucional.
Al actualizarse el capitalismo, la raíz comunitaria de los pueblos indígenas tiende a ser destruida para debilitar su cohesión social y extender la disponibilidad de fuerza de trabajo asalariada. Previo a ello se desarrollan relaciones serviles en el campo (gamonalismo), para permitir una incorporación del país al mercado mundial capitalista mediante exportaciones agrícolas como cacao, café o te; es decir, cultivos eminentemente comerciales.
La reforma agraria emprendida por Velasco de Alvarado en el último tercio del siglo XX intentó liquidar los remanentes de la explotación servil que sujetaba a los campesinos. El saldo se ha valorado así: “En realidad se buscaba eliminar la identidad colectiva de los indios, que se consideraba un obstáculo para la modernización del campo” (Escárzaga, Fabiola)[1]. No otro objetivo es posible en el avance del capitalismo, pero si bien este se hace dominante ello no lo convierte en omnímodo.
La venganza de la Historia incluye la revitalización de relaciones que no se extinguen totalmente. Corren como lava volcánica o son un material ígneo presto para hacer combustión social. No se pudo borrar de la faz del Perú una reivindicación histórica comunal, pero sí se le logró desarticular económicamente, mas no de la memoria histórica.
De hecho, la opresión capitalista y oligárquico-terrateniente en el campo pone en pie de lucha el movimiento armado de Sendero Luminoso, pero a la vez surgen desde el campesinado grupos que le combaten. Al avanzar el neoliberalismo, el relevo idóneo para gestionarlo fue Alberto Fujimori, camuflajeado como independiente y disruptivo, quien ya en el ejercicio del poder político-gubernamental emprende un arrasamiento contrainsurgente en lo militar contra la guerrilla, y en lo social en contra del campesinado. Todo ello es financiado y asesorado por Estados Unidos hasta en tanto les representó ya ese personaje un factor de inestabilidad política. No hubo un respiro de cohesión organizativa de los pueblos originarios, pero su situación oprimida se agudizó.
En las últimas jornadas de protesta el gobierno de facto ha decretado la inmovilización social estableciendo un estado de excepción. A diferencia del toque de queda declarado por el presidente Castillo en este caso no se acompañó convocatoria elecciones de un Congreso Constituyente como condición imprescindible para demoler el orden jurídico del fujimorismo. Un parangón del pinochetismo sin Pinochet en Chile en sus instituciones políticas.
La represión más brutal se ha dado en el departamento de Ayacucho. Hay una peculiaridad histórica clave: “A diferencia del valle y de la zona intermedia, la propiedad de la tierra es comunal y el sistema de trabajo combina el trabajo familiar y comunal bajo la forma de faena, minka y ayni”[2]. Es decir, ahí radica un límite resistente al avance de la brutal acumulación de capital.
Ahora se ha expresado la ultraderecha más acuerpada como el actual alcalde de Lima, Rafael López Aliaga: “sacar a cada maldito rojo de Latinoamérica”[3] como dijera en la cumbre de partidos extremistas realizada hace un mes en México, auspiciada por ideólogos como Steve Bannon, y acuerpa además a formaciones políticas fascistas como Vox. En franca revancha los sectores golpistas, antes confrontados electoralmente ahora embisten desde el Congreso el intento de conformar un gobierno mínimamente viable.
Es esperanzadora la respuesta del Perú profundo, para abortar a tiempo los intentos para hacerse del gobierno las fuerzas políticas de la oligarquía con signos de fascistización abierta.
[1]La elección de Pedro Castillo: polarización, racismo y “terruqueo” en las elecciones presidenciales.
https://journals.umcs.pl/al/article/view/14159/9870
[2]Las comunidades campesinas en la región de Ayacucho.https://centroderecursos.cultura.pe/sites/default/files/rb/pdf/Comunidades%20campesinas%20en%20la%20region%20AYACUCHO%20ALLPA.pdf
[3] https://www.infobae.com/america/peru/2022/11/20/lopez-aliaga-apelo-al-discurso-de-odio-en-cumbre-global-de-la-ultraderecha-hay-que-sacar-a-cada-maldito-rojo-de-latinoamerica/






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