Escrito por Ana Muñoz de la Torre Fernández

Imagino que a estas alturas todos sabemos que el #apagon de hoy no ha sido un accidente técnico, sino un ensayo de control social sobre la periferia europea. España y Portugal son zonas sacrificables para preparar el ajuste brutal que el capitalismo necesita en su fase de crisis estructural.

Apagón eléctrico total de mínimo 8 horas, caída de telecomunicaciones, aislamiento informativo. Primero cayó la energía, luego internet, y lo primero que recuperaron fue la televisión: el aparato de propaganda. ¿Casualidad? Ninguna. No hubo improvisación. Bruselas lleva meses promocionando no son preparación ante un ataque exterior. Son adoctrinamiento para que aceptemos la escasez, los recortes, la militarización de nuestras vidas y el miedo como rutina diaria.

El aumento masivo del gasto militar europeo no es para defendernos. Es para disciplinar poblaciones que ya no tendrán crecimiento ni estabilidad. Además, la UE se desangra económicamente, gracias a su bloqueo a Rusia y a las ingentes cantidades de dinero y armas que se han destinado al Gobierno nazi de Zelensky. Por eso necesita insuflar dinero a sus empresas armamentísticas de manera rápida para sostener parte de su estructura productiva. Lo único que nos ofrecerán es miedo, propaganda, represión selectiva y pobreza progresiva

La exclusión de Grecia en este apagón no fue casual. Geográficamente no cuadraba en el relato de «fallo técnico en el sur de la UE». El objetivo era claro: golpear zonas periféricas económicamente débiles para testear el aguante social.

Esto es solo la primera fase. Después vendrá una normalización temporal para adormecer, luego vendrán los recortes duros justificados por «emergencias», y más adelante la represión quirúrgica de quienes no acepten la narrativa oficial.

El enemigo no está en Moscú. Está en Bruselas, en Berlín, en Washington, en nuestras oligarquías locales. El capitalismo europeo no puede sostener su ficción democrática y de bienestar. Sólo puede sostener su dominio mediante el miedo

No es Putin quien amenaza a los pueblos de Europa. Son nuestros propios gobiernos, en alianza con los intereses financieros, quienes nos conducen hacia el colapso y la barbarie.

Nuestra respuesta sólo puede ser organización material de base, solidaridad real entre iguales, creación de redes humanas que no dependan de las estructuras capitalistas. Redes humanas físicas y reales. Pensamiento crítico, acción comunitaria, ruptura de la obediencia ciega.

No vamos a ser carne de cañón. No vamos a ser masa obediente para su nuevo orden basado en la escasez y el miedo. Todavía estamos a tiempo de construir algo diferente. Depende de que no dejemos que anestesien nuestro pensamiento ni nuestro coraje. Hoy lo he visto. He salido a la calle cuando he visto que estábamos completamente incomunicados y me he bajado a una cafetería del barrio.

Allí he conocido a una chica peruana y a un chico colombiano y hemos pasado la tarde juntos. Estaban receptivos porque no tenían tele, no tenían ruido, no podían comunicarse con sus familias. Y algunos de ellos percibían que esto no era un hecho aislado, ni una anécdota, sino un cambio de orden mundial que afecta al Capitalismo porque está a punto de colapsar (de hecho ya lo está haciendo). A lo mejor no podían explicarlo con palabras materialistas o desde una óptica marxista. Pero lo sabían. Quizás la gente no esté idiotizada, quizás sólo están dormidos. Pero siguen pensando y preguntándose cosas en cuanto dejan de tener ruido tóxico en sus pantallas de tv. Hay una esperanza.

Cuando esas condiciones materiales se den: hambre, cortes de energía, desabastecimiento, recortes, subidas brutales en la factura de suministros… Abrirán los ojos y saldrán a la calle. Y nosotros tenemos que estar organizados para ese momento para poder ser su vanguardia. Con humanidad, trabajo de formación y solidaridad. Es la única manera posible de cambiar el sentido de la Historia.

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